Con sabor regional
   
30/03/07 | Análisis|
Paisaje rural
 

JAVIER PÉREZ ANDRÉS.

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Una cereza que alcanza una figura de calidad puede parecer una anécdota si se la compara con otro producto alimentario de mayor volumen en cifra de negocio. Pero tiene argumentos de vital importancia para el mantenimiento del paisaje rural, pues no solo se trata de la bella estampa de la floración del cerezo; lo importante es el mantenimiento de los frutales, cuya actividad genera ocupación y lleva consigo prácticas culturales y mejora del fruto. No se pretende desbancar en los mercados –sería imposible con los rendimientos y cifra de árboles– pero sí mantener otra producción local más, complementaria, que genere actividad en el medio rural. La imaginación en la transformación es el verdadero reto del presente inmediato. No olvidemos que la flor del cerezo asaltó los telediarios y su fruto empezó a viajar por el mundo metido en un frasco de aguardiente. Ese fue el primer ejemplo de imaginación. Hoy, desde el escarchado a la confitura, se abren más posibilidades. Los japoneses han hecho del sakura un fenómeno y cuando está en flor las familias se retratan bajo sus ramas rosadas. El árbol y la fruta son bienes culturales y en esta región ya tienen apellidos, más o menos oficiales, que siempre se vinculan a la geografía.


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  Truchas marinadas  
Ingredientes
Se necesita una trucha grande, de un kilo y medio aproximadamente; sal y azúcar; eneldo, algún licor y aceite de oliva.

El pescado se presenta emplatado, loncheado en filetes muy finos. Esta receta apenas tiene grado de dificultad, y el secreto radica en el tiempo de marinado, secado, oréo y en el punto idóneo de las especias que le dan un sabor característico. Esta receta tiene a favor que la materia prima es de fácil adquisición tanto en los supermercados como en las pescaderías, y satisface un primer plato o entrante en verano.

Su degustación también se puede trasladar a otras épocas del año. Lo primero que hay que hacer es desespinar la trucha fresca, para luego colocarla en un recipiente con sal y azúcar, a partes iguales. Se adereza con eneldo y algún licor al gusto.
Hay que dejarlo macerar entre 24 y 60 horas. Una vez transcurrido este tiempo se lava y se orea hasta que alcanza el punto de secado idóneo. Se presenta en lonchas, bañadas con aceite de oliva y se acompaña con una vinagreta.

Este último paso es muy importante, y puede dar mucho de sí, si se extienden los filetes en un plato base o en una fuente de cerámica. Admite pequeños adornos vegetales, en los bordes o en el centro. Receta de Benito Moreno. Mesón-Piscifactoría La Fuentona.

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