150 años de historia
LA TÉCNICA
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GRUPO CORREO-VOCENTO
  1987-1996
  1997-2006
 
 
Grupo Correo-Vocento
 
  Un paseo por la década
 
CONTENIDO
  Los ITEK
  La revolución de la manzana
  Internet
  Ampliaciones
Nueva imagen. Los terminales empiezan a funcionar mientras que los más veteranos se aferran a la máquina de escribir.
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Los itek
Antonio g. Encinas
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En 1983, unos terminales con pantalla de fósforo verde sustituyeron a las máquinas de escribir; fueron artilugios que agilizaban la composición y constituyeron el preludio de la ‘era Mac’
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LA TÉCNICA

Sistema duradero
El ITEK funcionó desde 1977 hasta 1989, aunque en El Norte entró en 1983 y fue sustituido en 1991.

En conjunto
Durante un año convivió con el Mac.

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Los predecesores de los Macintosh fueron los ITEK, unas máquinas equipadas con pantallas de fósforo verde que lograban el milagro de justificar las líneas y de indicar qué espacio ocupaba el texto que se estaba tecleando. Eso sí, «en cíceros», como recuerda Kote Istúriz, maquetista. El sistema, visto así, suponía un avance tremendo respecto a lo anterior, porque el redactor podía ver cuánto ocupaba lo que estaba escribiendo. «Había una máscara en la parte superior del monitor en la que decías a cuántas columnas ibas a escribir el texto. Si era un titular, por ejemplo, a tres columnas, dos líneas y a un cuerpo determinado, te decía si cabía o no. Y cambiabas, o modificabas un poco el cuerpo, hasta que entraba en ese espacio», explica Istúriz.
Lo mismo sucedía con el texto. Se conocía el espacio del que se disponía, lo que ocurre es que las líneas de texto iban acompañadas de una serie de códigos que los redactores acabaron por conocer de memoria. Instrucciones del estilo de «*p40iftr», como recuerda José Cuenca, hoy maquetista del periódico. «Todos los códigos tenían que empezar por asterisco, si no, no funcionaba. Y se cerraba con otro asterisco», explica. La clave respondía, en realidad, a una serie de parámetros muy sencillos. «La ‘p’ era para el cuerpo, y se indicaba a continuación –p40, por ejemplo–. Después se decía si era alineado a la izquierda, ‘i’, o a la derecha, ‘d’, o justificado. Después, la ‘f’ antecedía a la fuente que se iba a usar, en este caso la Times Roman, ‘tr’».
Si alguien se olvidaba de cerrar el código con un asterisco podía ocurrir, y de hecho así era, que un texto se compusiera con el cuerpo y la fuente del titular, o viceversa. Lo que obligaba a revisar todos los códigos hasta encontrar el error. Algo similar a lo que ocurre hoy en día con las páginas web programadas en lenguaje html, por ejemplo. Cuando se empieza un párrafo se coloca antes un <p>. Cuando se termina, se cierra con </p>. Si se omite este último símbolo, todo lo que quede a continuación de la <p> tendrá el mismo estilo. Había más códigos que lo complicaban un poquito más aún. «*b6*» significaba que había que dejar un espacio en blanco de seis cíceros. Y si después de un código se añadía una «i1.5» («*p8,5iftr*i1.5»), significaba que el interlineado era de espacio y medio.

