Con sabor regional
   
28/12/07 | Análisis|
Lentejas en Nochevieja
 

JAVIER PÉREZ ANDRÉS.

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NO es fácil cambiar conductas a los terracampinos, pero si tenemos en cuenta que ya están acostumbrados a cambiar de cultivos, este fin de año tiene algo especial para los agricultores que se empeñaron en resucitar una de las legumbres más sabrosas del panorama alimentario, la pequeña, cremosa, coloreada y sabrosa lenteja pardina que, casualmente, despide el 2007 y recibe al 2008 con los exámenes aprobados y con matrícula de honor.

Todas las instituciones europeas han refrendado que, precisamente por su singularidad, se merece un marchamo oficial. Razón de más para copiar a los italianos y cambiar las doce uvas por doce cucharadas de lentejas pardinas cuando suenen las campanadas, y si el escenario es la era o la plaza mayor, mejor que mejor.

La iniciativa tendría su toque mediático y noticioso, y la pardina entraría en el nuevo calendario como el anuncio de Freixenet. Pero como no es fácil contratar a Scorsese para que escriba el guión, dejemos que un cocinero dirija el estofado. En cuanto al garbanzo de Fuentesaúco, desconozco si existe una tradición que le haga protagonista, pero con un poco de imaginación se podrían cambiar por las uvas. Se imaginan... doce garbanzos.


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  El asado tradicional  
Ingredientes
2 cuartos de lechazo; 1 cabeza de ajos, laurel, manteca de cerdo y agua. Esta opción de asado es una de las más tradicionales.

Consigue que la grasa interior del lechazo se deshaga con lentitud introduciendo jugosidad a la carne y dotandole de una corteza bastante crujiente. En primer lugar hay que calentar el horno a 180 grados (si es de leña, mejor). Untar el lechazo con una disolución de agua con sal para que penetre dentro sin que se quede en la piel después de asado. También se unta con manteca de cerdo sobándolo cinco minutos. Se coloca en una rustidera junto con los ajos y el laurel, se introduce en el horno dejando que se ase durante hora y media (a la misma temperatura). Pasado este tiempo, se saca el lechazo y se añade agua en el fondo de la rustidera. Ayudados por una espátula, soltamos el caramelo que se ha formado con el asado, se cuela el jugo y se corrige la sal. Se sirve recién asado después de sacarlo del horno, con salsa por encima y en una cazuela de barro. Se le puede acompañar de ensalada o pimientos fritos.

Receta elaborada por Carlos D. Cidón, del Restaurante Vivaldi (León).

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