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Denominaciónes
de Origen e Indicaciones Geográficas Protegidas
Reconocidas |
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| Cecina de León |
| Indicación Geográfica
Protegida |
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| [ Características del producto] |
La
Cecina de León es un producto cárnico
salado y curado, elaborado a partir de las cuatro masas
musculares que forman los cuartos traseros del ganado
vacuno mayor denominadas tapa, contra, babilla y cadera.
Tapa: Masa carnosa, de forma cónica,
aunque es plana medio lateralmente. Está formada
por los músculos mediales del muslo, concretamente
el músculo sartorio, pectíneo, grácilis,
aductor, semimembranoso, cuadrado del muslo y porción
extra pélvica del músculo obturador externo.
Contra: Está formada por la contra propiamente
dicha y el redondo, que adopta una forma de prisma triangular
algo cilíndrico. El redondo está formado
exclusivamente por el músculo semitendinoso,
y la contra por el músculo gluteo-bíceps.
Babilla: Pieza de forma ovoidal, integrada
por los componentes del músculo cuadrado del
muslo (músculo recto del muslo y vaso lateral,
intermedio y medial).
Cadera:
De forma triangular, comprende el músculo
glúteo medio, accesorio y profundo, así
como los músculos gemelos de la cadera.
Las características de la «Cecina
de León» son:
Aspecto exterior típico: La cecina tendrá
un color tostado, pardo, ligeramente oscuro, propio
del proceso de elaboración.
Coloración y aspecto al corte: Al corte,
la cecina tendrá tonalidades desde color cereza
a granate, acentuándose éste en los bordes
al final del proceso madurativo y presentará
un ligero veteado de grasa, que le proporciona su jugosidad
característica.
Peso: El peso mínimo de cada uno de
los diferentes tipos de piezas será el siguiente:
– Tapa: 4 kg.
– Contra: 5 kg.
– Babilla: 3,5 kg.
– Cadera: 3 kg.
Sabor y aroma: Carne de sabor característico,
poco salada, de consistencia poco fibrosa. El efecto
que resulta del ahumado aporta en el proceso de maduración
un aroma característico, apoyando el conjunto
de sabores.
Forma de presentación de las piezas: Las
piezas presentarán enteras, envueltas o enfundadas,
presentadas en porciones o en lonchas envasadas al vacío,
o en otros sistemas que apruebe el Consejo Regulador.
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| [ Delimitación geográfica] |
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La zona geográfica de elaboración de
la «Cecina de León» comprende única
y exclusivamente la Provincia de León. |
| [ Elementos que prueban que el
producto es originario de la zona] |
| Los
elementos que prueban que el producto es originario
de la zona son las propias características del
producto y los procedimientos establecidos para el control
y certificación.
Características del producto
Las cecinas presentan unas características, mencionadas
en el apartado correspondiente a la descripción
del producto y que la relacionan con su medio natural
y su elaboración.
Procedimientos de Control y Certificación,
que controlarán que:
– Las industrias elaboradoras estén ubicadas
en la provincia de León, inscritas en el Registro
del Consejo Regulador y reúnan las condiciones
Técnico-sanitarias exigidas en la legislación
vigente y en el Reglamento de la Indicación Geográfica
Protegida «Cecina de León», entre
ellas la obligatoriedad de marcar en sangre la totalidad
de las cecinas que producen.
– Las piezas utilizadas en la elaboración
de las cecinas amparadas proceden de ganado vacuno mayor,
preferentemente de razas autóctonas de Castilla
y León.
– El proceso de elaboración sigue las directrices
del Reglamento de la Indicación Geográfica
Protegida «Cecina de León».
– El producto final se somete a los análisis
correspondientes para poder garantizar su calidad.
– Finalizados todos los controles citados anteriormente
y calificada la cecina, sale al mercado con la garantía
del Consejo Regulador, materializada en los precintos
numerados del propio Consejo.
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| [ Método de obtención
del producto] |
| La elaboración
consiste en el proceso completo de transformación
de las piezas.
Una vez seleccionadas las mismas, que sólo podrán
proceder de establecimientos cárnicos autorizados
(mataderos y salas de despiece), que tengan en vigor
sus correspondientes registros, se procede a la curación,
que consta de seis operaciones: Perfilado, salado, lavado,
asentamiento, ahumado y secado.
