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14/02/2008 Un bejarano en Murcia
J. A. MARTÍN
JAVIER PÉREZ
El calderillo y el limón serrano no faltan nunca en su restaurante el Olivar de Moratalla, aunque su comanda se identifique con la región donde trabaja

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Firo Vázquez, junto a su madre Charo, su madrina Rufi y su tía Pilar.

Sabrosos embajadores

Firo es uno de esos centenares de ejemplos tan extendidos en la profesión hostelera. Castilla y León ha sido cantera de profesionales que han contribuido con su trabajo a lanzar la cocina y la hostelería de otras regiones. Jefes de sala, cocineros, empresarios de hostelería que han triunfado o simplemente trabajan con acierto en restaurantes repartidos por toda la geografía nacional. Son, sin duda, embajadores de los productos y recetas de la región allá donde van. Firo lanza su petición de colaborar, de compartir, de participar en jornadas gastronómicas con restuarantes y cocineros de Castilla y León. Este fenómeno de paisanaje no es nuevo pero se le debería atender con más interés, pues es la verdadera fusión de las cocinas y, de paso, una vía de promoción.

Firo llegó a la cocina tarde, pero con raíces. Es bejarano y la vida le llevó a fundar un restaurante lejos de Salamanca, en el que ha triunfado y en el que echa en falta más relación con productos y compañeros de Castilla y León en jornadas o intercambios gastronómicos.

«Lo cocineros siempre nos llevamos algo de nuestras raíces a los lugares donde trabajamos», dice este profesional que estudió medicina pero terminó dedicándose a cocinar acumulando un buen conocimiento técnico.

Para Fernando Martínez Vázquez, que así se llama Firo, el restaurante que abrió en el 2000 es la plasmación de un sueño que comenzó cuando tenía seis años y su madre, Charo, le ponía un traje de cocinero hecho a medida. Por eso, una de las dedicatorias del libro de recetas que publicó a finales del 2007 va dirigida a sus 'tres guisanderas de Béjar', su madre, su tía Pilar y su madrina Rufi.

Aunque el libro 'Firo Vázquez y la cocina de El Olivar de Moratalla' ofrece, sobre todo, recetas murcianas y emplea productos de esa región, el cocinero no olvida sus orígenes y hace unos guiños a su tierra salmantina, introduciendo platos como el hornazo bejarano, el calderillo del Castañar o el limón serrano . Además, 25 de las 100 referencias de vinos de su carta son de la DO Ribera del Duero, a las que se añaden algunas de las DO Cigales y Toro.

Firo tiene claro que estar en Moratalla y ser miembro de Eurotoques le exigía una implicación con el territorio y sus materias primas. De ahí que tanto su libro de recetas como su comanda recojan platos del arroz de Calasparra, las peras de Jumilla, el queso de cabra y el pimentón de Murcia, todos ellos con denominación de origen, o el cerdo chato murciano, la uva monastrell y el aceite 'Flor de Cuquillo', que él mismo envasa.

El apartado dedicado a recetas de cocina, la razón de ser del libro, ocupa 100 de las 180 páginas de la publicación. Esta sección se estructura en cuatro partes, una por cada una de las estaciones del año, dentro de las cuales Firo introduce las recetas que cree más recomendables para cada época. A su vez, las 44 elaboraciones se agrupan con los nombres de los elementos, 'aire' para las ensaladas y los entrantes, 'fuego' para los primeros platos, 'agua' para los pescados y mariscos, 'tierra' para las carnes y '5º elemento' para los postres. Cada una de las recetas viene acompañada por una magnífica fotografía de Chema Barroso, Matías Pérez Llera o Luis de Pazos. En la última parte del libro se presenta al Firo Vázquez cocinero e innovador, a través de la colaboración con la Universidad de Murcia para elaborar el primer libro comestible, El Quijote con papel de arroz y trigo.

Premio

La publicación, galardonada como mejor libro en español por Gourmand World Cook Book en la categoría de primer libro de cocina, optará al premio como mejor libro de cocina del mundo en su modalidad, dentro de una gala que se celebrará en el teatro Olimpia de Londres el próximo 13 de abril. Los Gourmand World Cook Book Awards están considerados los Oscar de los libros de cocina.

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  Teclas de León  
Ingredientes
Se preparan artesanalmente con margarina, harina, sal, mantequilla, huevos, vino blanco y aceite. La masa de hojaldre lleva mantequilla y un poco de glasa (pasta elaborada con azúcar y clara de huevo).
Las teclas son pastas de hojaldre cuadrangular de color crema pálido con unas dimensiones aproximadas de 4,5 cm. de lado por 2 centímetros de espesor. Tienen una textura muy crujiente y, salvo raras excepciones, la capa superior es lisa.
Se elaboran principalmente en pastelerías de la capital leonesa y pueblos próximos, aunque en Cistierna, donde toman el sobrenombre de San Guillermo, existe una gran tradición y se diferencian del resto por una ligera capa de almendra molida. Las teclas se pueden adquirir en numerosas pastelerías, tiendas y grandes almacenes y, por lo general, en envases vistosos y cajas de medio kilo, lo que permite su fácil manejo. Si está bien empaquetada se conserva hasta cuatro meses.
Aunque no es un producto alimentario que se pierda en lejanas tradiciones, al menos está suficientemente documentados desde principios del siglo pasado. Desde 1908 se tienen referencias de este dulce que se ha mantenido a lo largo de décadas hasta ocupar, por derecho propio, un sitio entre los dulces tradicionales de la región.
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