Esquelas indescifrables
Para los redactores, este sistema supuso tener que adaptarse a una tecnología por entonces revolucionaria. La adaptación, eso sí, fue gradual. «Al principio solo había terminales en talleres. Se escribían los textos a máquina y se daban a ‘picar’ al taller. Luego se pusieron en la redacción», explica José Cuenca. En los talleres había diez ITEK cuando en la redacción todavía no se habían estrenado.
Desde que el periódico empieza a publicar esquelas –1860–, esta ha sido una sección que siempre ha obligado a los talleres a un esfuerzo adicional. Cuando se componían a mano, porque los cajistas cobraban por líneas y eso les suponía ganar menos. Y en los ochenta, en plena era de la informática, porque componer una esquela obligaba a llenar la página de códigos. «Las esquelas estaban llenas de códigos y con muy poquito texto», señala Cuenca. Había que poner, por tanto, el doble de atención que al redactar cualquier noticia, ya que los cambios de cuerpo, de fuente y de interlineado eran constantes.
El Norte de Castilla no fue el único que contó con este sistema, que funcionó durante casi ocho años, desde 1983 hasta que apareció en escena el primer Mac. Los ITEK estaban ya presentes en 1977, y se distribuyeron en España hasta 1989. ‘El Correo’ comenzó a utilizarlos en el año 1982, y ‘El Diario Vasco’, en 1983. José María Cillero entró en El Norte de Castilla casi al mismo tiempo que el ITEK, y recuerda que «en ‘Lou Grant’ –mítica serie televisiva de los ochenta sobre periodistas– también utilizaban el ITEK».
La diferencia con los ordenadores actuales se apreciaba a simple vista. Entonces no había ratón, puesto que las pantallas no eran más que terminales conectadas a un servidor central, en las que la única función que podía realizarse era la de escribir. Tampoco había un ‘software’ que se mejorara año a año, sino que fue un mismo programa desde que se instaló hasta que se retiró. Incluso el teclado era más duro y más pesado que los de hoy en día. En lo que no cambiaban, según explica Cillero, era en su habilidad para quedarse ‘colgados’. «El momento más delicado era cuando le dabas a la tecla de componer para comprobar cuánto llevabas escrito. En ese momento de ponerse a pensar se colgaba. Y si no lo habías guardado previamente, se perdía todo lo que hubieras escrito».
Los teletipos de las agencias se podían leer sobre la pantalla, pero al principio costó que los periodistas más veteranos se hicieran con el funcionamiento de estas máquinas. «El teletipo salía en papel y los conserjes iban al cuartito donde estaban instalados, los cortaban y los repartían por las diferentes secciones. Con el ITEK luego se buscaban en el ordenador, menos José Luis Lera, que los cogía y los pegaba con goma arábiga sobre cuartillas. En la primera ponía a mano el titular y el subtítulo, y lo que más me sorprendía era que casi siempre los cuadraba», comenta Cillero.
Otros se valían de la picaresca para evitar cortar o alargar texto. «Sabías que tenías cuarenta cíceros y te daba que habías hecho 41. Y lo dejabas para que lo arreglara el de cierre. Hasta que hice cierre un mes, y venía Zósimo –entonces responsable de fotocomposición– y decía ‘esto se sale, Chema’», explica.

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1. SE/30 mac plus. Mac Plus que entró en El Norte de Castilla. Fue a parar a la sección de Infografía, y permitió tener más agilidad a la hora de hacer los gráficos.
2. LCII. Suplió a los Classic, muy similares. Con una pantalla aún muy pequeña, desembarcó en la redacción del periódico en torno al año 1992.
3. IICI. Fue el primer servidor de redacción, con una capacidad de 80 megas de disco duro. Solo recibía textos de agencias y ocupaba muy poco.
4. 4400. Fue el más utilizado en la redacción y en talleres. Tenía ya lector de cedé, era muy rápido y bastante fiable, apenas daba problemas de disco duro.
5. Centris. Es una evolución del anterior, más rápido en cuanto a proceso y con una mayor calidad de vídeo. Convivió con el anterior e incluso con los posteriores G3.
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6. Quadra 800. Se utilizó como servidor en las delegaciones, y se adquirió un Quadra de gama alta para trabajar con infografía. Podía tener unidad de cederrón.
7. G3. Fue el gran salto. Comienzan a albergar discos duros de varios gigas de capacidad y puede tener incluso unidad de DVD. La de cedé ya viene de serie.
8. Imac. Dieron un buen rendimiento, toda la redacción contaba con uno, incluía cedé, mayores discos duros y se utilizó hasta que cambió el sistema operativo.
9. Imac G4 y G5.
Utilizados, con pantalla de 20 pulgadas panorámica, en el departamento de diseño sobre todo. No se aplicaron en el resto de la redacción.
10. Mac mini. Son los actuales, con grabador de cedé y DVD, memoria RAM de 1 giga y disco duro de 80. Se acompañan de pantallas planas de LCD de 17 pulgadas.

