
| «El Norte desarrolló
un decisivo papel en
la difusión de
las ideas liberales,
luchó con músculo
de acero contra las
distintas censuras,
soportó silencios,
creó opinión» |
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Nacer en 1856, en la tierra donde
murió Colón, y llegar
a 2006 con el mismo e inalienable
compromiso de servir a sus lectores
es una proeza que solo está
al alcance de las organizaciones
que, además de superar los
achaques lógicos en tantos
años, obran cada día
desde la firme convicción
de ser padres de su propio porvenir.
Más de 57.500 números
que acreditan una despensa de valores
inagotables y una capacidad admirable
para querer y ser querido.
El Norte de Castilla, alumbrado
en los pañales de la Constitución
non nata, es el ejemplo vivo y robusto
de un diario escrito a orillas del
Pisuerga, en cuya hemeroteca se
condensan y explican largos y detallados
capítulos de la siempre agitada
historia de España. Nació
a escasos metros de la crisis de
aquellos 60, en una época
de periódicos para minorías,
y soldó su estructura de
hierro en el marco de las libertades,
hasta entonces sin precedentes,
que estableció la Carta Marga
de 1869. A la proa de una comunidad
crisol de culturas y defensor en
todo tiempo del medio rural castellano.
Desde entonces, superó todos
los obstáculos, que fueron
muchos. Desarrolló un decisivo
papel en la difusión de las
ideas liberales, luchó con
músculo de acero contra las
distintas censuras, soportó
silencios, creó opinión,
llegó a todas las capas sociales…
y ahí sigue, como un icono
bizantino adherido para siempre
al paisaje; oídos, ojos y
boca de una sociedad recia que bien
puede también presumir de
periódico.
Y, en su innata humildad, puede
presumir El Norte de Castilla, ufanarse
de cumplir durante 150 años
con el sagrado deber de informar
desde la tantas veces onerosa independencia
y con plena lealtad a sus principios
editoriales, hoy desde el amplio
manto de Vocento. Y preciarse de
haber acogido en sus páginas
la huella indeleble de plumas como
Francisco Umbral, José Luis
Martín Descalzo, Manuel Leguineche,
Javier Pérez Pellón…
o, más aún, de insignes
hombres de letras que durante una
etapa de su vida compaginaron su
excelsa tarea literaria con la dirección
del rotativo vallisoletano: José
Jiménez Lozano y, anteriormente,
mi admirado y eterno Miguel Delibes.
Esa suerte de directores escritores
que, como alguien atestiguó,
son capaces de escribir cosas que
se leen varias veces en un periódico
que solo se lee una vez.
Lo dijo el filósofo británico
Francis Bacon: «Vieja madera
para arder, viejo vino para beber,
viejos amigos en quien confiar y
viejos autores para leer».
Y viejos diarios tan jóvenes
como El Norte de Castilla, al que
es un honor servir desde la Agencia
Colpisa. Enhorabuena y más
larga vida. |