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La Fundación Cándido se suma al clamor jacobeo

Antonio Arribas y Antolín de Cela, después de recoger el Premio Cándido, el pasado miércoles.

Antonio Arribas y Antolín de Cela, dos veteranos hijos del Camino de las Estrellas desde el asociacionismo, recogieron esta semana el Premio Cándido a la promoción regional

Texto de Javier Pérez Andrés. Fotografía de Argi.

Justo en el momento en que se entregaban los Premios Cándido, una manta de nieve cubría el Irago en el camino leonés. Juan Antonio y Julia, dos peregrinos catalanes, se disponían a dormir en el albergue de El Acebo. Al día siguiente, el jueves por la mañana, la máquina quitanieves abría el paso al peregrino. El Camino, ajeno a los premios y al frío, sigue vivo.

Cándido, Mesonero Mayor de Castilla, se suma a los reconocimientos institucionales otorgando el Premio a la Promoción de Castilla y León al Camino de Santiago. Un galardón que se suma al reciente premio Príncipe de Asturias de la Concordia. En esta ocasión, la recién creada Fundación segoviana decidió distinguir a esta ruta milenaria por su aportación al conocimiento universal de la Comunidad.

En un emotivo acto presidido por Juan Vicente Herrera, donde el recordado mesonero y la gastronomía se fundieron en mensajes solidarios, subieron al estrado dos veteranos del Camino de Santiago, ambos involucrados en ese grupo de cabeza que siguió la flecha amarilla desde los tiempos del congreso de Jaca. Antolín de Cela Pérez, párroco de la Basílica de La Encina, en Ponferrada y Antonio Arribas Carballeira, presidente de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Burgos, recordaron a los peregrinos y hospitaleros como los «verdaderos receptores» del galardón.

Es indudable que la ruta jacobea está calando hondo en la sociedad. El pasado miércoles, en el marco de la sala Fray Pío del Monasterio de Nuestra Señora de Prado de Valladolid, se volvió a poner de manifiesto el grado de concienciación alcanzado entre las instituciones públicas y privadas.

El Camino de Santiago se ha convertido en una corriente de opinión imparable que está entrando en lo cotidiano sin darnos cuenta. Precisamente porque su verdadero valor -el espiritual, el humano, el cultural...- hasta ahora no está en manos de nadie y la ruta sigue abierta en su trazado, inalterable, sin puertas ni candados y con una credencial cuyo único requisito es tener ganas de caminar hacia un lugar de Galicia y capacidad para asimilar una ruta que muchos ya la apellidan el Camino del Hombre.
Los perfiles

Antonio Arribas conoce bien el significado del Camino y el continente de entusiasmo que aporta el voluntariado. Es un peregrino comprometido con las asociaciones que instigan a diario a la sociedad para que cuide un mensaje escrito con los pies.

Antolín, un cura del Camino que fundó el primer albergue de Ponferrada, es un profesor de instituto que hizo andar a sus alumnos y a sus feligreses por la senda de las estrellas. Pero como delegado episcopal de Astorga facilitó el manojo de llaves que abrieron las puertas de 58 iglesias del Camino cuando empezó el Año Santo.

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