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Álbum
de la iglesia |
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Santiago
Apostol de Carrión de
los Condes (Palencia)
Aunque su estructura arquitectónica
ha sufrido modificaciones de
mayor calado que su vecina la
iglesia de Santa María
del Camino, destaca ésta
de Santiago por su portentosa
fachada occidental, cuya decoración
escultórica la encumbra
entre las mejores creaciones
de la plástica del románico
final hispano, remitiendo su
filiación a conjuntos
tan destacados como San Vicente
de Ávila, Santa María
la Real de Aguilar, la catedral
de Oviedo o el Pórtico
de la Gloria compostelano.
El cuerpo occidental del templo,
con pórtico y torres,
resulta ser un añadido
realizado hacia 1160-1170 a
la primitiva estructura, de
triple nave y ábsides
semicirculares -que debe datar
de la primera mitad del siglo
XII-, muy modificado tras el
pavoroso incendio que la asoló
en 1811, restableciéndose
el culto, tras su reparación,
en 1849.
La fachada de los pies se erige
en un magnífico telón
dispuesto a la vera de la ruta
de peregrinación. La
centra un arco de acceso de
medio punto ornado con única
arquivolta historiada, en la
que las figuras se disponen
de modo radial, apoyada sobre
capiteles historiados de difícil
interpretación y fustes
ornados con zigzag y ángeles.
En el arco se suceden veintidós
personajes en el ejercicio de
actividades profesionales: distintas
fases del proceso de acuñación
de moneda, pañeros, juglares,
dos figuras luchando con escudo
y bastón, escribas y
un juez, con un sentido de condena
de los vicios más execrados
en la Edad Media: la avaricia,
la lujuria y la ira.
Sobre la portada, como coronación
de la fachada, se dispone un
friso centrado por la imponente
figura del Pantócrator
inscrito en una mandorla estrellada
y rodeado por el Tetramorfos,
esto es, los evangelistas bajo
la forma de sus animales simbólicos.
Lo flanquea el colegio apostólico,
con seis apóstoles a
cada lado de la Majestad inscritos
en arcos trilobulados sobre
ornamentadas columnas. Aunque
se detecta el trabajo de dos
escultores distintos en esta
portada, el más hábil
de entre ellos, de origen o
formación borgoñona,
resulta una de las personalidades
más acusadas del románico
final en nuestro país.
La fuerza expresiva con la que
sabe dotar a las personajes
alcanza su culmen en la imponente
figura del Cristo en Majestad,
cuyo rostro imponente y la elegante
exuberancia de los plegados
de su túnica han recordado
a muchos al mismo Fidias y al
barroco hacer del arte helenístico.
La realización de estos
relieves entre 1160 y 1170 es
posible debido a la clara inspiración
en ellos de la escultura de
la iglesia lebaniega de Santa
María de Piasca, epigráficamente
datada en 1172.
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