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Con sabor regional |
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| 18/01/08 |
| Análisis|
Aceituneros altivos |
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JAVIER PÉREZ ANDRÉS. |
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ACE tan sólo una década el olivo y el aceite eran una anécdota en los tres enclaves olivareros de la región, identificada con el consumo propio de los socios de las cooperativas. Los nuevos tiempos y la proyección agroalimentaria fueron motivando a olivareros y a estas entidades asociativas a replantearse el futuro de sus olivos que, por fortuna, se enmarcan en un sector nacional con posibilidades.
En este periodo el olivo saltó del arribe, de las Cinco Villas y del Tiétar a la meseta, y Valladolid –algo incomprensible hace unos años– se lanzó con fuerza y acierto a las nuevas plantaciones de olivos. Nunca llegaremos a competir con la madre del olivar, el sur de España, pero vuelve de nuevo a ponerse sobre la mesa la posibilidad de contar con un buen aceite de oliva, con su apellido geográfico y su sello regional. Así enriquecemos nuestro arco alimentario de productos de calidad diferenciada.
No llegaremos a ser aceituneros altivos, pero la almazara es una seña de identidad bien anclada en la tradición y la arquitectura, y ahora, aplicando las tecnologías y los criterios de calidad, puede competir con el lagar si todos ponemos de nuestra parte: productores, instituciones, hosteleros y consumidores.
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| Ingredientes |
| Se preparan artesanalmente con margarina, harina, sal, mantequilla,
huevos, vino blanco y aceite. La masa de hojaldre lleva mantequilla
y un poco de glasa (pasta elaborada con azúcar y clara de
huevo). |
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Las teclas son pastas de hojaldre cuadrangular de color crema
pálido con unas dimensiones aproximadas de 4,5 cm. de lado
por 2 centímetros de espesor. Tienen una textura muy crujiente
y, salvo raras excepciones, la capa superior es lisa.
Se elaboran principalmente en pastelerías de la capital leonesa
y pueblos próximos, aunque en Cistierna, donde toman el sobrenombre
de San Guillermo, existe una gran tradición y se diferencian
del resto por una ligera capa de almendra molida. Las teclas se pueden
adquirir en numerosas pastelerías, tiendas y grandes almacenes
y, por lo general, en envases vistosos y cajas de medio kilo, lo
que permite su fácil manejo. Si está bien empaquetada
se conserva hasta cuatro meses.
Aunque no es un producto alimentario que se pierda en lejanas tradiciones,
al menos está suficientemente documentados desde principios
del siglo pasado. Desde 1908 se tienen referencias de este dulce
que se ha mantenido a lo largo de décadas hasta ocupar, por
derecho propio, un sitio entre los dulces tradicionales de la región. |
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