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La revolución de la manzana
Antonio g. Encinas
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La llegada de la informática cambia el modo de confeccionar y de entender el periódico; desde la sección de infografía, que comienza a trabajar con el Macintosh en 1991, hasta la de documentación, que pasa de archivar las fotos en papel o en carpetas de negativos a hacerlo en discos cada vez más reducidos y con mayor capacidad. Y eso que la revolución aún no ha llegado a su fin. La tecnología seguirá marcando el futuro de los medios
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LA TÉCNICA

Capacidad
En el año 1995 un periódico se hacía con unos 500 megas de información, incluidas las fotografías.
Ahora se utilizan cerca de 200 gigas diarios de información para confeccionar cada número de El Norte de Castilla.

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En 1991 aterriza en la redacción de la calle de Duque de la Victoria el primer Macintosh. En aquel entonces resultaba difícil calibrar las consecuencias que tendría sobre la redacción y, más importante aun, sobre los talleres. Una revolución que dejaba pequeña la que supuso la llegada de la linotipia sobre la composición manual. Pedro Guerra, dibujante e infógrafo del periódico, fue el primero en pasar por la experiencia de trabajar con aquel diminuto Macintosh. «Hasta ese momento mandaba a picar los textos que acompañaban al gráfico, «España», «Índice de paro», «Provincias», etcétera, los componían y luego yo los recortaba y los pegaba sobre el dibujo», recuerda. «Pasé a poder dibujar una imagen y poder poner los textos, lo que era muy importante. Tuve que aprender a manejar un teclado porque no sabía escribir a máquina». Y todo con un cursillo de preparación de cuatro días.
Las limitaciones de aquel primer Mac eran enormes. Además de contar con una pantalla minúscula, «cualquier dibujo que pasara de 10 o 20 KB bloqueaba las filmadoras». Lo que daba lugar a frases tan curiosas como: «Es que las Canarias pesan 70 KB, y eso es imposible». Otra frase gloriosa fue la que acuñó por entonces José Luis Lera, «si lo escrito quieres guardar, ‘Manzana S’ has de dar». Y es que las bombas, los ‘cuelgues’ y las páginas perdidas eran el nuevo peligro para los redactores.
Era el año 1991, y tras aquel Mac todo cambió. «Sabíamos que era importante, pero no se podía prever el cambio que se avecinaba», señala Pedro Guerra. Aparecieron enseguida unos personajes nuevos, los técnicos informáticos. Los cuatro actuales conocen bien aquellos inicios de la informática en la redacción. Isaac e Iván entraron en 1992; Miguel Crespo, actual director técnico, en 1993; y José Antonio, en 1996. Iván ha sido el encargado, por iniciativa propia, de guardar celosamente cada máquina que se quedaba atrás. Más de una decena en apenas 15 años, algunas de ellas simplemente ligeras variaciones sobre su predecesora. En su ‘museo’ hay varios Classic (I y II), un LCII –«aunque también hubo algún LCI», recuerda–, un 4400, «más parecido a un PC», un Centris,un IIFx,un IIci, un Quadra 800, un G3, un Imac, otro Imac II y los actuales, los Mini Mac, acompañados de pantallas planas de TFT. Prácticamente, la historia reciente de Apple.
No todas tenían los mismos usos. «Los redactores comenzaron a trabajar con los LC, y algunos, en la sección de cierre, tenían pantalla grande para poder revisar las páginas mejor», explica Iván Hernández. Las páginas ya se hacían en QuarkXPress, la misma herramienta que se maneja hoy, lo que permitía un gran avance sobre lo que se hacía hasta el momento en los terminales de fósforo verde. «A partir de entonces se veía el texto tal y como iba a salir publicado. En los terminales el texto aparecía salpicado de códigos», señala José Antonio. Las páginas ‘pesaban’ entonces 12 o 13 KB, y los discos duros tenían una capacidad de entre 20 y 40 megas. «Aun así, a algunos se les llenaba porque tenían almacenadas páginas de varios años y hoy en día una simple foto te puede llenar esos discos duros», cuenta Iván. En la actualidad, una página que solo contenga texto pesa unos 64 KB, y si se incluyen las fotos, cerca de 400 KB, más si contiene muchas imágenes.
En talleres también trataban de tener equipos modernos. Necesarios, sobre todo, para poder tratar la publicidad. «Tenían los IIFX, que eran como los IICI pero más anchos y con pantalla grande, porque eran los que picaban los textos para hacer los anuncios y demás», señala Iván. De la capacidad de esas máquinas se puede hacer una idea si se tiene en cuenta que un IICI actuó como servidor de redacción en su tiempo, con 80 megas de disco duro y 256 megas de memoria RAM. Los FX incorporaron un accesorio muy curioso, que convirtió el paisaje de la redacción en algo de ciencia ficción. Se acompañaron de unas pantallas alargadas que permitían contemplar la página en tamaño real, A3, con lo que la maquetación se simplificaba muchísimo. El
avance de la informática fue tan vertiginoso dentro del periódico como fuera, en el resto del mundo. Apareció el Quadra 900, que hizo de servidor con 200 megas de disco duro y 1 mega de memoria RAM, infinitamente más rápido que el IIci. Y se multiplicaron los ordenadores. En 1995 había en la sala de procesos, desde donde se controlaba todo, unos diez ordenadores. Ahora, el ampliado ‘cuarto de los técnicos’ está abarrotado de máquinas, y una habitación más en la planta de arriba alberga un enorme armario con otros 19 ordenadores apilados, algunos con dos procesadores, que son los servidores donde está toda la información y se ejecutan todos los procesos para confeccionar el periódico. Junto a ellos, una cabina de almacenamiento con 28 discos duros de entre 36 y 72 gigas cada uno.

