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DEL 28 DE ABRIL AL 7 DE MAYO DE 2006

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02/05/06

Tomás Val y Manuel de Lope, en la Feria. / HENAR SASTRE

| MANUEL DE LOPE| ESCRITOR
39 FERIA DEL LIBRO DE VALLADOLID

«El debate sobre las autonomías no me interesa nada»

El autor de 'Bella del Señor' está inmerso en la que será su próxima novela tras terminar 'Iberia', un detenido viaje por España que le ha «enriquecido»

ANGÉLICA TANARRO/VALLADOLID

DTiene la seriedad y contención que se asocian al carácter del castellano viejo. Pero Manuel de Lope (Burgos, 1949) ha vivido en Francia más de veinte años y está acostumbrado a mirar a su país desde fuera. Sin embargo, sus dos últimos libros, 'Iberia: La puerta iluminada' e 'Iberia: La imagen múltiple' le han obligado a una inmersión en este «hermoso mosaico» que es España. Dos obras que le han servido para descansar de la novela, el género que le convirtió desde 'Octubre en el menú' o 'Bella del señor' en un autor de culto. Con 'Las perlas peregrinas', su incursión en el 'thriller', ganó un premio (Primavera), ganó lectores y alguna crítica desfavorable. Todo ello lo mira con distancia. Ayer protagonizó el encuentro del día de la Feria y tuvo a otro burgalés y novelista, Tomás Val, como presentador.

-Hacer este viaje tan detenido por las distintas regiones españolas ¿ha hecho que cambie su visión del país?

-No. Tampoco tenía una idea preconcebida. Mi conocimiento era arcaico, por decirlo así, y ahora tengo una visión actual del país incluso mucho más amplia de lo que reflejan los libros, en los que a pesar de que son voluminosos he tenido que quitar muchas cosas. Lo que ha supuesto esta «experiencia de España» es un enriquecimiento. He vuelto más rico, como si me hubiera traído un botín.

-¿Y cómo ha visto a Castilla y León, la comunidad de la que procede?

-De todas las regiones doy en el libro una visión geográfica, histórica y social. Geográficamente es una región muy estructurada en torno al río Duero. Históricamente se estructura muy pronto también y forma el núcleo histórica de la Península, algo que viene marcado también por el Camino de Santiago que como el Duero forma ese gran flujo de comunicación y que ahora ha perdido el carácter sagrado y se ha convertido en una vía lúdica y deportiva. Humanamente es más dispar, más distinta. Desde la montaña leonesa, que es tierra de pastores, a las tierras agrícolas de Tierra de Campos, los tipos humanos son diferentes.

-¿Todavía y a pesar de la globalización?

-Depende de en qué nivel se analice. Es como los estratos arqueológicos, depende de dónde se haga el corte. Pero, claro, la televisión ha hecho que en la llanura castellana te encuentres casas que imitan a las que salen en la series de Hollywood. Pero también es cierto que a un kilómetro de Medina del Campo hay una finca veneciana, una arquitectura hecha a la manera de la de Palladio, y se hizo en el siglo XVIII. Así que no hemos inventado nada.

-Después de este intenso viaje, por España ¿cómo ve todo el debate sobre los nacionalismos y las reformas de los Estatutos?

-Con un gran distanciamiento. No me interesa nada. Oigo muchos disparates históricos y sociológicos. Tampoco hago predicciones sobre si lo que vendrá será mejor o peor que lo que hay. No lo sé. Hay que tener en cuenta que toda la parte central de mi vida, de los 20 a los 45 años, la viví en Francia. Y esa es la parte crucial en una vida. Y desde fuera veía a España como un mosaico, como una hermosa vidriera. Y ahora cuando oigo todos estos debates sencillamente no me interesan.

-Dice que hay fenómenos unificadores en España mucho más profundos de lo que se sospecha, ¿cómo cuáles?

-Son muchos y muy importantes porque aunque parezcan cosas triviales, forman parte de nuestro día a día. Por ejemplo, la televisión, aunque sean las autonómicas, en todas hay un mismo modelo de programa de entretenimiento. Las tiendas de todo a cien, los restaurantes chinos, los burdeles de carretera... El otro día en el Metro de Madrid anunciaban el disco de una cantante, Edurne, que no sé quién es. Antes, ese nombre euskera era una declaración de principios, ahora es el de una cantante que canta en Madrid y que quiere promocionar su disco, pero el nombre ya no tiene ese sentido... La costumbre de tomar el aperitivo que es igual en Bilbao o en Cádiz. Eso no existe en Alemania o en Francia y forma parte de nuestra vida.

-Hasta 'Las perlas peregrinas' la crítica le había tratado bien. Con 'Iberia' ¿se ha reconciliado con ella?

-No lo sé. No me ocupo demasiado por saber si tengo buena o mala relación con la crítica. Yo mantengo la creencia de que, cuando un libro es público, tienes que admitir lo que sea, porque si no vas a aceptar lo que se diga, entonces mejor no lo publiques. Yo nunca releo mis libros. Soy tan extremadamente cuidadoso haciéndolos que luego soy incapaz de releerlos, ya no me pertenecen. De la misma forma, jamás he contestado a un crítico aunque ignore muchas cosas, como a veces ocurre. Creo que hay que mantener un distanciamiento.

-Se metió en el proyecto de 'Iberia' para descansar de la novela. ¿Le volvieron las ganas de escribir una?

-Sí, de hecho cuando todavía estaba con el segundo tomo de 'Iberia' empecé una nueva novela. Pero no es que me volvieran las ganas, porque yo nunca me propongo escribir esto o lo otro. Simplemente me sentí poseído por una visión que venía cargada de energía. Ahora ya está muy avanzada.

 

 

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