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Capiteles de San Esteban.
Álbum de la iglesia

Iglesia de San Esteban Promártir(Hormaza)


A orillas del río Hormazuela y a escasos 23 km. al oeste de Burgos, se sitúa la localidad en las inmediaciones de la ruta jacobea. Existió en las inmediaciones del lugar un antiguo monasterio dedicado a Santa María, donado en 975 por el conde castellano García Fernández y su mujer Ava al monasterio de Valeránica. Santa María de Hormaza con sus divisas aparece citada en un diploma de donación, en 1009, del conde Fernando Ermegíldez y su hermano Muño. En 1042 la mitad del monasterio con sus posesiones fueron donados a San Pedro de Arlanza. Años después, en 1082, es el presbítero Padre quien, al profesar en el mismo monasterio, le otorgó sus propiedades de Hormaza y otros lugares, aunque el poderoso monasterio benedictino las vendió en 1212 al de San Cristóbal de Ibeas –que también disfrutó de numerosas propiedades en el lugar- por 400 áureos.

Después del señorío de los Carrillo, los azarosos años finales de la Edad Media, tras la muerte de Enrique IV, fueron especialmente conflictivos para la localidad, tanto por los atropellos sufridos por su vecindario como por los intentos del concejo de Burgos por hacerse con la jurisdicción y por el carácter impetuoso de su señor, Gonzalo Muñoz de Castañeda, permanentemente enfrentado a los Reyes Católicos. De esta época restan las ruinas del espléndido palacio-fortaleza, levantado a fines del siglo XV o inicios del XVI, cuando la localidad era conocida como “Hormaza de don Alfonso”.

La iglesia parroquial de San Esteban de Hormaza -heredera quizás de aquel antiguo monasterio donado en 1107 al convento de Ibeas- se ubica en el extremo septentrional del caserío y es un edificio tardogótico con torre barroca a los pies, aunque conserva de la obra primitiva una espléndida portada románica profusamente ornamentada, abierta en el espesor del muro meridional de la nave y protegida por un moderno pórtico que la solapa en parte. Notablemente abocinada, se compone de arco de medio punto con bocel entre mediascañas, dos finas cenefas vegetales y cuatro arquivoltas sobre columnas cuyas solapadas basas descansan sobre un alto podio. Los arcos descansan en robustas columnas ornadas por capiteles poblados por híbridos afrontados y enredados entre decoración de tallos rematados en cogollos: arpías, leones, esfinges, grifos y el combate entre un centauro y un caballero.

De las arquivoltas, la interior y la tercera reciben decoración historiada, con las figuras dispuestas en sentido radial (animales, rapaz devorando una presa, bustos masculinos y femeninos, máscaras monstruosas, un lector, dos escenas de combate entre infantes y bestias lamentablemente muy deterioradas, lucha de animales, un cazador con halcón, un rústico, Sansón desquijarando al león, etc. En la tercera arquivolta, tras un prótomo de carnero de mechones triangulares y rizados que inicia la serie, vemos doce figuras que componen un calendario agrícola. La primera de ellas, que correspondería con el mes de enero, se figura con un personaje, ataviado con capa y caperuza que, sentado en una ornamentada silla, se calienta ante un fuego sobre el que pende una gran marmita. La siguiente escena muestra a un pastor, vestido con una pelleja con capucha, alzando su cayado ante dos cabritillas que ramonean un arbusto del que cuelga un nido, cuyos huevos parece querer recoger el cabrero; sigue un encorvado labriego ataviado con saya corta podando una viña, y tras él la típica representación del mes de abril en forma de una figura femenina vestida con brial y manto de cuerda que alza un ramo de flores.

Mayo se representa como un caballero que quizás parta a la guerra, mientras que a junio corresponde un campesino portando una azada. Siguen julio, con la escena de la siega de la mies, y agosto, con el afanoso acarreo del trigo que un personajillo carga en un carro. La recurrente representación de la vendimia caracteriza al mes de septiembre, siendo el símbolo de octubre el trasiego del vino del odre a la barrica. Noviembre se figura con una personaje que porta un cayado o largo cuchillo y agarra un esbelto árbol, en probable alusión a la recolección de bellotas para los cerdos, mientras que diciembre lo representa una maltratada escena, creemos que de matanza del cerdo. Tras este calendario se figuró una Última Cena, con los once apóstoles ante una mesa recubierta por un mantel y presidiendo la composición la figura de Cristo, imberbe y con larga cabellera, representado en el momento de instituir la Eucaristía. El resto de los personajes se muestra en posición frontal, en actitud expectante o bien cogiendo con sus manos los cuencos y platos. Finaliza la decoración de la arquivolta una escena juglaresca, en la que un rabelista hace sonar su instrumento ante una figura femenina con los brazos en jarras en actitud de baile, y un rugiente prótomo monstruoso de puntiagudas orejas.


Texto: José Manuel Rodríguez Montañés – Fotos: Pedro Luis Huerta Huerta



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