150 años de noticias
  «Ferro-carril del Norte, sección de Valladolid a Alar»
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  «¡Viva la libertad!»
  «Abdicación de don Amadeo»
  «La muerte del rey»
  «Voladura del Maine»
  «La capitulación de Santiago»
  «Nuevo reinado»
  «Atentado anarquista contra los reyes»
  «Asesinato del archiduque heredero de Austria y su esposa»
  «El Estado reconstruirá el edificio»
  «El general Primo de Rivera, con otros generales, se levanta contra el Gobierno»
  «El Rey transmite sus poderes y en toda España queda proclamada la República»
  «Desbordamiento del río Esgueva»
  «Una subversión militar se extiende desde nuestro Protectorado»
  «El general Franco tomó ayer posesión de la jefatura del Gobierno»
  «La guerra ha terminado»
  «Inglaterra y Francia declararon el domingo la guerra a Alemania»
  «Ha comenzado la invasión»
  «Hitler cayó ayer en su puesto de mando»
  «La Guerra Mundial ha terminado»
  «La explosión de ayer en el Pinar de Antequera»
  «Armstrong y Aldrin viajan ya de retorno a la Tierra»
  «Diez muertos y treinta y dos heridos en el incendio de la factoría Montaje 2 de Fasa-Renault»
  «Franco será inhumado el domingo en el Valle de los Caídos»
  «Juan Carlos I,
Rey de España»
  «Sí a la Constitución»
  «El Rey pide serenidad y confianza»
  «Alegría desbordante en Berlín por la apertura del Muro»
  «Ha estallado
la guerra»
  «Los ojos del mundo, en Barcelona 92»
  «España recibe con alborozo el nacimiento de la Infanta leonor»
 
 
150 años de noticias
El presidente Mackinley aprovecha el hundimiento del acorazado estadounidense ‘Maine’ para declarar la guerra a España. Sus intenciones: anexionarse la isla de Cuba, colonia española que lucha por su independencia.
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«Voladura del Maine»
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15|02|1898 EE. UU. declara la guerra a España
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Martín Fernández Madrid. Miércoles, 16
«Acaba de recibirse un despacho de La Habana que ha producido honda sensación en todas partes.
Sábese de una manera oficial que la caldera alimentadores de la dinamo del Maine ha producido explosión a causa de un descuido. A continuación del siniestro estalló el incendio a bordo propagándose el fuego a la cámara de torpedos y a los pañoles de la pólvora. El buque yankée voló en pedazos sin que se conozcan aún todos los detalles de la catástrofe.
Afírmase no obstante que hay que lamentar grandísimas pérdidas y muchas desgracias personales.
[...] En Washington ha producido la noticia un pánico tan grande que en vano ha tomado el gobierno yankée precauciones para aminorar la importancia de lo ocurrido.
Según los telegramas que el cónsul Lee ha remitido al departamento de Estado yankée la explosión principal ocurrió en la cámara de torpedos del Maine, situada a proa, debajo de los camarotes donde se hallaba instalada la tripulación del barco.
Explícase de este modo que la marinería sufriera las primeras y terribles consecuencias del suceso, pues puede decirse que casi toda ella ha perecido.
Los oficiales del barco no se hallaban a bordo en el momento de hacer explosión la cámara de torpedos.
Unos habíanse trasladado al buque mercante City Washington, de nacionalidad norteamericana; otros habían desembarcado en tierra para concurrir a algunos de los centros de recreo de La Habana; otros, en fin, habían ido a visitar a los marinos españoles reunidos en uno de nuestros cañoneros de servicio en la bahía. Esto dio lugar a que en los primeros momentos, sin dirección alguna, la tripulación del Maine ignorase qué debía hacer para eludir el peligro, y así se comprende que el número de víctimas sea mucho mayor de lo que se creía.
El general Blanco ha enviado a nuestro Gobierno extensos despachos en los que da cuenta minuciosa de todo lo ocurrido.
Según afirma en ellos, es indiscutible que el siniestro se ha debido a un accidente casual.
Todos los técnicos y el público que presenció la catástrofe desde el primer momento creen que la explosión ocurrió en las calderas de la dinamo pues el buque en aquellos instantes lucía sus focos
eléctricos. [...]
Las versiones que se reciben, de carácter particular, acerca del siniestro, varían bastante de la telegrafiada al gobierno yankée y aun el nuestro. Según ellas, la máquina central de la dinamo se inflamó repentinamente, sin que pudiera dominarse el fuego. Este se corrió de un modo rapidísimo a los cañones, a los pañoles y a los depósitos de combustible y pólvora, llegando por último a la cámara de torpedos, donde tuvo lugar la explosión principal. (...)
En todos los círculos, cafés y tertulias públicas y particulares se ha comentado el suceso grandemente, considerándole unos como favorable a la causa de España y otros como un motivo más de disgusto para que los yankées arrecien en sus ataques contra nuestra nación. En realidad, ni una ni otra creencia es admisible, toda vez que nosotros no tenemos nada que ver en tan desgraciado asunto.
Una vez conocida la extensión de la catástrofe la reina y el gobierno se han apresurado a enviar a Washington extensos telegramas.
En ellos se lamenta0 lo ocurrido, se ofrecen los servicios de España para aliviar la suerte de las familias de las víctimas y se da el pésame más sincero al gobierno de MacKinley.»

 

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