|
| Pórtico
del convento. / J.
Nuño |
Álbum
del convento de San
Antón |
|
Ruinas
del Convento de San Antón
CASTROJERIZ (Burgos)
En el límite occidental
de la provincia de Burgos, muy
cercana ya de tierras palentinas,
el Camino de Santiago atraviesa
la localidad de Castrojeriz.
Situado en un enclave estratégico,
el castillo que da nombre al
pueblo (Castrum Sigerici) fue
objeto de conquistas y reconquistas
durante los siglos IX y X. Claro
ejemplo de población
lineal que establece sus caseríos
a un lado y otro de la ruta
jacobea, Castrojeriz vivió
sus momentos de máximo
esplendor en la Edad Media,
constituyéndose como
un pueblo-camino de casi un
kilómetro de longitud
en el que se podían encontrar
iglesias, conventos, hospitales,
hospederías, mesones
y numerosos comercios.
Antes de entrar en la villa,
asentado en las tierras de lo
que fue el antiguo palacio y
la huerta del rey Pedro I de
Castilla, hallamos el Hospital-Convento
de San Antón. Aunque
fue fundado bajo el patrocinio
del rey Alfonso VII en 1146,
las ruinas que conservamos actualmente
pertenecen a un gran edificio
gótico del siglo XIV.
El camino pasa por debajo de
dos grandes arcos que forman
parte del pórtico que
protegía la portada principal
del templo, y en el que todavía
se conservan las alacenas en
las que los monjes colocaban
los alimentos para los peregrinos
rezagados. Dicha portada, realizada
en estilo gótico presenta
una serie de arquivoltas con
profusa decoración escultórica
en cada una de las dovelas.
El Hospital estaba regida por
la orden de los antonianos,
fundada por un noble francés
llamado Guerín y su padre
Gastón. Su función
era atender a multitud de peregrinos
que acudían a este hospital
para curarse de una grave enfermedad
denominada “fuego de San
Antón” o “fuego
sagrado” producida por
el cornezuelo, un hongo del
centeno con el que se elaboraba
el pan. La enfermedad provocaba
alucinaciones, convulsiones
y una especie de gangrena que
acaba con las extremidades.
Los monjes vestían un
hábito negro sobre el
que llevaban una T o “tau”
griega de color rojo, con la
que realizaban sus curaciones.
Este símbolo fue adoptado
por el fundador de la orden
en memoria de la liberación
de los primogénitos hebreos,
los cuales marcaban sus puertas
con esta cruz.
La importancia del convento
fue tal que acabó convirtiéndose
en la Casa General de la orden
de los antonianos en España,
pero la disolución de
ésta en 1787 y la posterior
desamortización de 1835
abocaron al convento a la ruina.
Texto: Carlos Álvarez
Marcos Fotografías: Jaime
Nuño
<<
volver
|