 

Redacción portátil
Los periódicos han conseguido algo que asombraría a los trabajadores de El Norte de Castilla de hace 150 años, que la redacción sea portátil. No hace falta estar en el mismo edificio, ni en la misma ciudad, ni siquiera en el mismo país que el resto del periódico para conseguir que las páginas salgan publicadas en apenas unas horas. Un móvil y un portátil son ahora el único equipaje que un redactor necesita para poder tener el periódico en sus manos. Literalmente, porque en los actuales ordenadores portátiles se puede diseñar páginas, guardar cerca de mil maquetas predefinidas, acceder a Internet vía Wifi o con tarjetas 3G, que arrojan una velocidad similar al ADSL, o retocar las fotos que van a utilizarse para ilustrar la información.
En esto también hubo precursores. Los fotógrafos han sido siempre los pioneros a la hora de probar los artilugios novedosos que aterrizaban en la redacción. Uno de sus primeros compañeros de viaje fue un Powerbook 170 de Apple, con una pantalla de 9,8 pulgadas en blanco y negro y con una bola situada bajo el teclado a modo de ratón. Contaban con unidad de disquete de 3,5 pulgadas y conexión a la línea telefónica. Tan solo disponían de 4 megas de memoria RAM y un disco duro de entre 40 y 80 megas, según el modelo. Cuando salió al mercado, en 1991, costaba, al cambio actual, 3.600 euros.
El paso siguiente fue drástico. El periódico adquirió varios modelos del G3 400, ya equipado con lector de cedé y, en algunos casos más recientes, de DVD. Tenía desde 64 megas de RAM y 4 gigas de disco duro. La pantalla era mucho mayor, de 14 pulgadas, y en color, y su peso era menor.
Los ‘ibook’ actuales tienen unidades grabadoras de cedé y DVD, pesan casi 2,5 kilos y conectan a Internet de alta velocidad sin cables o a través de una tarjeta 3G.

