Debate del Estado
de la Región
Crónica de la primera sesión
Las frases
CARA A CARA: principales puntos del debate
Las claves del discurso de Herrera
El análisis:
J. I. Foces
Primer día
de debate en imágenes
Eduación
Sanidad
Grupo Mixto
La otra cara del debate
Último debate en el castillo
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Política
Miércoles, 14de junio de 2006

La Espita por J. Ignacio Foces

Ni autocrítica ni alternativa

El debate del Estado de la Región, por previsible, resultó menos vivo de lo esperado. Fue tan previsible para los contendientes principales, Herrera y Villalba, que no se apartaron de un guión que si lo escriben juntos, no les hubiera salido tan parecido. Cinco años y tres meses en la Presidencia de la Junta han hecho que la capacidad de autocrítica de Juan Vicente Herrera muestre signos preocupantes de aletargamiento, que se traducen en que el presidente fuera ayer de sobrado en muchos momentos; de ahí los dos sonoros patizanos que tuvo cuando empezó a referirse al jefe del Gobierno de España solo como ZP, lo que despertó las iras de los socialistas; el segundo cuando se refirió a la vivienda de Villalba, que Herrera creía sometida a algún tipo de protección oficial, alusión que tuvo que rectificar.

Pesó en exceso que el de ayer sea el último examen parlamentario que pasará Herrera antes de las elecciones del próximo año. Por eso su balance detallado, en el que solo se permitió una autocrítica: la tasa de paro femenino «es todavía demasiado alta». En el resto, en todas las áreas, se pone a sí mismo y a su Gobierno, como mínimo, un notable. Menos en una, el medio ambiente: sonoro fue su silencio sobre la gestión en este área.
El líder socialista construyó un discurso ocurrente, sobrio en las formas, incisivo en el análisis de determinadas áreas, como la sanidad o el urbanismo. No tuvo piedad en ambas, pero dejó sin rematar materias en las que se espera la respuesta de quien volverá a presentarse ante los electores como alternativa a Herrera. Así, por ejemplo, cuando dijo que «es preciso» dar a los jóvenes mensajes de esperanza, no concretó el suyo. Y eso se notó en otros ámbitos de la crítica a la Junta, donde por esa falta de propuestas, flaqueó. Villalba tuvo un entusiasta apoyo de sus parlamentarios, pero algunos de ellos se pasaron de la raya en las formas; demasiados aspavientos que acabaron con cinco socialistas amenazados de expulsión.

La máquina parlamentaria favorece a quien gobierna, pero aún así Herrera supo distribuir sus fuerzas, guardó la artillería para responder a Villalba por la tarde y se despidió de este a base de sartenazos dialécticos del tipo «Villalba es la mejor garantía de que el PP seguirá gobernando Castilla y León». Y echó sal en una herida del grupo socialista, que utilizó para hacer ver que él sí ejerce la autoridad: si tiene que destituir a altos cargos de Sacyl lo hace; Villalba, dijo Herrera, trató de quitarse de encima hace unos meses a su viceportavoz primero, el palentino José María Crespo, «y su grupo y su partido no le dejaron».

El de ayer fue solo un tímido avance de lo que espera a los ciudadanos por parte de sus dos principales líderes políticos regionales hasta mayo del 2007. Habrá que confiar en que tanto cruce de ataques lo acompañen de propuestas positivas.

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