| La cereza serrana protegida,
que se circunscribe a la producción en fresco,
comprende una zona de producción que abarca
60 municipios de esta comarca serrana. Aunque las hectáreas
de cultivo son difíciles de cuantificar puesto
que se trata de un cultivo asociado –las plantaciones
más antiguas comparten terreno con olivos, viñedos
y ciruelos– la cifra puede alcanzar las 700 hectáreas,
según la Asociación El Cerezo, propietaria
de la marca.
Dentro de sus cualidades organolépticas, la cereza
serrana tiene una jugosidad alta, es crocante, redonda
y de forma simétrica, y presenta un color rojo
más o menos intenso dependiendo de la variedad.
Son firmes y duras al tacto y la piel no debe tener defectos
ni rugosidades. Su sabor es dulce equilibrado, debido
a su contenido en azúcares y su acidez. Su persistencia
en boca es alta, así como la permanencia y duración
del sabor. Su recolección, poda y aclareo se desarrolla
de forma manual y, aunque la fecha de recogida empieza
a finales de mayo –con la variedad más temprana–,
hasta mediados de julio no está lista la más
tardía. A diferencia de otras, las variedades
para consumo en fresco se clasifican en función
del momento de recolección: la temprana es la
tipo burlat, la de media estación es la corazón
serrano y/o california y la tardía es la picota.
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