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Pablo Fernández es el secretario de la Asociación
de Productores de Cecina de Villarramiel, que integra
a los cuatro industriales comprometidos por la obtención
de este sello de calidad. Este industrial cárnico
anunciaba en la última feria Gourmets la agilización
de los trámites para la consecución de
una figura de calidad para este producto.
-Dentro de un año, ¿la Indicación
Geográfica Protegida será una realidad
si todo va bien?
-Sí, todo va muy rápido y en serio. Lo
mejor es que los industriales por fin nos hemos puesto
de acuerdo. Conseguir un marchamo es una manera de afianzar
el producto dentro de un ámbito geográfico
e impedir que desaparezca.
-¿Hay sitio para más industriales?
-Claro, ahora somos cuatro empresas pero siempre estará
la puerta abierta si llega otro productor y se instala
en Villarramiel.
-Es una cecina única, diferenciada, solamente
se elabora en su pueblo y es bicentenaria, ¿son
unos privilegiados?
-Por su puesto, lo que pasa es que antes no nos lo
creíamos pero ahora sí. Además
es un producto sano, curativo diría yo, porque
tiene un alto contenido en hierro y es bajo en grasas.
-¿Villarramiel también se conoce fuera
de Palencia?
-Se conoce porque aquí hay una industria muy
potente relacionada con el curtido. La cecina menos,
aunque vendemos en Aragón y Cataluña.
-Cecina de vacuno, de pato, de carne de conejo, ¿con
la de equino ya han salvado la barrera psicológica?
-Lo mejor es explicar las características de
la carne, yo digo que este producto es como un jamón...
es jamón de caballo.
-¿Posibilidades en la cocina?
Todas, y no solo como entremés.
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