 

Documentación
Una sección en la que se ha notado de un modo particular el avance tecnológico es la de documentación. No hace muchos años, en los primeros noventa, el archivo fotográfico de papel era aún el lugar al que se debía acudir obligatoriamente para encontrar aquel ‘careto’ –en argot periodístico– de un concejal, o aquella jugada del partido del Real Valladolid por la que fue expulsado Fernando Hierro. El proceso era lento, y aun lo era más buscar un texto anterior en la hemeroteca de papel. Quizá por eso, las informaciones de cada redactor se acumulaban en inmensas pilas de folios impresos, más fáciles de consultar que los tomos encuadernados.
La sección de documentación como se entiende hoy en día surgió casi con la informática, en el año 1990. Hasta ese momento, cada cual archivaba sus cosas como podía. El caso más curioso era el del fotógrafo Patricio Cacho, que apuntaba en unos cuadernos cada día las fotos que había hecho y en que rollo de película estaban. Esos rollos los iba guardando, a su vez, en las cajas vacías de papel fotográfico. Desde el año 1990 se comenzaron a guardar todos los negativos en álbumes, mientras que las fotos seleccionadas para publicarse y unas cuantas más se almacenaban informáticamente. Entre 1990 y 2001, cuando comienza la verdadera ‘era digital’, se completaron 116 carpetas de negativos.
Con la llegada del programa ‘Phrasea’ se comienzan a archivar las imágenes en unos disquetes de tamaño descomunal que se leían por los dos lados, y que tenían una capacidad de 6 gigas. «Se estropeaban muchísimo, se gastaron unos ocho, aunque solo se utilizaban dos, y nunca llegaban a llenarse porque se averiaban antes», recuerda María Ángeles Merino, de Documentación. Esos ‘superdisquetes’ tan solo funcionaron tres años. Después, las fotos escaneadas comenzaron a guardarse en un servidor.
Almacenamiento delicado
El Phrasea, pese a ser un adelanto, también tuvo sus inconvenientes. Al poco de instalarse se averió la base de datos con todas las fotos almacenadas. Se habían corrompido los índices, y los de la copia de seguridad también estaban corruptos. Algún defecto de la aplicación los estropeaba y provocaba que no se encontraran fotos que estaban almacenadas, o que algunas imágenes salieran con otro nombre. Miguel Crespo, hoy director técnico, tuvo que salir en avión hacia París, sede de la compañía responsable del programa, para que recuperaran las bases de datos. La misión salió bien, afortunadamente, y a los dos días aterrizó en Valladolid con las fotos sanas y salvas.
Desde el año 2001, cuando la fotografía digital desembarcó en El Norte para quedarse definitivamente, las imágenes empezaron a guardarse en cedé. Dos o tres días de trabajo de los fotógrafos del periódico daban para llenar un cedé. «Salvo en San Mateo, cuando un solo día da para dos o tres», matiza Merino. La capacidad varía, puesto que las cámaras han mejorado paulatinamente y han conseguido que las fotos ‘pesen’ más. Así, un cedé podía albergar unas setecientas fotos comprimidas en el año 2004.
En septiembre del 2005 comenzó a utilizarse el DVD. Sin embargo, la capacidad alcanza las 1.400 fotos sin comprimir, aproximadamente. Y es que antes una imagen lograda con una cámara digital, sin tratar, ‘pesaba’ unos 800 KB. Ahora rebasan los cuatro megas. Más resolución, más peso y menos imágenes de las que se podía esperar en mucho más espacio.

