| 22/02/08 |
| Análisis
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Más promoción |
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JAVIER PÉREZ ANDRÉS. |
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Lejos estamos de lograr que la sociedad asuma el
queso como algo más que un producto alimentario.
No podemos poner a este alimento en el mismo punto
de mira que el vino, pues este ha contado con todo
un aparato
de promoción en el que participan
no sólo los agentes implicados
en la producción sino el propio
común, que ha tomado el asunto del vino casi como una cruzada de defensa
de lo suyo.
Los sumilleres, y la hostelería en
general, también han contribuido a que el lenguaje de la cata y la cultura
del vino se propague en todos los campos, incluido el de la rentabilidad. Tal
vez la
explicación esté en que el bodeguero ha sabido acercarse a la prensa
especializada y generar
corrientes de opinión, al profesional
de hostelería y a la sociedad generando una escalera interminable de actos,
catas, degustaciones, presentaciones, y publicaciones. En este sentido el sector
del queso, a pesar de su
enorme volumen productivo y
económico, no ha puesto todo el cuajo necesario. A las tablas de quesos,
al lenguaje de la cata y la
promoción del consumo –si bien
ya no es tan desconocido– le falta mucho para calar fuerte entre los consumidores.
La guía sobre
el etiquetado es una buena herramienta
que conviene engrasar.
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