150 años de noticias
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  «Estados Unidos»
  «¡Viva la libertad!»
  «Abdicación de don Amadeo»
  «La muerte del rey»
  «Voladura del Maine»
  «La capitulación de Santiago»
  «Nuevo reinado»
  «Atentado anarquista contra los reyes»
  «Asesinato del archiduque heredero de Austria y su esposa»
  «El Estado reconstruirá el edificio»
  «El general Primo de Rivera, con otros generales, se levanta contra el Gobierno»
  «El Rey transmite sus poderes y en toda España queda proclamada la República»
  «Desbordamiento del río Esgueva»
  «Una subversión militar se extiende desde nuestro Protectorado»
  «El general Franco tomó ayer posesión de la jefatura del Gobierno»
  «La guerra ha terminado»
  «Inglaterra y Francia declararon el domingo la guerra a Alemania»
  «Ha comenzado la invasión»
  «Hitler cayó ayer en su puesto de mando»
  «La Guerra Mundial ha terminado»
  «La explosión de ayer en el Pinar de Antequera»
  «Armstrong y Aldrin viajan ya de retorno a la Tierra»
  «Diez muertos y treinta y dos heridos en el incendio de la factoría Montaje 2 de Fasa-Renault»
  «Franco será inhumado el domingo en el Valle de los Caídos»
  «Juan Carlos I,
Rey de España»
  «Sí a la Constitución»
  «El Rey pide serenidad y confianza»
  «Alegría desbordante en Berlín por la apertura del Muro»
  «Ha estallado
la guerra»
  «Los ojos del mundo, en Barcelona 92»
  «España recibe con alborozo el nacimiento de la Infanta leonor»
 
 
150 años de noticias
El entusiasmo habita en la redacción de El Norte de Castilla el día en el que, después de no pocos escarceos con la censura, finalmente proclama el triunfo de La Gloriosa, el fin de la monarquía borbónica y la instauración de la república.
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«¡Viva la libertad!»
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01|10|1868 Proclamación de la 1 República española
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La Redacción Valladolid. jueves, 1
«La revolución, enérgica y patrióticamente iniciada en Cádiz, ha triunfado en toda la Península.
Los últimos enemigos de la Libertad patria, los que al lado del antiguo desorden de cosas proclamaban con la hipocresía de los villanos el bien del país, es decir, el suyo propio, la camarilla infame que rodeaba el trono de la que «por los liberales fue reina», todos han huido temiendo la justa indignación del pueblo que, generoso siempre, no pide venganza en estos momentos solemnes, aun cuando no renuncia a que se juzgue a los tiranos, sea cualquiera su clase y categoría, con la severidad propia de las leyes que para ellos habrá de crear la revolución.
La sangre derramada por los secuaces del absolutismo en los últimos instantes de la ominosa dominación no se venga con sangre; el desprecio que aquellos inspiran al pueblo entero liberal es su castigo; el olvido de sus infusas tramas es la conducta que sirve de respuesta a la suya porque hoy España piensa solo en su constitución definitiva y fija la vista en el porvenir, no puede ni quiere ver el pasado, sobre el cual pronunciará su fallo el tribunal de la opinión debidamente constituido y más tarde la historia.
No tenemos fuerzas para llevar al papel el sublime pensamiento que nos embriaga y la sensación que domina nuestro ánimo; acabamos de presenciar un espectáculo grande y su recuerdo nos hace sentir lo que no puede expresarse, lo que sienten todos los corazones liberales. Decíase por los calumniadores de la revolución que ella era el símbolo de todos los desórdenes, el triunfo de los escándalos, que la tea incendiaria se aprestaba, que el pillaje y el robo iban a entronizarse, que la revolución en fin era el pretexto de todos los crímenes. ¡Mientes vil canalla!: la revolución viene a regenerar el pueblo; a levantar sobre los escombros de su trono tinto en sangre liberal, embadurnado por los vicios, el saludable imperio de la Justicia, el premio del trabajo hasta hoy escarnecido, la moral como lema de la administración pública, el orden en medio de la libertad.
Así es que el pueblo de Valladolid, fraternizando con los oficiales y soldados de la guarnición que ha sabido responder al llamamiento de la Patria, pulula por las calles entregado al júbilo más espontáneo sin que haya habido que lamentar desgracias ni desórdenes.
Este es el proceder de la revolución; sigamos en el mismo camino e inspirémonos todos en el grito de ¡Viva la Libertad! ¡Vivan las futuras Cortes Constituyentes! ¡Abajo para siempre los Borbones!
Junta provisional revolucionaria de Valladolid
Queda decretada la extinción de la dinastía de los Borbones. Valladolid, 30 de septiembre de 1968.— El presidente, Genaro Santander.— Eugenio Alas.—Saturnino Guerra.—Manuel G. Barquín.— Remigio Callejas Aguilar.— Eugenio de la Fuente.— Eulogio Eraso.— Lucas Guerra.— José María Cano.— Liborio de Guzmán.
Junta provisional revolucionaria de Valladolid
Esta Junta, en vista de la conducta del general Calonge, tan alevosa en Santander como cobarde en Valladolid, le declara reo de lesa nación y le destituye de todos sus grados, honores y condecoraciones, en justo desagravio de la patria ultrajada. Valladolid, 30 de septiembre de 1868— El presidente, Genaro Santander.— Eugenio Alas.—Saturnino Guerra.—Manuel G. Barquín.— Remigio Callejas Aguilar.— Eugenio de la Fuente.— Eulogio Eraso.— Lucas Guerra.— José María Cano.— Liborio de Guzmán.»

 

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