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03/01/2008 Roscón desde los romanos
JAVIER PÉREZ DE ANDRÉS En dos días se consumen casi 800.000 roscones de Reyes en Castilla y León, una tradición de siglos que pone punto final a las fiestas de la Navidad

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Roscones de Reyes en el escaparate de una confitería. / EL NORTE.

Un dulce que no cambia

Ya es un dulce que se ha ganado un lugar en los hábitos alimentarios de los consumidores en el periodo navideño. El roscón de Reyes, el anillo de bizcocho cargado de sorpresas, se mantiene inalterable a pesar de la desbordante oferta que llega al consumidor desde los obradores de pastelería. Salvo ligeros retoques, lleva décadas sin cambiar de aspecto y enriquecido por el relleno. Este dulce es una prueba de la salud profesional de los pasteleros. Los obradores hacen su dulce agosto en la primera semana de enero para satisfacer una demanda tradicional que, en muchas ocasiones, funciona por pedidos y listas de espera. Tal vez lo que más se agradece es que el roscón apenas haya sufrido cambios. Esta es la verdadera sorpresa y la clave de la exitosa venta de miles de roscones.

En un país de tradición cristiana como el nuestro, las fiestas de la Navidad concluyen el día de Reyes. Una jornada protagonizada, desde el punto de vista gastronómico, por el roscón.
Cuando miles de niños españoles y, más concretamente, de Castilla y León se levanten corriendo a abrir los regalos que les han dejado los Reyes Magos, sus padres ya les habrán preparado un pedazo de roscón para desayunar.
Según Javier Labarga, presidente de la Federación Regional de Empresarios de Confitería de Castilla y León, durante los próximos días se consumirán en la región alrededor de 800.000 roscones de Reyes, el 90% en los cotillones de la madrugada del 6 de enero, en el desayuno y en las comidas de esa misma jornada.

El formato de 500 a 700 gramos, de seis u ocho raciones, es el más habitual en los hogares castellanos y leoneses. Eso quiere decir que los cerca de 850 obradores que hay en la región –700 de ellos inscritos en le federación regional– hornean estos días entre 400 y 500.000 kilos de roscones.

De la fruta a la nata

La tradición se mantiene desde hace siglos sin decaer, sin embargo, algunas cosas sí que han cambiado. Mientras que antes lo usual era el bollo enriquecido que solo llevaba frutas escarchadas encima, desde finales de los 90 lo habitual es consumir roscones rellenos de nata o crema pastelera –el 70% del total–. Ahora solo se vende un 20% de roscones secos tradicionales y un 10% de roscones con otros ingredientes, como los de mazapán o los trufados.

Los acompañamientos también han variado. Además de almendra y fruta escarchada, ahora se incorporan pasas, piñones, nueces, higos e, incluso, pralinés o adornos de azúcar

La festividad de los Reyes Magos no es exclusiva de España, ya que son varios los países europeos y americanos que la celebran. Lo que sí es más propio del final de la Navidad española es el roscón, una tradición repostera importada de Francia a principios del siglo XVIII.

Aunque hay diversas hipótesis sobre el verdadero origen de los roscones de Reyes, una muy aceptada es la que señala la génesis en la fiesta pagana de año nuevo, que celebraban los romanos al inicio de la primavera. Al parecer, el primero de marzo, los habitantes del imperio romano tenían la costumbre de celebrar el evento degustando unas tortas de masa de pan, elaboradas con dátiles, higos y miel.

La inclusión de un haba seca también viene de entonces, ya que se incluía dentro de las tortas que se repartían por igual entre patricios, plebeyos y esclavos. Quien encontraba el haba era nombrado rey de la fiesta y tenía libertad para darse a todo tipo de excesos.

La cristianización adaptó la tradición, la extendió por Europa y cada país la adaptó a sus fiestas religiosas. A España se cree que llegó de Francia a principios del XVIII, de la mano de Felipe V, el primer rey Borbón, que reinó desde 1700 hasta 1746. El roscón ya era como el tradicional que conocemos, con frutas escarchadas y algún regalo dentro pero, aunque culminaba las fiestas de Navidad, no tenía el simbolismo actual.

RECETA
Harina, huevo, leche y azúcar


En la receta del roscón tradicional no falta la harina, el huevo, el azúcar, la leche, la mantequilla, la levadura y la rayadura de cáscara de limón y naranja. Por encima se adorna con frutas escarchadas, almendras y azúcar glasé. El relleno más habitual es el de nata o crema pastelera.

TRADICIÓN
Producto arraigado y en ascenso


La tradición de comer roscón el día de los Reyes Magos viene de hace siglos. Sólo se resintió un poco tras la Guerra Civil por la escasez de azúcar, debido al racionamiento de materias primas impuesto por entonces. Según la Federación Regional de Confiteros, al contrario que otras tradiciones –como la de los Santos–, la del roscón de Reyes es la más arraigada en el sector repostero y la que más futuro tiene.

ANTICIPO
Palencia ya se lo comió el día 27


La ciudad de Palencia, como sucede desde hace once años, se adelantó a la tradición. Miles de palentinos pudieron degustar el pasado 27 de diciembre un roscón de 140 metros de perímetro y 1.300 kilos de peso. Se trata de una iniciativa de la Asociación de Pasteleros, única en Castilla y León.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

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  Truchas marinadas  
Ingredientes
Se necesita una trucha grande, de un kilo y medio aproximadamente; sal y azúcar; eneldo, algún licor y aceite de oliva.

El pescado se presenta emplatado, loncheado en filetes muy finos. Esta receta apenas tiene grado de dificultad, y el secreto radica en el tiempo de marinado, secado, oréo y en el punto idóneo de las especias que le dan un sabor característico. Esta receta tiene a favor que la materia prima es de fácil adquisición tanto en los supermercados como en las pescaderías, y satisface un primer plato o entrante en verano.

Su degustación también se puede trasladar a otras épocas del año. Lo primero que hay que hacer es desespinar la trucha fresca, para luego colocarla en un recipiente con sal y azúcar, a partes iguales. Se adereza con eneldo y algún licor al gusto.
Hay que dejarlo macerar entre 24 y 60 horas. Una vez transcurrido este tiempo se lava y se orea hasta que alcanza el punto de secado idóneo. Se presenta en lonchas, bañadas con aceite de oliva y se acompaña con una vinagreta.

Este último paso es muy importante, y puede dar mucho de sí, si se extienden los filetes en un plato base o en una fuente de cerámica. Admite pequeños adornos vegetales, en los bordes o en el centro. Receta de Benito Moreno. Mesón-Piscifactoría La Fuentona.

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