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21/05/2007 La marca de garantía del chorizo de Zamora ha certificado ya 65.000 kilos
ALBERTO FERRERAS / ZAMORA Ocho de los veinte fabricantes de la provincia asociados en Azecho comercializan desde el pasado mes de febrero este producto

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Imagen de un expositor de la Asociación Zamorana de Elaboradores de Chorizo. / LUIS CALLEJA

Desde hace poco más de tres meses y medio las contraetiquetas del chorizo zamorano certifican un producto de calidad que, además de llevar el nombre de Zamora por toda España, pretende identificar el sabor característico de este embutido que se une a otros alimentos de la provincia con marchamo de calidad, como el queso zamorano, el vino de Toro o el garbanzo de Fuentesaúco.

Tras cinco años de trámites, la Asociación Zamorana de Elaboradores de Chorizo (Azecho), que integran a una veintena de fabricantes, logró a principios de año obtener una marca de garantía que avalara la calidad de este producto cárnico. Un mes después, a principios de febrero, se inició la comercialización del producto amparado bajo el nombre de chorizo zamorano.

Desde entonces, aunque los inicios han sido lentos, ya se han puesto en el mercado cerca de 65.000 kilogramos de este chorizo elaborado a partir de las partes nobles del cerdo. En este tiempo, el organismo regulador que vela por la calidad de este producto ha distribuido unas 125.000 contraetiquetas de chorizo zamorano entre las ocho empresas que por el momento se han aventurado a comercializarlo. Aunque hay una veintena de fábricas de embutidos de la provincia interesadas en llevar la contraetiqueta del chorizo zamorano, por el momento, únicamente ocho de ellas han solicitado que se les realice el riguroso proceso de control que les da vía libre para utilizar el etiquetado de la marca de calidad.

Tradicional

El chorizo zamorano, además de ser uno de los más típicos de Castilla y León, es un embutido crudo, curado y que tiene tras de sí una historia ligada a los hábitos alimenticios y la actividad de las empresas cárnicas de la provincia, según subrayan los responsables de esta marca de calidad que lucha por el reconocimiento del valor culinario de este embutido típicamente zamorano «elaborado con el buen saber y hacer tradicionales». Las características del producto y su proceso de elaboración se recogen en un Reglamento de Uso que recibió el visto bueno de la Junta de Castilla y León y que se completa con un certificado de conformidad del producto emitido por una entidad de certificación encargada de inspeccionar y verificar que el chorizo contraetiquetado cumple con las exigencias establecidas en el Reglamento de Uso de la marca de calidad.

Por el momento, el chorizo zamorano está ya disponible en charcuterías y tiendas especializadas de la provincia, aunque también se vende en otros lugares de Castilla y León así como en el País Vasco y otras regiones del norte de España.

La contraetiqueta que certifica el producto aparece colocada en la cuerda de cada pieza de chorizo, junto a la etiqueta del fabricante. Los cerdos sacrificados para su elaboración deben ser grasos, de capa blanca, con canales de más de 85 kilos, sin que puedan ser macho enteros ni animales reproductores. Todos ellos deben proceder de explotaciones de la provincia, donde también debe realizarse el sacrificio del animal, su despiece y el posterior proceso de elaboración del embutido.

El chorizo zamorano únicamente admite las partes nobles del despiece del cerdo, como el cabecero, la paleta, el jamón, la falda, el magro, la panceta y el recorte de jamón o lomo. Además de la carne de cerdo, el chorizo zamorano emplea pimentón, dulce o picante, que necesariamente debe ser de la Denominación de Origen del pimentón de Vera.


CARACTERÍSTICAS

Aspecto exterior: Se embute en tripa natural y se presenta en forma de sarta, vela, ristra o cular. Tiene una superficie rugosa y, si presenta mohos, estos son poco abundantes, de colores blanquecinos y repartido a lo largo de toda la superficie del embutido.

Aspecto al corte: Presenta una superficie ligeramente brillante con un color uniforme, con trozos de carne de color rojo oscuro y trozos de grasa de blanco anaranjado.

Peso: Varía entre los 250 y los 1.500 grados, dependiendo de la forma que se utilice para su presentación.

Olor: Se caracteriza por un aroma a curado, con notas a moho y pimentón en el exterior. Al corte se aprecia un aroma con recuerdo a pimentón, ajo y orégano.

Sabor: Sabor equilibrado, con sensaciones picantes de intensidad media-alta en los chorizos picantes.

Textura: Homogénea, con alta consistencia a la presión, rebanable, con buena ligazón entre la grasa y la carne y una jugosidad y masticabilidad adecuadas.


Promoción en ferias

A. F./ ZAMORA

Frente a otros productos con calidad certificada como el queso zamorano o los vinos de Toro o de Tierra del Vino de Zamora, el chorizo zamorano tiene que promocionarse sin que apenas disponga de fondos para ello.

De ahí que su publicidad por el momento se reduzca a dos vayas publicitaria con el nombre y el logotipo de la marca de garantía (una en una rotonda de Zamora y otra en Benavente) que estos días compiten con la propaganda electoral.

La promoción de este producto incluye también el figurar como colaborador o patrocinador de diversas actividades. Además, está presente en ferias alimentarias en las que el chorizo zamorano cuenta con un expositor propio, como es el caso de la segunda edición de Alimenza celebrada a finales de abril. Por último, forma parte de la marca Alimentos de Zamora que promociona la Diputación Provincial.

 

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  Manjar blanco  
Ingredientes
200 gramos de pechugas cocidas de gallina; 3 decilitros de leche de almendras; 30 gramos de harina de arroz; 80 gramos de azúcar; 1/2 decilitro de agua de rosas. Presentación: en una escudilla. PLATO. Manjar blanco sobre tostas. / ARGI Manjar blanco para la reina Isabel
Posiblemente el manjar blanco es el plato más célebre y el más conocido al ser mencionado por numerosos autores. Esta fue una de las recetas que desarrollaron los cocineros medinenses sobre la investigación realizada por Julio Valle y la adaptación del equipo de cocina isabelina. Se trata de un plato más propio de la baja Edad Media y del Renacimiento. Guarda similitud con una bechamel con pechuga desmenuzada. Es similar a la pasta de croquetas actual pero con harina de arroz y leche de almendras. Para elaborar la leche de almendras se dejan éstas en remojo con agua durante doce horas. Triturar, colar y prensar con una estameña. Se compone un cocido con pechugas de pollo muy desmenuzadas y mezcladas con harina de arroz. Leche de almendras, agua de rosas y azúcar. Todo ello en cocción a fuego lento. Se presenta en plato sopero o ‘escudilla’ con un poco de azúcar y ‘Suplicaciones’, los barquillos de hoy. La leche de almendras se puede sustituir por leche de cabra, más acorde con la época. Este sí es un plato de cocina histórica.
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