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| Iglesia
de Santiago Apóstol
de Villafranca. |
Álbum
de fotos de Villafranca
Montes de Oca |
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VILLAFRANCA
MONTES DE OCA
Villafranca, casi equidistante
de Burgos y Santo Domingo de
la Calzada y al pie del puerto
de La Pedraja, resume en su
dilatada historia buena parte
de la de Castilla. Su origen
está en la romana ciudad
de Auca, donde los visigodos
situaron luego sede episcopal.
A fines del siglo IX, otra vez
en manos cristianas, Oca se
erigió en cabeza de un
importante alfoz, queriendo
el rey Sancho II que albergase
de nuevo la sede diocesana.
Aunque de modo efímero,
pues, en 1075, se trasladó
ésta a Gamonal y en breve
a la ciudad de Burgos, ahora
a propuesta de Alfonso VI.
Este hecho, junto con las campañas
del aragonés Alfonso
I el Batallador contra su esposa,
la reina leonesa doña
Urraca, marcaron el ocaso del
viejo lugar como centro de decisión.
Pero la vitalidad del Camino
de Santiago había ya
germinado, desarrollándose
junto a él una importante
puebla, Villafranca, hito jacobeo
donde la reina Violante, esposa
de Alfonso X, estableció
en 1283 un hospital para peregrinos,
prestigiosa institución
que pese a las reformas aún
sobrevive. El lugar tenía
fama en la Edad Media de peligroso,
por infestado de salteadores,
quienes, amparados en los densos
bosques circundantes, asaltaban
a los peregrinos, a decir del
autor del Codex Calixtinus.
Monasterio de San Felices
de Oca
Del rico pasado en iglesias
y ermitas, hoy la población
conserva sólo tres. La
antigua parroquia de Santiago,
junto al castillo y muy probablemente
románica, desapareció
a fines del siglo XVIII, cuando
se construyó la actual,
en la que se reutilizaron algunas
de sus piedras. Al sur del caserío
se encuentra la ermita de Nuestra
Señora de Oca, de origen
prerrománico y con reformas
de época gótica
y posterior. Y por fin los vestigios
del antiguo monasterio de San
Felices de Oca, ruinas solitarias
y desvencijadas situadas al
nordeste de la villa, junto
al Camino de Santiago, aunque
parece que siempre se mantuvo
al margen del trasiego del mismo.
Su nebuloso origen se remonta
a la Alta Edad Media, teniéndose
ya noticias de su existencia
en el año 863. En el
siguiente, el conde Diego Rodríguez
–fundador de Burgos- donó
a los monjes de San Felices
varias iglesias y heredades,
añadiendo nuevos bienes
y privilegios algunos años
más tarde. Quiere la
tradición que aquí
se enterrase el conde, en un
monasterio que siguió
prosperando hasta que en 1049,
el rey navarro García
de Nájera lo entregó
a los monjes de San Millán
de la Cogolla.
Lo poco que hoy queda de este
cenobio denuncia su antigua
fundación, de cronología
prerrománica, con su
cabecera cuadrada construida
a base de grandes sillares de
arenisca en los que se integran
algunas estelas romanas, cubierta
cupulada y arco triunfal de
neta herradura, morfología
que nos acerca a otros edificios
prerrománicos burgaleses,
como San Vicente del Valle,
San Pedro el Viejo de Arlanza
o Quintanilla de las Viñas.
El insigne historiador burgalés
Luciano Huidobro llegó
a ver alzados los muros de su
desaparecida nave en la primera
mitad del siglo XX, al igual
que quien esto escribe vio,
a finales de la misma centuria,
un fragmento de imposta ajedrezada
románica entre las piedras
que rodeaban la cabecera.
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© Fundación Santa
María la Real-Centro
de Estudios del Románico
Texto y fotos: Jaime Nuño
González
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