150 años de noticias
  «Ferro-carril del Norte, sección de Valladolid a Alar»
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  «¡Viva la libertad!»
  «Abdicación de don Amadeo»
  «La muerte del rey»
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  «La capitulación de Santiago»
  «Nuevo reinado»
  «Atentado anarquista contra los reyes»
  «Asesinato del archiduque heredero de Austria y su esposa»
  «El Estado reconstruirá el edificio»
  «El general Primo de Rivera, con otros generales, se levanta contra el Gobierno»
  «El Rey transmite sus poderes y en toda España queda proclamada la República»
  «Desbordamiento del río Esgueva»
  «Una subversión militar se extiende desde nuestro Protectorado»
  «El general Franco tomó ayer posesión de la jefatura del Gobierno»
  «La guerra ha terminado»
  «Inglaterra y Francia declararon el domingo la guerra a Alemania»
  «Ha comenzado la invasión»
  «Hitler cayó ayer en su puesto de mando»
  «La Guerra Mundial ha terminado»
  «La explosión de ayer en el Pinar de Antequera»
  «Armstrong y Aldrin viajan ya de retorno a la Tierra»
  «Diez muertos y treinta y dos heridos en el incendio de la factoría Montaje 2 de Fasa-Renault»
  «Franco será inhumado el domingo en el Valle de los Caídos»
  «Juan Carlos I,
Rey de España»
  «Sí a la Constitución»
  «El Rey pide serenidad y confianza»
  «Alegría desbordante en Berlín por la apertura del Muro»
  «Ha estallado
la guerra»
  «Los ojos del mundo, en Barcelona 92»
  «España recibe con alborozo el nacimiento de la Infanta leonor»
 
 
150 años de noticias
El fracaso de la República, asediada por la guerra civil y la ingobernabilidad parlamentaria, dio paso al intento de restauración de la monarquía bajo «príncipe extranjero», quien desistió pronto del empeño.
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«Abdicación de don Amadeo»
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11|02|1873 Fin del breve reinado del duque de Aosta
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El Norte Valladolid. Miércoles, 12
«La corona de San Fernando y de Felipe II en muy grande y magnífica para poder sostenerse sobre la cabeza de príncipes extranjeros. El carácter de los españoles es demasiado indomable y altivo para ofrecer homenajes a un aventurero que sin más simpatía que las de 191 osó imprudente regir los destinos del pueblo más heróico del mundo; y arrostrado al fin este átomo de Rey por el impetuoso huracán de la revolución, sucumbe y cesa, pero llevando tras sí todos los elementos que de precipicio en precipicio han venido abriendo un espantoso abismo para las leyes, las costumbres y los monumentos más sagrados de la sociedad.
Al fin, según los diarios de la Corte, el duque de Aosta ha abdicado de sus regios poderes y con tal disgusto que a todo trance ha manifestado el deseo de abandonar el palacio, hospedándose provisionalmente en una fonda.
Ciertamente los momentos son graves y supremos y de ultimarse este grande y deseado acontecimiento los vertiginosos movimientos de los partidos políticos han de ser decisivos y amenazadores; por eso, inspirados en el amor patrio y guiados únicamente por los sentimientos de orden y justicia no podemos menos de aconsejar prudencia y tranquilidad. El aumentar conflictos y obstáculos en tan difíciles instantes sería un crímen de lesa nacionalidad.
Esperamos que las celosas y enérgicas autoridades de la capital tanto civiles como militares harán respetar en caso necesario cuanto les está encomendado, pero sobre todo la seguridad de las familias. [...]
Pocas personas sabían más a la hora que se indica y los que algo sabían lo callaban con la esperanza de que el rumor no se confirmase o el pensamiento no siguiera adelante.
Pero puesto que el hecho es ya de dominio público desde anoche y habrá de desfigurarse mucho, nosotros, por nuestra cuenta y haciéndonos eco de lo que parece más verosímil, daremos algunos pormenores relativos a la anunciada abdicación del rey.
Dícese que, fatigado por las contrariedades con que venía luchando, ya anteayer anunció su propósito de abandonar el trono. Ayer por la mañana lo manifestó terminantemente al presidente del Gabinete y este intentó en vano disuadirle.
El Sr. Ruiz Zorrilla reunió el Consejo a las cinco y a las diez volvió a reunirse.
Por consecuencias de lo tratado en él y de las indicaciones que se hacían después de la una de la noche, hora a que se retiraron los ministros, se daba por seguro que hoy se suspenderán las sesiones por dos o tres días; que después se leerá a las Cámaras la propuesta de abdicación, si el rey insistiera en su propósito, cosa que no se puede asegurar; así como parece indudable que los cuerpos colegisladores, no solo no la admitirán, sino que enviarán un elocuente mensaje al monarca del cual esperarán un buen resultado.
Algunas personas que se suponen bien informadas dan por cierto que no llegarán las cosas a este extremo, sino que, por el contrario, se vencerá el conflicto que amenaza, pues se cuenta ya para ello con el eficaz apoyo de personas de gran valía.
Asegúrase también que si el rey insistiese después del mensaje y de los naturales esfuerzos que se emplearán para disuadirle, las Cortes harían una ley especial para el caso y elegirán el gobierno que hubiera de encargarse de la regencia interinamente con arreglo a la Constitución.» [...]

 

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