| 23/06/06 |
Legado cultural |
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JAVIER PÉREZ ANDRÉS. Fotografía
de Argi |
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Que la producción de carne se puede obtener desde
diferentes prismas, nadie lo pone en duda. Incluso la
calidad de la misma, sin entrar en intensivo o extensivo,
autóctono, foráneo y cruce, puede satisfacer
la demanda de un mercado con garantías de calidad.
Pero la defensa y la apuesta por una raza autóctona
como la sayaguesa va mucho más allá de
las leyes sanitarias, las normativas de calidad y las
propiedades de la carne. Es la apuesta por defender
un patrimonio genético, en definitiva, una parte
de nuestra cultura heredada, en este caso, de los bueyes
sayagueses. Tiene connotaciones medioambientales, frena,
en parte, la despoblación y mantiene el monte.
Sin duda, esta es la cara de la nueva trashumancia y
un ejemplo a seguir.
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