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Majestades, como ha manifestado nuestro Presidente, Vuestra
presencia en la entrega del premio Vocento a los Valores
Humanos constituye un honor para la empresa y para los
miles de personas que a diario trabajamos en los medios
de comunicación del Grupo. Tal presencia, y el
constante apoyo de la Familia Real a estos premios, se
convierte también en el más alto estímulo
para continuar, como Grupo de Comunicación, en
la vanguardia de nuestro trabajo.
Para toda la familia de Vocento, es una circunstancia
especialmente feliz que el premio se otorgue este año
a Miguel Delibes, uno de los escritores más universales
de nuestra lengua, que ha sido objeto de cientos de
distinciones en todo el mundo. Entre la más preciada,
la de haber recibido de manos de Su Majestad en abril
de 1994 el premio Cervantes, galardón que, sin
duda, constituye el más alto reconocimiento que
un escritor de nuestra lengua, en ambos lados del Atlántico,
puede recibir y que su Majestad anualmente realza en
Alcalá, cuna de nuestro más grande escritor.
El motivo de particular regocijo que, como familia
de periodistas, sentimos al añadir al brillante
palmarés del galardonado el premio de Valores
Humanos de Vocento es que Miguel Delibes ha estado vinculado
toda su vida, y todavía lo está como consejero,
al periódico «El Norte de Castilla»,
la cabecera de Vocento que este año celebra su
150 aniversario y que tiene como una de sus más
prestigiosas realidades un gran prestigio debido en
gran parte al concurso de escritores que, como él,
lo hicieron brillar durante lustros, desde que comenzara
colaborando allí como caricaturista.
Estoy hablando del 10 de octubre de 1941, fecha en
que Delibes se incorpora al periódico para domeñar
esa faceta tan difícil de la caricatura primero,
donde el genio se bate en armas de inspiración,
ingenio y sutileza, de forma que un personaje, pero
también su alma, pueda aparecer retratado con
breves rasgos, en una rápida viñeta; y
como redactor después.
Encontrándose en tal puesto, tres años
más tarde, en enero de 1947, su novela «La
sombra del ciprés es alargada» recibe el
que ya comenzaba a ser el más prestigioso de
los premios narrativos, el Nadal, que lo vinculó
a la editorial Destino, donde Delibes ha publicado desde
entonces su obra.
Puesto que Vocento quiere destacar con este premio
a los Valores Humanos, no únicamente su brillante
carrera de escritor, sino también otros muchos
valores que adornan su persona, me detendré en
el valor humano que revelan estos dos hitos: me refiero
a la lealtad. Desde que a la edad de 21 años
entra en «El Norte de Castilla», hasta que
le llega la edad de jubilarse como director, vive entregado
a ese medio de comunicación. Es toda una vida.
En su Valladolid de siempre, compartiendo calles con
quien en esa ciudad escribió su «Coloquio
de los perros», fiel a los suyos, respetado por
todos, pertinaz defensor de la caza como cultura, y
como medio de amar una Naturaleza que le debe mucho,
como él debe a ella, y también su literatura.
Las páginas de sus novelas directamente comunican
campo castellano.
Fidelidad al periódico, a su ciudad, a sus lugares,
y también a su editor literario, con quien acabó
siendo amigo y confidente de tantas penurias y tanteos,
de triunfos y derrotas, que de todo ha habido en la
vida de quien ha puesto su fidelidad más grande
en la vocación literaria, por encima de cualquier
otro reclamo, sin renunciar nunca al listón que
él mismo situó muy alto.
Esta última ha sido la fidelidad más
honda, la forma más sutil de lealtad, la que
un escritor tiene hacia su obra, que todos proclaman
hoy como universal, y que ciertamente ha obtenido traducciones
a todas las lenguas de cultura.
Señor, Delibes pertenece a la época que
ha visto dar el salto más grande en el mundo
de la comunicación. Hace tan solo quince años
internet era para todos nosotros desconocida. Hoy sería
impensable un periódico sin el espacio digital.
Poco antes estuvo el fax, y muy poco antes, las crónicas
dictadas por teléfono a quien las escribía
en una resma de cuartillas usando de la taquigrafía.
En tan sólo la vida de un hombre se ha podido
pasar, y así ha ocurrido en el terreno de los
medios de comunicación, desde la transmisión
oral que reproducía esquemas y formas de comunicación
de hace miles de años, a impensables medios que
quiebran los límites del espacio y del tiempo.
Vocento tiene vocación de futuro y es una empresa
empeñada en liderar ese campo, abierto a desafíos
de un mundo cambiante, en tan prodigiosa transformación.
Entre las señas de identidad de este grupo, como
ha recordado nuestro Presidente, está el valor
de la palabra, y ese valor define un estilo humanista
que quiere permanecer fiel a principios no negociables,
leal a la verdad, a la libertad y la democracia.
Valores todos ellos que no siempre es fácil
defender. Y puedo decirlo, señores, desde la
legitimidad que me da el haber emprendido -en los últimos
meses- una defensa activa de todo aquello en lo que
creemos: verdad, lealtad y respeto. Una decisión
no siempre fácil de tomar, pero imprescindible
para apoyar a nuestra gente y su trabajo frente a un
ataque irracional, furibundo e injustificado; una defensa
a nuestro sistema y nuestras instituciones. Luchando
por mostrar que, ante todo, tenemos fe en el ser humano
y un enorme respeto hacia el prójimo.
Sólo así se puede hacer un periodismo
de calidad, luchando por buscar la verdad y lo real,
con planteamientos moderados y racionales... Los medios
cambian, pero las esencias permanecen. Llevamos más
de 100 años haciendo periodismo, respondiendo
a ese fascinante desafío diario y nos quedan
muchos más años, muchísimos más.
Creemos que las transformaciones necesarias pueden
hacerse como lo han hecho posible cabeceras centenarias
que hay en la familia de Vocento. Si ABC, «El
Correo», «El Norte de Castilla», «La
Verdad de Murcia», todos ellos de más de
un siglo de vida, han podido situarse en la vanguardia
de la comunicación es porque han respondido al
desafío de ser medios de comunicación
de su tiempo.
De su tiempo, pues, cambiando los formatos, multiplicando
los medios, variando los recursos, pero con una identidad
anclada en la defensa de los valores humanos como los
que encarna Miguel Delibes y que he resumido en esa
leatad tan firme, sostenida durante decenios, a su medio
de comunicación, a su editor, a su literatura,
a él mismo.
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