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31/05/07 Truchas con sopas
 

El emblemático plato del Órbigo cumple 62 años, convertido en tan poco tiempo en un referente del recetario español

JAVIER PÉREZ DE ANDRÉS

Sopa de trucha sobre una
hogaza de pan. / ARGI

Sin saberlo, hace 62 años Consuelo Salvadores García inició los primeros pasos para que una receta improvisada que utilizaba los peces y los restos del pan de hogaza se convirtiese en todo un emblema de la gastronomía tradicional de la región, del Órbigo, con epicentro en la localidad jacobea de Hospital de Órbigo. Consuelo, disfrutando hoy del merecido descanso, recibió en 1995 un cálido homenaje de los hosteleros de la zona, precisamente por haber sido la pionera y autora de la receta de las sopas de trucha que, originariamente, ella misma bautizó como 'truchas con sopas'.

El orden no altera el producto pues el caldo justifica la sopa de pan y la trucha monopoliza la principal materia prima. Un plato que ha vuelto a convertirse en noticia este año con la reciente celebración de la Semana Gastronómica de la Trucha. Son muchos los restaurantes que en la provincia y en el Órbigo incluyen esta receta en sus cartas con ligeras variantes, pero siempre sujeta al lecho de rebanadas de pan y a la trucha troceada, bañada en el caldo resultante de cocer la trucha con agua, laurel, cebolla y un machacado de ajo, perejil, sal y pimentón. Una receta que está inspirada en la sopa de ajo, de la que podría ser una variante. El éxito y la cualidad de este plato es su presentación, en una escudilla, cazuela de barro o en el interior de una hogaza desmigada permitiendo al comensal comer las sopas de pan con trucha con tenedor.

Los restaurantes Casa María Palos, La Encomienda, Los Ángeles, Jabel, Passo Honroso (en Hospital) y La Viuda de Isidro, en Puente de Órbigo, volvieron a ensalzar y potenciar la trucha como ingrediente y sus posibilidades en el recetario durante la pasada edición de las jornadas. Se trata de un plato que, a pesar de carecer de una historia secular y no aparecer en ningún tratado antiguo de cocina, se ha ganado a pulso haber pasado a la historia. La insistencia de los restaurantes por mantener la receta entre sus especialidades y la aceptación de los comensales que asocian con claridad la sopa de trucha a Hospital de Órbigo han sido las claves. Un fenómeno que, en los tiempos que corren, cada vez es más difícil de encontrar: que un plato sea capaz de poner de acuerdo al cocinero, al hostelero y al comensal dentro de un ámbito geográfico o una localidad. Este fenómeno, que se podría denominar en el lenguaje de la cocina moderna como el de 'cocina de terruño', difícilmente se ha logrado en otras variantes de la cocina moderna. Existe un ejemplo mucho más reciente que aún se mantiene, aunque no ha logrado salir de las fronteras locales. Es el gallo turresilano, una pepitoria del recetario tradicional que un grupo de cocineros de Tordesillas definieron y potenciaron en un intento de buscar un referente para el turismo y la gastronomía local. La sopa de trucha, lejos de extinguirse, se suelda cada año a la comanda. Solo del respeto que se obtenga en la salvaguarda de ingredientes, formato y presentación dependerá que este plato tradicional, avalado por más de medio siglo de vida, salte las fronteras de la Comunidad y ocupe un lugar entre los sabores de la cocina española.


¿Tradición intocable?
J.P.A. / VALLADOLID

No hay tradición sin vanguardia, ni en la cocina ni en ningún otro arte o disciplina cultural. Sería un error no defender la sopa de trucha en su versión tradicional. Las jornadas gastronómicas y la exaltación del plato referente del Órbigo son obligadas. Pero el plato en cuestión podría sufrir ciertos arreglos que mejoren y definan su puesta en escena. El recipiente, el tipo de pan loncheado que hace de lecho y la propia porción de trucha se podrían mejorar. El sofrito, el caldo y el toque de picante pueden mantenerse, depende de cada cocinero. Teniendo en cuenta la facilidad de encontrar trucha de mayor tamaño -la región es una potencia en acuicultura- se podría admitir una variante sin espina sobre el lecho de pan. Un lomo de trucha sería la solución.

 

 

  Truchas marinadas  
Ingredientes
Se necesita una trucha grande, de un kilo y medio aproximadamente; sal y azúcar; eneldo, algún licor y aceite de oliva.

El pescado se presenta emplatado, loncheado en filetes muy finos. Esta receta apenas tiene grado de dificultad, y el secreto radica en el tiempo de marinado, secado, oréo y en el punto idóneo de las especias que le dan un sabor característico. Esta receta tiene a favor que la materia prima es de fácil adquisición tanto en los supermercados como en las pescaderías, y satisface un primer plato o entrante en verano.

Su degustación también se puede trasladar a otras épocas del año. Lo primero que hay que hacer es desespinar la trucha fresca, para luego colocarla en un recipiente con sal y azúcar, a partes iguales. Se adereza con eneldo y algún licor al gusto.
Hay que dejarlo macerar entre 24 y 60 horas. Una vez transcurrido este tiempo se lava y se orea hasta que alcanza el punto de secado idóneo. Se presenta en lonchas, bañadas con aceite de oliva y se acompaña con una vinagreta.

Este último paso es muy importante, y puede dar mucho de sí, si se extienden los filetes en un plato base o en una fuente de cerámica. Admite pequeños adornos vegetales, en los bordes o en el centro. Receta de Benito Moreno. Mesón-Piscifactoría La Fuentona.

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