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05/04/2007 Días de bacalao
Javier Pérez de Andrés Las recetas tradicionales de este salazón se mantienen inalterables y recobran todo su esplendor en Semana Santa.

 

Bacalao recién pescado. / EL NORTE

No alcanzaremos el consumo ‘per cápita’ de nuestros vecinos portugueses, que permanecen a la cabeza mundial en la ingesta de este pescado, pero en estas fechas el bacalao como materia prima adorna una buena parte de la comanda regional dirigida al turista. La Cuaresma vuelca en el menú el tradicional plato de vigilia y el bacalao forma parte de las preferencias de los comensales, desde el potaje al carpaccio.
A pesar de las nuevas incorporaciones de platos diseñados en la cocina moderna, el recetario tradicional ha sufrido pocas alteraciones. Los bacalaos zamoranos y las referencias puntuales de lugares como Valderas permanecen inalterables, soldadas a la costumbre y formando parte de esos platos que logran que muchos comensales se desplacen varios kilómetros buscando una elaboración específica.

Buen momento para recordar la localidad que lidera esta ligazón con un producto, como es el bacalao: Valderas. Zoilo Rueda, del restaurante Zoilo, destaca que en estas fechas es cuando más bacalao necesita atesorar su despensa. La afluencia de visitantes, procedentes de todos los rincones del país que desean disfrutar el bacalao ‘al estilo Valderas’ resulta un verdadero reto para su cocina. Este cocinero presume de que, en realidad, el de Valderas es «el único bacalao al ajo arriero que se ofrece en toda España». El cocinero pertenece a la sexta generación de una familia de hosteleros que ofrece este plato a los visitantes, aunque la saga ya cuenta con su séptima generación, representada por su hija.

Santos López dirige un establecimiento abierto hace ya siete décadas. El restaurante Gatito de Valderas mantiene la receta original de María García, abuela de Santos, lo que hace que sean ya tres las generaciones que sirven este bacalao al ajo arriero, elaborado solo con bacalao, ajo, pimentón y aceite de oliva. También en esta localidad, El Rebeco se destaca por el bacalao al ajo arriero, con una trayectoria de 36 años que abarca a dos generaciones de profesionales. El establecimiento celebró del 1 al 11 de marzo sus primeras jornadas gastronómicas del bacalao con gran éxito de público, lo que ha llevado a sus responsables a repetir la experiencia en los próximos años. Al precio de 23 euros, el establecimiento ofrecía un menú degustación que incluía ensalada de bacalao, revuelto y buñuelos de bacalao, sorbete de limón y cocochas de bacalao en salsa verde, acompañado por queso de Valderas y vinos de las cinco bodegas de la comarca que elaboran a partir de la uva prieto picudo.

A catorce kilómetros de Valderas, pero ya en la provincia de Zamora, el restaurante El Labrador (Castroverde de Campos) lleva 30 años ofreciendo el bacalao de dos modos: al ajo arriero y con pisto y salsa verde, que se presenta gratinado y que «para determinados paladares resulta menos grasiento», como señala Cecilio Lera.

Una curiosa referencia de la cocina tradicional del bacalao es la del restaurante Aurelio, en el municipio de Canalejas de Peñafiel, en la Ribera del Duero vallisoletana. Su cocina ofrece bacalao desde hace un cuarto de siglo, según viejas recetas.

El plato y la geografía

J.P.A. / VALLADOLID

En una época de auténtica convulsión en la cocina, que una provincia o ciudad siga sin perder el vínculo de sus platos tradicionales es una fortuna y un argumento que puede ser muy rentable si se utiliza bien. Es el caso de Zamora, una provincia donde las versiones del bacalao a lo tío o a la tranca se han mantenido en el tiempo sin eclipsar a un buen número de recetas que tiene por materia prima o como base el bacalao. De ahí que convendría revisar el mapa gastronómico e impedir que desapareciese esta asociación gastronómica entre el plato y la geografía. Si Astorga es un referente del cocido maragato, el botillo lo es del Bierzo y Valladolid en el asado, Zamora –entre otros muchos platos– destaca por su bacalao, base de su comanda tradicional. Y más aún en estos días.

 

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  Garum de trucha y salsamenta  
Ingredientes
Una trucha de más de medio kilo (truchón), anchoas, atún en aceite, caldo de pescado, hojas de menta, sal y cebollino.

El garum en la cocina romana ocupó un lugar de gran importancia. Pompeya y Cartagena rivalizaron en época romana como los grandes centros de producción de esta mezcla de salsa y especie. Se trata de un líquido muy utilizado en la preparación de alimentos que se obtenía del prensado de pescados azules con sal.

La receta: lo primero se eliminan todas las espinas de la trucha, se enrollan los lomos y se corta en medallones.

A continuación se añade la sal y todo ello se pasa por la plancha. Aparte se prepara la salsa garum, que se elabora tostando al horno las espinas de la trucha y las de otros pescados. Después se cuecen y se añaden anchoas en salazón para, finalmente, colarlo y reservar el caldo.

A continuación, se prepara la salsamenta, que consiste en ensamblar fumée de pescado con hojas de menta y se añade vino blanco para que la salsa se reduzca Una vez que la salsa esté suficientemente ligada, se le añade el garum, a continuación se cuela y se coloca en el plato. Para finalizar se fríen los hilos de cebollino y se colocan encima de los lomos de trucha.
La receta es del cocinero Javier Fernández Sevilla.

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