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| Nuestra
Señora de la
Asunción: Rabanal
del Camino |
Álbum
de la iglesia de Nuestra
Señora de la
Asunción |
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Nuestra
Señora de la Asunción:
Rabanal del Camino
CA 22 km. al oeste de Astorga,
en uno de los parajes más
bellos de la Maragatería,
llegamos a la pequeña
localidad de Rabanal, punto
de partida de la décima
etapa del Camino de Santiago
según la guía
elaborada en el siglo XII por
Aymeric Picaud. Entonces como
ahora los peregrinos reponían
fuerzas en su hospital antes
de ascender a Foncebadón
desde donde se adentraban ya
entierras bercianas. Todavía
hoy la ruta jacobea atraviesa
el pueblo de un extremo a otro
por la denominada calle Real
a la vera de la cual se levanta
la iglesia parroquial de Nuestra
Señora de la Asunción.
Desde principios del siglo
XI encontramos en la documentación
de la catedral de Astorga el
lugar conocido como Rabanalles,
que debía englobar a
Rabanal del Camino y al cercano
Rabanal Viejo. En el lugar,
dotado de fueros por Fernando
II en 1169 existió desde
al menos principios del siglo
XIII una casa templaria dependiente
de Ponferrada, quizás
relacionada con la protección
a los peregrinos que se dirigían
a Santiago de Compostela.
La iglesia parroquial, dada
a conocer por el investigador
leonés José María
Luengo en 1973 es una sencilla
construcción en la que
se mezcla la sillería
de pizarra y arenisca con lienzos
de mampostería y sillarejo,
lo que evidencia reformas y
añadidos de épocas
muy diversas. En planta presenta
una sola nave, ábside
semicircular precedido de amplio
presbiterio, sacristía
adosada al lado meridional y
espadaña a los pies.
La nave consta actualmente de
tres tramos, abarcando el primero
hasta el primitivo tramo recto
de la cabecera, mientras que
los otros dos –ligeramente
desviados del eje central del
templo- son producto de una
campaña constructiva
posterior. En uno de los contrafuertes
que flanquean la portada norte,
abierta en 1729, hay una inscripción
con la fecha de 1848 que debe
corresponder a la reedificación
de esa parte del muro. Por otra
parte, sabemos por los libros
de fábrica que la sacristía
se construyó a principios
del siglo XVIII.
Así las cosas parece
que la única parte conservada
de la vieja iglesia románica
es precisamente la cabecera
y la zona este de la nave. En
el exterior, el ábside
presenta dos columnas colocadas
en los ángulos que forman
el arranque del hemiciclo con
el presbiterio, si bien por
las marcas que observamos en
el paramento deducimos que éstas
debieron ser cuatro, habiendo
desaparecido las centrales así
como los capiteles que las coronaban.
Quedaría así el
ábside dividido en origen
en tres calles delimitadas por
estas cuatro columnas. Las dos
que se han conservado se elevan
sobre altos pedestales encima
de los cuales descansan unas
basas formadas por un toro muy
plano y otro más delgado
separados por una media caña.
En cada paño de la cabecera
se abre una aspillera con doble
derrame que fueron posteriormente
transformadas, sobre todo en
el exterior. La ventana central
que se dispone por encima del
contrafuerte es de factura más
moderna al igual que todo el
alero del que han desaparecido
sus piezas originales.
En el interior, el hemiciclo
y el presbiterio se cubren sin
solución de continuidad
con bóvedas de cuarto
de esfera y de medio cañón,
respectivamente. El arco triunfal
es obra más moderna,
reformado probablemente en 1835.
Uno de los aspectos más
interesantes de la fábrica
románica es la portada
que se abre en el muro sur de
la cabecera, dando paso a la
sacristía descubierta
según su propio testimonio
por José María
Luengo. Consta de una arco de
medio punto peraltado decorado
con un grueso bocel que remata
en sus extremos en formas semicirculares,
tal como ocurre en la portada
de Santa Colomba de la Vega.
Apoya hacia el hemiciclo sobre
la jamba lisa, mientras que
hacia la nave lo hace sobre
una columna acodillada coronada
por un capitel muy deteriorado
adornado con hojas lisas lanceoladas.
Tras la afortunada intervención
de la comunidad benedictina
recientemente instalada en el
pueblo, y al liberar parcialmente
los muros interiores de la cabecera
del forro de ladrillo colocado
en época tardogótica
para refuerzo de la maltrecha
estructura, se han descubierto
los vestigios de la primitiva
arquería que animaba
el interior de sus muros. Se
trata, en cada lienzo, de un
serie de cuatro arcos de medio
punto ligeramente peraltados,
ornados con un grueso bocel
y decorados con semibezantes
los salmeres. Los arcos centrales
apoyaban en semicolumnas adosadas
rematadas por capiteles de somera
decoración vegetal. Fueron
inmisericordemente rasurados
al doblarse el grosor del muro,
sólo perviviendo los
más cercanos al ábside,
uno de los cuales es el ya referido,
luego vaciado para dar servicio
a la sacristía.
También en esta última
intervención se descubrió
una curiosa credencia horadada
en el tramo meridional del hemiciclo.
El vano, de medio punto, se
exorna con un bocel sobre semibezantes,
y en su interior se abren tres
pequeños nichos también
de medio punto, probablemente
para recoger el ajuar litúrgico.
Por los detalles estructurales
y decorativos que acabamos de
describir podemos concluir que
los escasos vestigios conservados
-el ábside principalmente-
pueden corresponder a una fase
avanzada del estilo que rondaría
los últimos años
del siglo XII o los primeros
del siguiente.
Texto: Pedro Luis Huerta Huerta
– Fotos: José Manuel
Rodríguez Montañés
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