– El perfilado permite ajustar la forma de las
piezas.
– El salado tiene por finalidad la incorporación
de la sal común a la masa muscular, favoreciendo
la deshidratación de las piezas y su perfecta
conservación, además de contribuir al
desarrollo del color y aroma típicos de los productos
curados. El tiempo de salazón tendrá una
duración mínima de 0,3 días y máximo
de 0,6 días por kg. de peso.
– El lavado tiene como finalidad el eliminar la
sal adherida y se realiza con agua templada.
– El asentamiento tiene por finalidad eliminar
el agua de constitución, hacer penetrar la sal
de una manera homogénea y uniforme, producir
la microflora característica y canalizar los
procesos bioquímicos de hidrólisis enzimática
que producirán el aroma y sabor característicos.
Al eliminarse lenta y paulatinamente el agua superficial,
las piezas adquieren una mayor consistencia. Esta fase
tiene una duración comprendida entre los 30 y
45 días.
– El ahumado se podrá hacer utilizando
leña de roble o encina. La duración de
esta fase estará comprendida entre los 12 y 16
días.
– El secado se hará clasificando primeramente
las piezas según peso y conformación.
Esta fase se realiza en secaderos naturales provistos
de ventanas con apertura regulable que permita controlar
tanto la temperatura como la humedad mediante el sistema
tradicional de «abrir y cerrar ventanas».
En estos locales permanecerán hasta completar
su maduración.
– Todo este proceso tendrá una duración
mínima de siete meses controlados a partir de
la fecha del salado. |
| [Etiquetado] |
| Las
etiquetas comerciales, propias de cada firma inscrita,
deben ser aprobadas por el Consejo Regulador. El producto
destinado al consumo irá provisto de precintos
numerados y expedidos por el Consejo Regulador, figurando
en ellos de forma destacada el nombre de la Indicación
Geográfica Protegida y la clase a que pertenece,
en función del tipo de pieza de que se trate:
Tapa, babilla, contra o cadera. Estos precintos serán
colocados en la industria inscrita y de forma que no
permita una nueva utilización de los mismos.
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| [Vínculo con el medio geográfico] |
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Histórico
A continuación se relatan algunos trazos de historia
acerca de la cecina:
En el capítulo 55 del Tratado Agrícola,
Lucio Junio Moderato Columela (s. IV a. C.) ya recoge
la cecina en sus páginas.
En el «Tratado de Agricultura General»
de Gabriel Alonso de Herrera, la cecina y la salazón
de carnes ocupa un lugar destacado, y en su capítulo
XL, indica la posibilidad de cecinar más tipos
de carnes, incluyendo la cecina de vacuno.
Enrique Gil y Carrasco, nacido en 1815, poeta y escritor,
refleja en sus numerosos reportajes y artículos
las costumbres de la provincia leonesa: En uno de ellos,
publicado en Madrid en 1843, titulado «El pastor
trashumante», relata la vida de los pastores,
a los que llama «hijos de la montaña».
En este artículo cuenta las despedidas de los
pastores de sus familias, para iniciar el camino junto
a las merinas por las cañadas:
«Para el siguiente día, ya estará
dispuesta la fiambrera del pastor, que consiste en una
gran provisión de cecina y jamón...».
En la colección «Tierras de León»,
Patrocinio García Gutiérrez señala
en su análisis de la población marginada
en la sociedad leonesa de la Casa de Expósitos
y el Hospicio de León entre otros productos,
la cecina que formaba parte de las dietas que constan
en documentos de época. Matías Rodríguez
Díez, en su historia de la Muy Noble, Leal y
Benemérita Ciudad de Astorga, editada en 1909
y reeditada en 1981, relata usos, costumbres, comercio,
historia, ferias e industrias.
Luis Alonso Luengo, Cronista Oficial de la Ciudad de
Astorga, es el encargado de prolongar el texto al que
fuera también Cronista de la Ciudad, Matías
Rodríguez Díez. En el capítulo
donde describe las bodas maragatas, dice de las comidas:
«La comida no ha de desmerecer del almuerzo,
los pavos, las gallinas, los pollos y demás aves
de corral, pagan bien caro el pato por haberse dejado
cebar «a papo qué quieres»:
de chuletas, cecina, chorizos y ternera, no hay
que hablar; y de rajas de jamón, la mar...».
