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El escenario fue el Palacio
de Canedo, en el corazón de la olla berciana,
con un protagonista de excepción: el empresario
Prada a Tope, que fue el depositario de la contraetiqueta
número un millón de la Indicación
Geográfica Protegida (IGP) Pimiento Asado del
Bierzo. El acto, celebrado la semana pasada, tenía
todos los ingredientes para convertirse en un evento
agroalimentario de primer orden, pues el tarro y la
contraetiqueta un millón demostraban que el
camino recorrido por los hortelanos y envasadores bercianos
desde aquel otoño del año 95 había
merecido la pena.
En el 2002 se protegió el pimiento asado con
una Indicación Geográfica Protegida.
En el 2008, los defensores de la figura de calidad
que garantiza el método de elaboración,
los procesos de asado y envasado y los elementos para
su desarrollo, como el combustible y la propia calidad
del pimiento han obtenido su recompensa. Hoy, la IGP
Pimiento Asado del Bierzo se ha ganado su sitio en
la industria conservera de frutas y hortalizas; es
un producto que entra en las conservas vegetales con
una personalidad propia que define la variedad, el
suelo y el clima, así como los controles de
calidad del producto ya acabado.
Tan sencillo como garantizar al consumidor que dentro
de un tarro de cristal amparado por el Consejo Regulador
de la IGP se encontrará con trozos en lomos
enteros con muy pocos restos, o ninguno, de piel quemada
y una carne frutal de un grosor medio. Algo que parece
sencillo y que, a primera vista, cualquier bote de
pimientos es susceptible de cumplir. Pero no es así porque
esta Indicación Geográfica Protegida
tiene definido el pimiento ecotipo Bierzo, que sale
de la huerta con forma triangular, la punta roma, tres
lóbulos como máximo y las paredes lisas.
Desde el punto de vista organoléptico, el pimiento
debe mantener unas tonalidades naranja oscuro-rojo,
ser uniforme en los trozos, no muy duro, mantener un
sabor frutal con cierto amargor propio del pimiento
y una sensación a humo de leña no muy
intensa, para que el pimiento y su componente primario
permanezcan. Éste era el verdadero motivo de
celebración por parte de las nueve envasadoras
y el medio centenar de hortelanos cuando celebraron
la contraetiqueta un millón.
El pimiento de la huerta berciana, con esta fórmula,
tiene una salida clara hacia la transformación
y contribuye a mantener las señas de identidad
alimentarias, así como a que los cultivos de
los pequeños agricultores mantengan su actividad.
Nueve empresas
La zona geográfica delimitada por el reglamento
de esta figura de calidad se encuentra en el centro
de la comarca, una zona de cultivo que coincide con
la de elaboración y que abarca municipios como
Arganza, Bembibre, Cacabelos, Camponaraya, Carracedelo,
Carucedo, Molinaseca, Villafranca del Bierzo o la misma
capital, Ponferrada.
En esta área mantienen en pie la bandera de
la calidad plantas envasadoras como las de De lo Nuestro
Artesano, Industrias del Bierzo, Prada a Tope, Pimientos
Bercianos (Piber), La Moncloa de San Lázaro,
La Mujer del Herrero, Castro Picón, Conservas
Macías o Bergidum.
Elaboración
Asado a la plancha o al horno
El reglamento de la IGP Pimiento Asado del
Bierzo establece que el tiempo máximo
que puede transcurrir desde la recolección
es de cinco días, o hasta diez si
permanece en cámara de conservación.
El asado del pimiento se realizará a
la plancha o al horno, alimentados por leña
-de encina, roble, chopo o castaño-
o gas -propano o natural-.
Descorazonado
El pimiento no llega a sumergirse en agua
Una vez asado el pimiento, el equipo de embotado
acomete el proceso de descorazonado, pelado
y eliminación de semillas, lo que
se realiza de forma manual y artesana. Eso
sí, sin que en ningún momento
el fruto sea sumergido en agua o soluciones
químicas. El caldo de gobierno que
acompaña al pimiento en el envase
es el jugo que desprende al ser asado.
Historia
Reflejo de la tradición comarcal
La localidad de Ponferrada empezó a
cultivar el pimiento a mediados del siglo XVII,
favorecido por el clima suave que caracteriza
a la comarca. El producto se secaba, hasta
que en 1669 los elaboradores comenzaron a asar,
lo que incrementó el consumo de forma
considerable. Sus virtudes se impusieron hasta
hacer de él un símbolo de la
comarca. |
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