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| Torre
de la iglesia./ J.
M. |
Álbum
de la iglesia de la
Asunción. |
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Nuestra
Señora de la Asunción
(Mombuey)
Mombuey, población principal
de la Carballeda, se ubica a
83 km. al noroeste de Zamora
y a unos 20 km. al este de Puebla
de Sanabria. Aparece citada
como Monte Boe en el acta de
amojonamiento de Asturianos,
realizada a mediados del siglo
XII y siendo Rodrigo Pérez
señor de Sanabria y Carballeda.
La tradición adjudica
la construcción del edificio
y la propiedad de la villa a
la Orden del Temple apoyándose
en la cita recogida en la concesión
por Enrique II, de 1371, a Gómez
Pérez de Valderrábano
de las villas de Mombuey, Alcañices,
Tábara y Ayóo,
“que habían sido
de los templarios”.
Iglesia de Nuestra
Señora de la Asunción
La iglesia de Nuestra Señora
de la Asunción es templo
de cruz latina levantando en
mampostería, debiéndose
su aspecto a las importantes
reformas de los siglos XVIII
y XIX, aunque quizá la
nave mantenga parte de la traza
medieval en la zona de los pies,
con la sencilla portada de arco
apuntado y doblado abierta en
el muro norte, protegida por
un pórtico de fines del
siglo XIX. Destaca en el conjunto
de época románica
la esbelta torre alzada sobre
el hastial occidental, uno de
los ejemplares más sobresalientes
y atípicos del románico
hispano. De planta rectangular
(4 x 2,5 m.), posee cuatro niveles,
el inferior embutido en el hastial
y levantado en mampostería
y los restantes en bien despiezada
sillería de esquisto,
coronándose el conjunto
por un curioso remate a modo
de chapitel pétreo de
cuatro planos curvos, que la
dotan de una extraordinaria
galanura y esbeltez.
En cada uno de los pisos de
la torre se abren una serie
de vanos, uno por nivel en los
muros cortos y dobles en los
largos. El acceso se realiza
por un sencillo arco apuntado
de rosca ornada con bocel abierto
en el muro norte, quedando vestigios
de la primitiva escalera de
piedra que ascendía hasta
el cuerpo alto, hoy sustituida
por otra de madera. En el segundo
piso de este mismo muro se abre
una ventana de vano coronado
con un nicho decorado con hojas
y rodeado por un arco apuntado
de irregular traza, que apea
en una pareja de columnas acodilladas
de capiteles vegetales, el izquierdo
con sencillas hojas lisas rematadas
en volutas y brotes y el derecho
con hojas lisas muy pegadas
a la cesta y cogollos. Sobre
los capiteles corre una imposta
de simple filete, la única
que recorre todo el paramento
exterior de la torre. En el
tercer piso de este lado septentrional
se construyó un balcón
volado de piedra sobre dos canes,
que aúna su función
de permitir el acceso a la estancia
abovedada superior con la de
matacán, al disponerse
sobre el acceso a la estructura.
En cada piso de las caras oriental
y occidental de la torre se
abrieron vanos pareados, correspondiendo
los superiores a amplias troneras
para las campanas de medio punto
hacia el oeste y levemente apuntadas
al este. Los dos grupos de vanos
rasgados del primer y segundo
cuerpo se rodean de arcos apuntados
moldurados con bocel, que apean
en columnas centrales y dos
laterales acodilladas, coronadas
con capiteles vegetales de buena
factura, de acantos con nervio
central perlado, volutas y cogollos,
hojas perladas con lengüetas,
de aire zamorano entroncando
con modelos gallegos. En una
de las ventanas del primer piso
del muro oriental hay vestigios
de una figura que ornaba uno
de los fustes, imposible de
identificar por el deterioro,
así como un soberbio
prótomo de bóvido
emergiendo de un fondo de hojitas,
de tratamiento extraordinariamente
naturalista. Las ventanas del
piso inferior del muro occidental
son trilobuladas y ciegas, y
las del superior, como en general
las restantes, adornan sus intradoses
con florones de hojas lobuladas
o rizadas y figuras de ángeles.
Especial atención merece
la profusamente ornamentada
y saliente cornisa de los muros
oriental y occidental de la
torre, sobre la que se dispuso
el chapitel, de arquillos de
medio punto sobre canes. Tanto
los arcos como los canes acogen
decoración vegetal de
crochets, hojas rizadas con
caulículos, bolas con
caperuza, tallos y brotes, así
como figurada, de bella factura
y variados motivos: prótomos
de felinos de fauces rugientes,
bustos masculinos, uno muy curioso,
de ensortijados cabellos, que
apoya sus manos en un rollo
en actitud de asomarse, otro
leyendo, cabecitas sonrientes,
una figura sedente sosteniendo
un animal u objeto en su regazo,
otra similar con filacteria,
un trasgo devorando la cabeza
de un jabalí, ángeles,
personajillos enredados en follaje,
leones y dragoncillos, arpías,
etc. Es meridiana la dependencia
de esta cornisa respecto a modelos
gallegos, como la catedral de
Santiago de Compostela y sobre
todo la de Orense, que Valle
Pérez considera germen
del motivo, debiendo interpretarse
como fruto del origen común
las afinidades con la San Vicente
de Ávila, o con los más
simplificados motivos de algunas
cornisas zamoranas (Catedral,
Santa María de la Horta,
Benavente, Toro, etc.). La fórmula
tuvo éxito en la comarca,
siendo numerosos los templos
que la imitan, como el de Sejas
de Sanabria y los ya góticos
de Vime, Otero de Sanabria y
Villar de Pisones. Sobre la
cornisa corre una imposta moldurada
con filete y bisel con bolas.
