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| Representación
del Convento de San Francisco en una pintura de 1656. |
Nieves Caballero
El descubrimiento o la intuición de un profesor de
Historia palentino, Marcial Castro, al plantear el lugar
exacto del primer enterramiento de Cristóbal Colón,
invita a volver la mirada a una época en la que en
Valladolid proliferaban las órdenes religiosas y
los asentamientos monásticos. Los restos del almirante
habrían recibido sepultura en 1506 en la actual calle
Constitución sobre la que, al parecer, se levantaba
hace cinco siglos la capilla de los condes de Cabra, en
el desaparecido convento de San Francisco.
Para indagar en ese pasado es aconsejable bucear en la
obra ‘Patrimonio Perdido. Conventos desaparecidos
de Valladolid’ de María Antonia Fernández
del Hoyo, profesora de Historia del Arte de la Universidad
de Valladolid, que fue publicada por el Ayuntamiento en
1998. Sin el rastreo de la autora sería más
difícil imaginar cómo era el convento de San
Francisco, que comenzó a derribarse el 1 de febrero
de 1837. Para la especialista, el hecho de que la demolición
corriera a cargo del Estado da idea de lo elevado del precio
cuando se puso en venta.
En ese momento, se anunciaba como edificio situado en la
Acera de San Francisco –soportales de la Plaza Mayor,
donde se encuentra el Teatro Zorrilla– «con
su iglesia, capillas, habitaciones altas y bajas, bodegas,
patios, huerta con su noria, aljibe, siete pozos de agua
potable, otro para nieve, cuadras y pajares, con 130.145
y 1/2 pies cuadrados el edificio y 186.716 la huerta y patios
de luces, tasado todo en 4.520.060 reales y 17 maravedís»
(según recogía el Boletín Oficial de
Valladolid del 24 de enero de 1837).
Cesión
El plano de Ventura Seco de 1738 muestra que el convento
de la orden de los franciscanos, una de las primeras en
instalarse en la villa, ocupaba un extenso solar junto a
la plaza del Mercado (hoy Plaza Mayor), que había
sido donado por la reina doña Violante, mujer de
Alfonso X ‘el Sabio’. Su construcción
se inició en 1265 y, diez años más
tarde, ya se había levantado también la iglesia.
En los años siguientes fueron añadidas casas,
hospital, huerta, jardines y alberguerías e, incluso,
dependencias municipales. En 1660, tras sucesivas cesiones
y compras, los terrenos de la orden religiosa se extendían
hasta los límites de las calles de Olleros (hoy Duque
de la Victoria), del Verdugo (hoy Montero Calvo) y de Santiago.
Se calcula que sobrepasaba los 30.000 metros cuadrados.
33 capillas
Por la descripción artística que realiza Fernández
del Hoyo, después de indagar en relatos de cronistas,
historiadores y diversas fuentes documentales, así
como en planos y pinturas, el convento de San Francisco
llegó a tener 33 capillas que se abrían a
la iglesia, los claustros y otras dependencias. Precisamente
en una de esas capillas, la de la familia de Luis de la
Cerda o de los condes de Cabra, recibió su primera
sepultura Cristóbal Colón, quien falleció
en Valladolid el 20 de mayo de 1506. La profesora de la
UVA señala que dicha capilla se hallaba en el entorno
del claustro principal, «en el tránsito oscuro
que está al salir de la capilla mayor a mano derecha».
El palentino Marcial Castro establece que los restos del
conquistador de América reposaron en el eje de la
calle Constitución –de nuevo trazado tras la
demolición del convento, al igual que Menéndez
Pelayo–, a treinta metros del cruce por el que hoy
acceden los vehículos desde Duque de la Victoria.
Aquí ubica el estudioso la capilla de los condes
de Cabra, entre la cabecera de la iglesia y la sacristía
que daba a Duque de la Victoria. Quizás no sería
tan difícil confirmar o desechar esta teoría,
puesto que ningún edificio complica las excavaciones,
con motivo de la conmemoración del quinto centenario
de la muerte de Colón que tendrá lugar el
próximo año.
‘Diarios de los Verdesotos’
Del primer enterramiento del almirante en la citada capilla
del convento se daba noticia en los llamados ‘Diarios
de los Verdesotos’, sueltos sobre acontecimientos
destacados de la ciudad.
María Antonia Fernández del Hoyo señala
en su libro que la desaparición del convento de San
Francisco, además de suponer una pérdida cultural
irreparable, propició una importante transformación
urbanística de la zona. Igualmente la enajenación
de muchos de los conventos existentes incidió directamente
en la configuración de la ciudad. Se calcula que
antes de la expulsión de los jesuitas (1767) Valladolid
llegó a contar con 25 conventos masculinos y 23 femeninos,
la mayoría de ellos fundados durante los reinados
de Felipe II y Felipe III.
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