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los ratones. Desde el primer ratón de Macintosh hasta el actual.
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internet
Antonio g. Encinas
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La Red desembarca, primero tímidamente y después como un maremoto que todo lo trastoca, y cambia desde la forma en que se establece la redacción hasta su comunicación con el resto del mundo
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Una nueva palabra tomó al asalto los departamentos técnicos en cuanto los ordenadores irrumpieron en la redacción: Red. Primero, la que une todos los terminales del periódico y después, en un avance inconmensurable, la red de redes, Internet. La posibilidad de conectar entre sí todos los ordenadores permitía acelerar el tratamiento de la información, pero también obligaba a resolver algunas cuestiones técnicas. La primera era, simplemente, tirar cable. En las ya vetustas oficinas de la calle Duque de la Victoria había que circunvalar paredes, subir una planta para poder conectar a la aislada sección de Deportes y enlazar decenas de tramos de cable coaxial a base de uniones en forma de ‘T’. Entonces no existían los cables de red actuales, los RJ-45 trenzados, sino que la conexión se hizo, en primer lugar, con cables telefónicos unidos por bifurcadores. Después llegó el cable coaxial, como el de la antena del televisor. Ofrecía mayor calidad y rapidez en la conexión, aunque debía asegurarse muy bien para evitar que se soltaran y que las agencias, por ejemplo, se ‘cayeran’. Es decir, que dejaran de aparecer en la pantalla.

 

LA TÉCNICA

Banda estrecha
La red inicial del periódico apenas alcanzaba velocidades de 400 kilobytes.

Banda ancha
La llegada del ADSL disparó la velocidad de la conexión a Internet en el periódico, y el UMTS ha permitido hacer lo mismo trabajando a distancia con un portátil.

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Velocidad en aumento
Hoy, la Red es un elemento imprescindible en el quehacer diario del periódico, y cualquier incidencia en las líneas supone un grave trastorno. Por un lado, conecta cada una de las tres delegaciones –Zamora, Palencia y Segovia– con la sede central. Por otro, permite la comunicación entre cada parte del periódico. Y por último, Internet cobra protagonismo con la creación de nortecastilla.es y pasa a ser una fuente más y, al mismo tiempo, un medio propio.
El avance ha sido drástico. En 1993 tan solo había Internet en el departamento técnico, y se accedía a la red de redes a través de un módem de 56 K. Ahora, no hay terminal que se precie sin una buena conexión. Para que los redactores puedan acceder a Internet se utilizan dos línea con capacidades de descarga de 8 y 4 megas, respectivamente. También hay una red corporativa con una velocidad de bajada de 10 megas. Además, cada una de las delegaciones tiene acceso mediante una ADSL con 4 megas de bajada para poder navegar sin dificultades, además de otra para comunicarse con Valladolid.
Internet ha conseguido dotar de autonomía a los redactores y a los fotógrafos, una tendencia que va a más y que, si fuera necesario, permitiría confeccionar un periódico entero sin pisar la redacción. Los primeros portátiles se conectaban a través de la línea telefónica, gracias al módem incorporado, y el proceso era muy lento. Además, había que tener en cuenta si las líneas por las que se conectaban –fundamentalmente desde los hoteles– pertenecían a una centralita, o si el tono se obtenía por pulsos, por ejemplo. Las conexiones se interrumpían con facilidad, y enviar una foto resultaba muy lento.
La llegada de los móviles permitió dar un paso más. Ya no era necesario tener a mano una línea de teléfono fija y la conexión era más segura, solo había que cerciorarse de que había cobertura suficiente. Sin embargo, conectarse a través de una red GSM apenas permitía una velocidad teórica de 9.600 bits por segundo, que en la práctica, para enviar textos o imágenes, rara vez superaba los 2.500 bps.
La telefonía móvil de tercera generación, o UMTS, ha aumentado las posibilidades. Aunque la navegación por Internet a través del móvil aún se encuentra en una fase inicial, enviar páginas se ha simplificado muchísimo. Unas tarjetas incorporadas al ordenador portátil permiten trabajar con conexiones similares al ADSL y, próximamente, superiores. La guerra de las marcas de telefonía por ofrecer nuevos y más potentes servicios ha hecho que la tecnología avance exponencialmente. Ver la televisión a través del móvil con alta calidad es ya una realidad en países como Japón, y la expansión de las redes Wifi permite acceder cada vez en más lugares a Internet de banda ancha, con lo que el envío de páginas o imágenes se ha convertido en algo sencillo y rápido.
El progreso, en tanto, se ha cobrado sus víctimas. En el caso de Internet, la gran red ha amenazado la supervivencia de muchos objetos que ya eran clásicos en las redacciones. El fax recibe ahora muchísimos menos encargos que antaño, mientras crece a su alrededor el uso generalizado del correo electrónico.
El Norte de Castilla mantiene aún dos faxes en la redacción, aunque cada vez son menos las notas de prensa y comunicados que llegan por esa vía. El futuro no es nada halagüeño para ellos, sobre todo porque la gran mayoría de los usuarios eran gabinetes de prensa que hoy utilizan el ‘e-mail’ para abaratar costes y, de paso, asegurarse de que sus envíos llegan sin incidencias.
Internet es ahora una realidad incontestable que además obliga al periódico a amoldarse a sus normas y a sus modos de producción. Crear nortecastilla.es, canales propios en la web, o géneros como los blogs o los videochats ha sido solo el principio. Todo ello acompañado por una red aún más amplia que comunica entre sí todos los diarios de Vocento, grupo editor de El Norte, y que permite que las informaciones, las fotos, incluso las páginas completas y, en un futuro, las imágenes o el audio puedan servir para dar el siguiente paso en la evolución de la prensa escrita, ya sea en papel o en la pantalla.

