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El Camino, gota a gota

Peregrinos, en una tarde de niebla, en el Camino de León.

El 60% de la red de albergues, refugios y alojamientos de la ruta jacobea en Castilla y León permanecen abiertos para los peregrinos que caminan estos días de frío y agua

Texto de Javier Pérez Andrés. Fotografía de Argi.

La lluvia modifica el vestuario de los peregrinos que transitan estos

días por el Camino. Las capas de plástico y los chubasqueros agrandan la silueta del caminante que atraviesa el paisaje. Unos personajes peculiares a los que no parece importar las inclemencias del tiempo en su clara intención de llegar a Santiago de Compostela.

Pedro es andaluz, tiene casi 50 años y se ha pasado toda su vida sentado en la silla de una oficina. Lleva 16 días caminando y, a pesar de venir de una «tierra caliente», el frío de Tierra de Campos (el lunes por la mañana pasaba al lado de la que fuera abadía de Benevívere, hoy explotación agrícola, cerca de Carrión de los Condes) y los chaparrones intermitentes «son una bendición para los que caminan».

Pero lo mejor que le puede pasar a este peregrino andaluz y a todos los peregrinos que, en este tiempo, andan el Camino es que los albergues y refugios privados, religiosos o municipales permanezcan abiertos. Que la infraestructura jacobea no baje la guardia. Que estén atendidos los alojamientos garantizando los mínimos establecidos en ese código jacobeo que, aunque no este legislado, todos sabemos de qué se trata. Agua caliente, algún medio para no pasar frío, estancia limpia, mantas y las llaves o una persona que abra la puerta y a la que se pueda localizar con rapidez.

Y en este sentido -aunque con menos atenciones que en épocas de estrellas y jóvenes voluntarios del buen tiempo- los peregrinos que nos cruzan encuentran el 60% de los albergues y refugios abiertos. En el tramo de Castilla y León -400 kilómetros por las provincias de Burgos, Palencia y León- está garantizado, de momento, que en 25 kilómetros -el equivalente a una jornada de camino- siempre haya un albergue abierto.

El paso de caminantes ha alcanzado esta semana medias de 8 y 10 peregrinos diarios, a juzgar por las impresiones de Azucena (hospitalera en Redecilla del Camino, en Burgos), Ángeles (hospitalera del albergue de Villadangos del Páramo, en León) o el testimonio de Acacio, el hospitalero de Calzadilla de la Cueza, en Palencia. Los tres -las dos primeras con una responsabilidad municipal añadida y el segundo dentro del perfil del voluntariado, un veterano con seis años de filosofía práctica jacobea en los pies- siguen al pie del cañón en un Camino que no cesa de vomitar andarines a diario.

El Camino y el torero
El famoseo es un curioso patrimonio del Camino. Pasan desapercibidos en el paisaje caminero de laderas, senderos y llanos. Pero cuando llegan al albergue, a la hora de sellar la credencial, se rompe el anonimato del solitario peregrino, como el joven torero Manuel Díaz, «El Cordobés», que cruza estos días el Camino leonés hacia Santiago para cumplir una promesa relacionada con el trágico fallecimiento de un miembro de su cuadrilla.

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