Luis
Alonso Luengo, en su libro: «Los Maragatos,
su estirpe, sus modos», cita fuentes de Marqués
de la Ensenada, que recogen el número de arrieros,
carros y machos asignados a cada pueblo
maragato y otras particularidades de esta industria:
«Era un sistema que funcionaba a la perfección.
Cada viaje se iniciaba en el pueblo de origen y desde
allí hacia Coruña, Madrid y otros lugares
de España, trayendo y llevando y dejando de ciudad
en ciudad mercancías de todo orden, entre las
que se encuentra la cecina de vacuno».
Félix María de Samaniego (1745-1801),
utiliza con gran sentido el género de la Fábula.
Con ellas tiene una finalidad fundamentalmente didáctica
y su temática moralizante. En ellas, los animales
son protagonistas de comportamiento y maneras de actuar
y en las cosas, utensilios, productos, alimentos, etc.,
también intervienen en la temática general.
En su fábula VIII, «El ratón
de la Corte y el Campo». Samaniego también
menciona la cecina:
«Sus sentidos allí se recreaban, las
paredes y techos adornaban entre mil ratonescas golosinas,
salchichones, perniles y cecinas. Saltaban de placer
¡oh que embeleso! de pernil en pernil, de queso
en queso...».
León, 1835-1839: En el apartado del estado de
los efectos, géneros y frutos de todas clases,
consumidos en la Ciudad de León durante el quinquenio
de 1835 a 1839, en un año común, y de
proporción del consumo y pago de cada habitante
con expresión de las sumas devengadas a la entrada,
tanto por derecho de puertas como por arbitrios municipales,
la cecina ocupa un lugar entre las carnes, diferenciada
ésta con claridad entre la carne fresca y el
jamón.
En esos años, la Ciudad de León consumía
en un quinquenio 4.800 arrobas de cecina y en un año
común, 972 arrobas; y según la estadística
proporcionada por el diccionario Madoz, el consumo por
habitante en un año se estimaba en: «las
cantidades consumidas por individuo en un año
común es de 0,137 arrobas».
Se llegaron a pagar, en el quinquenio, por arbitrios
y derechos de puertas 9.005 reales. Gracias a estos
significativos datos, se conoce el precio aproximado
del kilo de cecina, con el que se comerciaba en la Plaza
Mayor de León y en los mercados de esas fechas:
6,20 reales.
Esta aportación documental del diccionario de
Madoz permite recoger la diferenciación del producto
del resto de las carnes frescas. Al mismo tiempo deja
calar la participación mercantilista de la cecina
en la ciudad procedente de las aldeas.
En el «Diccionario Enciclopédico de Ganadería
e Industrias Rurales», dirigido por López
Martínez Hidalgo Tablada y Prieto, distinguidos
y reputados agrónomos, describen, en varios apartados,
las características del ganado leonés
en la mitad del siglo XIX:
«El ganado vacuno, conserva en todas partes su
fuerza, su docilidad y la sobriedad característica
que permite alimentarle a poca costa y cebarle para
el engorde. Proporciona carne sustanciosa, muy sabrosa
y preferida para todas las clases sociales».
Destacan estos reputados agrónomos la importancia
de las reses leonesas, por sus formas y por sus productos,
por lo que afirman literalmente: «No hemos de
pasar en silencio las reses de la provincia de León»;
«Las reses leonesas se ceban fácilmente
y producen carne tierna y sabrosa». «La
riqueza pecuaria es bastante considerable en la provincia
de León. En las praderas leonesas pastan muchas
cabezas de ganado vacuno que, después de servir
para las labores del campo, porque solamente en la parte
meridional los labradores utilizan las mulas, el ganado
vacuno surte de carne a los mercados de la provincia
de León, Valladolid y Palencia. Las vacas y terneros
se venden para cecina en las ferias de los Santos y
San Andrés de León y en las de San Martín
de Mansilla».
