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norte. / J. M. Rodríguez |
Santa
Marta de Tera (Zamora) |
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Santa
Marta de Tera (Zamora)
Monasterio de Santa
Marta
Al norte de la provincia de
Zamora, en pleno valle del río
Tera, y a unos 27 kilómetros
de Benavente, se encuentra la
localidad de Santa Marta de
Tera. Siguiendo planteamientos
de Augusto Quintana parece ser
que la vida monástica
en este lugar comenzó
en la primera mitad del siglo
X, bajo el amparo de los grandes
obispos de Astorga, San Genadio
y San Fortis. La primera mención
documental no la encontramos
hasta el año 979, siendo
una carta de donación
al monasterio por parte de varios
personajes de origen mozárabe.
Las siguientes referencias documentales
nos proporcionan el nombre del
primer abad, Julián,
en el 983, así como noticias
de contribución a la
ampliación del cenobio
por parte de las familias más
notables del reino leonés,
por ejemplo, el conde Gutierre
Alfonso en 1053 o la infanta
Elvira, hija de Alfonso VI en
1151.
Aunque del conjunto monástico
de Santa Marta de Tera sólo
ha llegado hasta nuestros días
su iglesia, ésta constituye
uno de los mejores ejemplos
del románico regional,
no sólo por sus características
arquitectónicas y escultóricas,
sino también por su magnífico
estado de conservación.
En su construcción se
emplearon grandes bloques de
pizarra, sobre todo en la nave,
reservándose la piedra
arenisca para la decoración
escultórica. Presenta
una planta de cruz latina, con
cabecera cuadrada, transepto,
cimborrio y nave articulada
en tres tramos. Actualmente
el cimborrio y los brazos del
transepto se cubren con armaduras
de madera, mientras que en la
cabecera se emplea bóveda
de cañón y en
la nave bóveda de arista
para los tres tramos.
Parece evidente la existencia
de dos fases constructivas diferentes
aunque no muy distanciadas en
el tiempo. Primeramente se plantea
el conjunto del edificio pero
no se llegó a concluir
la parte superior de la nave
y los abovedamientos. En la
segunda fase constructiva se
concluye el edificio completándose
los muros a partir del cuerpo
de ventanas y las bóvedas
de arista. Existen varias teorías
sobre los motivos que motivaron
la conclusión del templo
en dos momentos. Por un lado,
Bango Torviso sostiene que se
debe simplemente a una duplicidad
de campañas constructivas,
mientras que Gómez Moreno
piensa que la segunda fase es
debido a un hundimiento o incendio
producido en la primitiva fábrica.
De cualquier modo tenemos como
resultado dos momentos claramente
diferenciados, el primero fechable
en torno a los años finales
del siglo XI, mientras que las
ventanas y las bóvedas
de arista se realizan durante
el siglo XIII.
Pero este edificio no es sólo
destacable por su arquitectura,
sino también por el trabajo
escultórico presenta
que manifiesta una clara relación
con la escultura de San Isidoro
de León. Los capiteles
del arco triunfal responden
a una mano excepcional: en la
cesta del lado derecha se representa
una figura desnuda dentro de
una mandorla, elevada por una
pareja de ángeles , representándose
así la ascensión
del alma. Estilísticamente
se asemeja a capiteles del interior
de San Isidoro y a las figuras
del tímpano de la Puerta
del Perdón. El capitel
del lado de la epístola
es de temática vegetal,
con un piso inferior de hojas
lobuladas y sobre él
una corona de hojas partidas
con bolas en sus puntas. Fruto
de esta misma mano son también
los capiteles del arco formero
que une la nave con el crucero,
vegetales a base de hojas lanceoladas
con piñas en sus puntas
y los capiteles interiores de
la ventana del testero de la
capilla absidal, en los se muestran
diversos pasajes del Antiguo
y Nuevo Testamento como el sacrificio
de Isaac, la Adoración
de los Magos o una escena con
dos figuras identificadas como
el rey David y Saúl.
El resto de los capiteles de
las ventanas manifiestan la
actividad de escultores de segundo
orden, que, aunque siguen los
patrones anteriores, lo hacen
con menguados recursos técnicos.
Igualmente en los canecillos
de la cabecera, el transepto
y el cimborrio se observan las
manos de dos maestros diferentes:
los canecillos del primero,
tanto en el tema como en la
factura, son de una clara inspiración
isidoriana, con modillones de
rollos con rosetas mientras
que en el alero del brazo norte
del transepto se incrustó
un relieve con tres figuras
tallados toscamente, obra del
menos dotado de los escultores
que trabajan en Santa Marta
de Tera.
Caso aparte son las figuras
esculpidas que decoran las enjutas
de la portada meridional y del
brazo septentrional del transepto,
así como otra muy deteriorada
que se conserva en el interior
del edificio. A esta acompañaría
un relieve vendido en 1926 del
que actualmente existe una réplica,
en el aparece Cristo bendiciendo
sosteniendo un libro sobre su
rodilla con la leyenda “EGO
SVM LUX MVNDI”. A Gómez-Moreno
le recuerda al tímpano
del crucero de San Isidoro de
León, y también
parecen claras las conexiones
de este relieve con la Maiestas
del contrafuerte occidental
de la fachada de Platerías
en Santiago de Compostela.
Existen otras tres imágenes
de apóstoles colocada
en las enjutas de la portadas
sur y norte. La más conocida
de las tres es la de Santiago
Apóstol, convertida ya
en un icono jacobeo. Apoya su
mano derecha en un cayado mientras
que muestra la palma alzada
de su otra mano. Viste túnica
pegada al cuerpo y sobre ésta
un manto de finos pliegues que
se arremolinan sobre el codo
derecho. El rostro del apóstol,
enmarcada en un gruesa cabellera
y con barba, manifiesta serenidad
quizá más resaltada
por los grandes ojos almendrados.
En la otra enjuta se representa
otro apóstol, con larga
y poblada barba, que algunas
autores identifican con San
Pedro, aunque no parece portar
ninguno de sus atributos. La
tercera figura se encuentra
muy deteriorada, pero a pesar
de su estado sujeta con su mano
derecha una filacteria en la
que se grabó la siguiente
leyenda identificativa: “IVDAS/
FRAT(E)/R: SI/MON”
Ateniéndonos a los datos
documentales y a las reminiscencias
que esta iglesia presenta respecto
grandes obras del pleno románico
europeo, establecemos una cronología
en un marco temporal amplio
que iría desde 1077 a
1100.
Texto: Carlos Álvarez
Marcos / Fundación Santa
María la Real Fotografías:
José Manuel Rodríguez
Montañés
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