En
la cumbre
de su trayectoria
artística
al frente
de Queen y
tras grabar
con la operística
Montserrat
Caballé
el himno de
las olimpiadas
de Barcelona
del año
siguiente,
Freddie Mercury
fallecía
poco después
de haber hecho
público
que padecía
SIDA, la enfermedad
tabú,
relacionada
entonces de
manera directa
con la homosexualidad.
El impacto
en el público
fue enorme:
se sucedieron
los homenajes
al artista
y a su gran
voz.
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