El Porvenir de León, «Periódico
de intereses generales, noticias y anuncios»
del 30 de enero de 1886, publica:
«Se prohíbe, bajo la pena de comiso,
introducir, en esta ciudad, carnes muertas con destino
al consumo público. Se exceptúan de esta
disposición los canales de cerdo, jamones y menudos,
así como las cecinas».
José Francisco Isla de la Torre y Rojo, nació
en Vidanes el 24 de abril de 1703. Vivió parte
de su juventud en Valderas y a los dieciséis
años ingresó en la Compañía
de Jesús. Pronto fue conocido por el Padre Isla
y lograría ocupar un lugar destacado en la Literatura
Española del siglo XVIII. El Padre Isla se caracteriza
por el manejo de la pluma liberal, satírica e
irónica, y su obra cumbre le vincula particularmente
a la sátira contra los predicadores de su tiempo.
El escenario es Leonés: En la descripción
que hace de Antón Zotes, en la obra «Fray
Gerundio de Campazas», el Padre Isla nos arroja
la primera cita de la Cecina de León, señalando
en ella la calidad y variedad de las comidas de tan
singular personaje:
«Hombre de machorra. Cecina y pan mediado
los días ordinarios, con cebolla o puerro por
postre; vaca y chorizo los días de fiesta. Su
torrezno corriente por almuerzo y cena...».
En el primer sermón de Fray Gerundio, el Padre
Isla relata con detalle las viandas que se ofrecen en
la comida:
«Dióse principio a la comida según
la costumbre de comer en mesas de mayordomía,
en donde hubo: cordero asado, conejo, salpicó
su olla de vaca y carnero y en gran abundancia cecina
de vaca, chorizo y jamón...».
Una
obra de gran valor literario y exegético de principios
de siglo XVII, es «La Pícara Justina».
El personaje principal, Justina, el desarrollo y trances
donde está ubicada la obra, es gran parte de
la provincia de León y la capital. En Mansilla
de las Mulas, los padres de Justina tienen mesón.
En él paran arrieros y viajeros. Entra las viandas
que ofrecen no falta la cecina de vacuno, diferenciada
del resto de los productos cárnicos y los embutidos.
La pícara Justina, es un fiel testimonio de la
sociedad rural leonesa de la época. En 1729 tenemos
constancia documental de una matanza reciente. Consta
en el legajo 2483/10 del Archivo Diocesano de Astorga
y es el inventario de los bienes que quedaron de Don
Diego Venero y Vargas, canónigo de esta Ciudad
que falleció en 1729, sin hacer testamento:
«Don Diego se fue recién hecha la matanza.
El precio de los cerdos aún lo recordaban sus
criados y por eso los señores respetables que
pasaban lista a sus pertenencias hallaron este reconfortante
cuadro: Halláronse en la cocina de dicha casas,
cuatro tocinos, con las longanizas y salchichones que
con ellos se hicieron y por declaración de los
familiares que quedaron de dicho Don Diego, parece costaron
los dos cerdos, 408 reales y medio y con esta expresión
mandó su merced, se ponga por inventario dichos
tocinos con espinazos, papadas y más menudencias
y en que entran cinco tripas de manteca, ítem
se hallaron e inventariaron en dicha cocina seis piezas
de cecina de vaca, todas ellas de costillar y de espalda
que se regularon en doce reales».
Natural
Orografía
Como el área que abarca la Indicación
Geográfica Protegida es toda la provincia de
León, existe una diversidad de paisajes, pasando
desde la montaña, el valle y la meseta. Las características
de su orografía no sólo condicionan su
agricultura y ganadería, sino que la alimentación
se ciñe a los condicionantes climáticos,
permitiendo éstos la elaboración de carnes
secas y curadas al viento, especialmente en la mitad
norte donde la altitud es superior a 800 m.
Clima
La altitud media de la provincia de León, por
su situación geográfica en el extremo
de la Meseta Norte, con la cadena montañosa de
León y las estribaciones de la Cordillera Cantábrica,
está en torno a los 700 m. ofreciendo un clima
extremo, de inviernos muy fríos y secos, y veranos
calurosos, con un largo período de heladas, apto
para la elaboración artesanal de cecina.
El régimen pluviométrico presenta máximas
de precipitaciones en la estación fría
y mínimas coincidiendo con las máximas
termométricas.