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ampliaciones
Antonio g. Encinas
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La Harris aumenta con tres cuerpos más durante su ya larga estancia en el periódico, y además se ve rodeada por otras máquinas modernas, como encartadoras o plastificadoras
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  Gráfico en Pdf

 

La historia de una rotativa suele abarcar varios lustros, e incluso décadas. Eso, en una época de avances tecnológicos continuos, como la actual, hace que el aspecto de la Harris que hoy presta servicio en El Norte sea radicalmente diferente del que tenía la que llegó a la nave del polígono de Argales en 1984. Aquellos cinco grupos de impresión se han convertido hoy en una ristra de ocho, muchos de sus procesos se han mecanizado, y a su alrededor han surgido máquinas que en los años ochenta no existían.
La primera ampliación no tardó demasiado en llegar. El interés por empezar a utilizar color en las páginas y el hecho de vivir una época en la que el papel era abundante hicieron que en 1988 se incorporara un nuevo grupo de impresión. Después hubo que esperar a la década de los noventa para ver dos nuevas adquisiciones. En 1993 se compró un grupo de impresión más, y el 10 de octubre de 1997 se añadió otro. Este último tiene una peculiaridad, y es que El Norte de Castilla se hizo con él de segunda mano, procedente de una empresa holandesa. En realidad, el cuerpo que más tardíamente se incorporó a la rotativa era más antiguo que los de las dos ampliaciones anteriores, puesto que se fabricó en 1987.
La Harris ha crecido en capacidad y además se ha modernizado a lo largo de estos 22 años. En 1992, por ejemplo, se automatizaron los portabobinas, que hasta ese momento eran manuales. Recientemente ha visto cómo otras máquinas completaban sus servicios. Así, una ‘embuchadora’ ha venido desde el 1 de enero a mejorar la atención que se presta a los suscriptores. El periódico queda envuelto herméticamente en una bolsa de plástico hecha a medida y de ese modo está a salvo de chaparrones inoportunos o de rasguños. Este invento, aparentemente sencillo, implica utilizar durante un año unas 580 bobinas de plástico, cada una de ellas de 2.100 metros de longitud. Al cabo del año, la máquina habrá plastificado más de 2,5 millones de ejemplares. Una impresora de inyección directa y un programa de ordenador permiten que cada ejemplar plastificado salga ya con su destinatario impreso.
También se han modernizado los marcadores, que sirven para hacer encartes. Desde 1990 hasta el 2000 se hicieron con una máquina, pero en agosto del año 2000 se adquirió una Newsliner que permite hacer cuatro encartes en formato periódico, uno con alimentación automática y tres con alimentación manual. Además, otro marcador permite introducir un encarte más con un formato, como máximo, del tamaño de una cuartilla aproximadamente.

 

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