A través del arco del
muro septentrional del tercer
piso de la torre se pasa al
balcón-matacán
de piedra antes citado, desde
el cual, y por el exterior,
se accede a través de
una escalera y un vano adintelado
a la estancia abovedada bajo
el chapitel pétreo que
corona la estructura. Si exteriormente
este remate se forma de cuatro
planos curvos, a modo de bóveda
esquifada, ornados con tres
pliegues en tubo de órgano
y plisado inferior en “cola
de milano”, interiormente
acoge una cámara cubierta
con una bóveda de nervios
que se cruzan en el centro,
ocupado por una clave decorada
con un florón. Los nervios
angulares reposan en columnas,
cuyos fustes sin basa apoyan
directamente sobre altos plintos
y coronadas con capiteles de
somera ornamentación
vegetal, de hojas lisas con
volutas y lengüetas. Es
indudable el carácter
contemporáneo del resto
de la torre de esta estancia,
aunque más complejo resulta
determinar su función.
Lo intrincado del acceso la
convierten en un excelente baluarte
defensivo, con control sobre
el acceso a la torre (matacán),
pero no así ofensivo.
En su interior podrían
refugiarse a lo sumo tres personas,
y en precarias condiciones.
Los huecos practicados en sus
paños pudieran significar
un hipotético y puntual
sentido de torre vigía.
En el interior del templo,
en el testero de la capilla
abierta al sur, se conservan
dos mochetas decoradas con sendos
ángeles y una imagen
en piedra de la Virgen con el
Niño, descubiertas tras
el retablo barroco y sobre la
ventana de esta capilla meridional
en julio de 1987. La imagen
de la Theotokos, de 93,5 cm.
de altura, 29 cm. de ancho y
25 cm. de profundidad, fue realizada
en la misma piedra que la torre.
Aparece María entronizada,
con Jesús sobre su rodilla
izquierda, al que sujeta con
una desproporcionada mano, mientras
que con su diestra parece sostener
un fruto o flor hoy destrozado.
Está la Virgen coronada,
con velo, y viste calzado puntiagudo,
túnica y manto ribeteado
con tira perlada, que cuelga
parcialmente del sitial, éste
de remates avolutados. Como
detalle curioso, una de las
patas del sitial pilla el borde
del manto de María. El
Niño aparece descabezado
y sostiene contra su pecho el
libro, mientras que bendeciría
con su perdida diestra. Su policromía,
de tonos rojizos en la indumentaria
y dorados en la corona, bien
pudiera ser la original. Ambas
figuras se presentan en posición
frontal y quizás fuesen
concebidas para presidir el
tímpano de una desaparecida
portada, al estilo de la meridional
de San Juan de Benavente. Acompañan
a esta imagen dos mochetas figuradas
con sendos ángeles, que
sostendrían ese hipotético
tímpano o bien un dintel.
El situado a la izquierda aparece
bendiciendo con su diestra y
porta una filacteria cuyo letrero
pintado resulta hoy ilegible;
el otro, de alas explayadas,
muestra un libro abierto, y
ambos delatan una inspiración
compostelana, pasada probablemente
por el tamiz de Benavente. Reafirma
su carácter de soportes
de un dintel o tímpano
el filete que se prolonga en
el lateral de ambas piezas,
de notable longitud, así
como la filacteria del ángel
de la izquierda, que se extiende
por el lateral de la pieza.
Sobre ellos, cerrando la actual
ventana, aparece un alargado
sillar labrado a hacha y con
una marca de cantero, que pudiera
corresponder al referido dintel.
Ambos soportes conservan vestigios
de su policromía original
y estilísticamente, como
en el caso de la imagen de María,
manifiestan total consonancia
con las figuras de la cornisa
de la torre.
En una estancia adosada al
muro meridional se conserva
una pila bautismal de copa cilíndrica
de un metro de diámetro
y 0,49 m. de altura, sobre tenante
de 0,28 m. de alto, simplemente
decorada con dos boceles sogueados
en los bordes superior e inferior,
perfectamente coetánea
de las obras tardorrománicas
descritas.
El conjunto de lo conservado
denuncia su carácter
tardío, probablemente
dentro ya de las primeras décadas
del siglo XIII.
Texto: Carlos Álvarez
Marcos Fotografías: José
Luis Alonso Ortega
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