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| [Estructura de control] |
| El control de la Indicación
Geográfica Protegida corresponde al Consejo Regulador,
órgano profesional formado por representantes
del sector elaborador.
Está constituido por:
– Un Presidente.
– Un Vicepresidente.
– Seis vocales en representación del sector
elaborador.
– Dos vocales técnicos, con conocimientos
del sector cárnico.
Los cargos de los vocales en representación del
sector elaborador son renovados cada cuatro años,
mediante elecciones democráticas.
Ámbito de competencias
a) En lo territorial, por la zona de elaboración.
b) En razón del producto, por los protegidos
en cualquiera de sus fases de elaboración, circulación
y comercialización.
c) En razón de las personas, por las inscritas
en el Registro de Industrias del Consejo Regulador.
Funciones
– Elaborar y controlar el Registro.
– Orientar, vigilar y controlar la elaboración,
acondicionamiento y calidad de las cecinas protegidas.
– Calificar el producto.
– Promocionar y defender la Indicación
Geográfica Protegida.
– Resolver los expedientes sancionadores por incumplimiento
del reglamento.
– Actuar con plena responsabilidad y capacidad
jurídica para obligarse y comparecer en juicios,
ejerciendo las acciones que le corresponden en su misión
de representar y defender los intereses generales de
la Indicación Geográfica Protegida.
Consejo Regulador IGP Cecina de León
C/ PP. Redentoristas, 26
24700 Astorga (León)
Tel. (987) 61 52 75
Fax: (987) 61 75 87
E-mail: consejo@cecinadeleon.org.
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| [ Norma legal] |
| – Orden de 17 de
enero de 1994, de la Consejería de Agricultura
y Ganadería, por la que se aprueba el reglamento
de la Denominación Específica «Cecina
de León».
– Orden AYG/1290/2004, de 29 de julio, por la
que se modifica el Reglamento de la Indicación
Geográfica Protegida «Cecina de León
».
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Tronco de hongo negro y setas
de cardo con ‘Mi mole de Campos’ y chips de albahaca |
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| Ingredientes |
8 discos de pasta brick.
Para el relleno: 1/2 cebolla, 1/2 puerro, 1/2 kg. de huitlacoche,
200 grs. de seta de cardo, albahaca, sal, pimienta, aceite de oliva.
Para el Mole de Campos: 4 ñoras y pimientos choriceros, 4
guindillas rojas secas y otras 4 verdes, 1 diente de ajo, 1/4 de
cebolla, 1 cucharada de piñones, 4 almendrucos, 2 tomates,
20 grs. de chocolate negro, 20 grs. de uvas pasas, sal, pimienta,
canela, agua, aceite de oliva y 150 grs. de queso fresco de vaca
sin curación y cremoso.
Para el tronco: Preparamos con la pasta brick o cilindros y horneamos
durante 2 minutos. |
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Para el relleno, cortamos la cebolla y el puerro en brunoise
y lo rehogamos en blanco con el aceite. Una vez bien pochado, añadimos
el hongo negro cortado de la misma manera. Cuando esté en
su punto añadimos la seta de cardo cortada de la misma manera
y la añadimos. Salpimentamos y añadimos la albahaca
bien picada. Para mi Mole de Campos: Extraemos la carne de las ñoras
y reservamos. Freímos las guindillas secas sin pepitas (en
el aceite). En el mismo aceite ponemos a freír la cebolla,
el ajo, los frutos secos y reservamos. Asamos los tomates a fuego
fuerte, pelamos y quitamos las pepitas. En el aceite anterior freímos
el tomate y damos una vuelta al resto de los ingredientes. Salpimentamos,
añadimos canela y chocolate. Cuando esté deshecho el
chocolate pasamos todo por la termomix, lo pasamos bien con un poco
de aceite de oliva. Tamizamos y reservamos. Presentación
del plato: Colocamos una quenelle de queso en un lateral del plato
y
lo templamos. Sobre este queso colocamos los troncos de brick rellenos
de la pasta de hongo negro. Salseamos con mi Mole de Campos y decoramos
con unas hojas de albahaca fritas y crujientes.
Receta de Erika Sánchez (La Traserilla, Palencia). |
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