Con sabor regional
   
06/04/07 | Análisis|
Gigante sin curar
 

JAVIER PÉREZ ANDRÉS.

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El sector del queso es un gigante sin curar. Sigue sin encontrar ese lugar en el mercado y en el consumo que culturalmente le pertenece y que socialmente debería ocupar por su aportación como alimento tradicional, y por ser hoy un producto de alta calidad cada vez más diverso. Las industrias lácteas, o sea, las queserías (qué bien suena y qué poco se utiliza este vocablo), tiran de la cabaña ovina y son un revulsivo en la economía rural. Cada vez son más las pequeñas explotaciones ganaderas que han dado el salto a la transformación. Un matiz que enriquece la imagen. Pero, a pesar del buen momento, el queso regional no acaba de convertirse en una clara seña de identidad que asocie producto y región. Castilla y León es tierra de vinos y cuenta con referencias de marcas y zonas. Algo que debería ocurrir con el queso, pues existen sólidos argumentos histórico-culturales y producto variado. Sin duda, el Duero –formando parte del enunciado de la MG– es un buen reclamo. Teniendo en cuenta la relación con la Federación de Industrias Lácteas es, además, representativo. Ahora lo que hace falta es dar con la fórmula para que el genérico ‘queso de calidad regional’ se ponga a la altura del vino, como en Francia.


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  Catimpalitos a la brocheta  
Ingredientes (seis personas):
Se necesitan dos bolsas de cantimpalitos, cien gramos de bacon en lonchas finas, tres dientes de ajo, una ramita de perejil y un poco de jerez seco. Son precisas agujas de pinchos morunos para hacer las brochetas.
Lo primero que se hace es cortar el bacon en trocitos finos, de unos dos centímetros de grosor, para que no se consuman demasiado en la plancha. Por otro lado se pican los tres dientes de ajo, muy finos, junto con la ramita de perejil. Se cogen las agujas de los pinchos morunos y se van colocando los cantimpalitos, es decir, los chorizos de Cantimpalos que se venden específicamente preparados para la barbacoa. Es necesario alternar un cantimpalito con un trozo de bacon, hasta completar la brocheta. Una vez listos los pinchos, se ponen en la plancha. Hay que tener cuidado para que no esté demasiado caliente, con la finalidad de que se asen bien y vayan soltando el jugo poco a poco. Cuando estén casi hechos, se espolvorean los pinchos con el ajo y el perejil picados. Ahora se les da la vuelta y se rocían con el jerez seco. La cantidad que se necesita de licor depende del gusto que se le quiera dar. Se da la vuelta a las brochetas y una vez que se perciba que el jerez se ha evaporado el plato estará listo para servir. Receta de Dioniso Duque, Maestro Asador. Restaurante Duque, Segovia.
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