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02/05/06
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| Tomás Val y Manuel de
Lope, en la Feria. / HENAR SASTRE |
| MANUEL DE LOPE| ESCRITOR
39 FERIA DEL LIBRO DE VALLADOLID
«El debate sobre las autonomías no me
interesa nada»
El autor de 'Bella del Señor'
está inmerso en la que será su próxima
novela tras terminar 'Iberia', un detenido viaje por
España que le ha «enriquecido»
ANGÉLICA TANARRO/VALLADOLID
DTiene la seriedad y contención que se asocian
al carácter del castellano viejo. Pero Manuel
de Lope (Burgos, 1949) ha vivido en Francia más
de veinte años y está acostumbrado a mirar
a su país desde fuera. Sin embargo, sus dos últimos
libros, 'Iberia: La puerta iluminada' e 'Iberia: La
imagen múltiple' le han obligado a una inmersión
en este «hermoso mosaico» que es España.
Dos obras que le han servido para descansar de la novela,
el género que le convirtió desde 'Octubre
en el menú' o 'Bella del señor' en un
autor de culto. Con 'Las perlas peregrinas', su incursión
en el 'thriller', ganó un premio (Primavera),
ganó lectores y alguna crítica desfavorable.
Todo ello lo mira con distancia. Ayer protagonizó
el encuentro del día de la Feria y tuvo a otro
burgalés y novelista, Tomás Val, como
presentador.
-Hacer este viaje tan detenido por las distintas
regiones españolas ¿ha hecho que cambie
su visión del país?
-No. Tampoco tenía una idea preconcebida. Mi
conocimiento era arcaico, por decirlo así, y
ahora tengo una visión actual del país
incluso mucho más amplia de lo que reflejan los
libros, en los que a pesar de que son voluminosos he
tenido que quitar muchas cosas. Lo que ha supuesto esta
«experiencia de España» es un enriquecimiento.
He vuelto más rico, como si me hubiera traído
un botín.
-¿Y cómo ha visto a Castilla
y León, la comunidad de la que procede?
-De todas las regiones doy en el libro una visión
geográfica, histórica y social. Geográficamente
es una región muy estructurada en torno al río
Duero. Históricamente se estructura muy pronto
también y forma el núcleo histórica
de la Península, algo que viene marcado también
por el Camino de Santiago que como el Duero forma ese
gran flujo de comunicación y que ahora ha perdido
el carácter sagrado y se ha convertido en una
vía lúdica y deportiva. Humanamente es
más dispar, más distinta. Desde la montaña
leonesa, que es tierra de pastores, a las tierras agrícolas
de Tierra de Campos, los tipos humanos son diferentes.
-¿Todavía y a pesar de la globalización?
-Depende de en qué nivel se analice. Es como
los estratos arqueológicos, depende de dónde
se haga el corte. Pero, claro, la televisión
ha hecho que en la llanura castellana te encuentres
casas que imitan a las que salen en la series de Hollywood.
Pero también es cierto que a un kilómetro
de Medina del Campo hay una finca veneciana, una arquitectura
hecha a la manera de la de Palladio, y se hizo en el
siglo XVIII. Así que no hemos inventado nada.
-Después de este intenso viaje, por
España ¿cómo ve todo el debate
sobre los nacionalismos y las reformas de los Estatutos?
-Con un gran distanciamiento. No me interesa nada.
Oigo muchos disparates históricos y sociológicos.
Tampoco hago predicciones sobre si lo que vendrá
será mejor o peor que lo que hay. No lo sé.
Hay que tener en cuenta que toda la parte central de
mi vida, de los 20 a los 45 años, la viví
en Francia. Y esa es la parte crucial en una vida. Y
desde fuera veía a España como un mosaico,
como una hermosa vidriera. Y ahora cuando oigo todos
estos debates sencillamente no me interesan.
-Dice que hay fenómenos unificadores
en España mucho más profundos de lo que
se sospecha, ¿cómo cuáles?
-Son muchos y muy importantes porque aunque parezcan
cosas triviales, forman parte de nuestro día
a día. Por ejemplo, la televisión, aunque
sean las autonómicas, en todas hay un mismo modelo
de programa de entretenimiento. Las tiendas de todo
a cien, los restaurantes chinos, los burdeles de carretera...
El otro día en el Metro de Madrid anunciaban
el disco de una cantante, Edurne, que no sé quién
es. Antes, ese nombre euskera era una declaración
de principios, ahora es el de una cantante que canta
en Madrid y que quiere promocionar su disco, pero el
nombre ya no tiene ese sentido... La costumbre de tomar
el aperitivo que es igual en Bilbao o en Cádiz.
Eso no existe en Alemania o en Francia y forma parte
de nuestra vida.
-Hasta 'Las perlas peregrinas' la crítica
le había tratado bien. Con 'Iberia' ¿se
ha reconciliado con ella?
-No lo sé. No me ocupo demasiado por saber si
tengo buena o mala relación con la crítica.
Yo mantengo la creencia de que, cuando un libro es público,
tienes que admitir lo que sea, porque si no vas a aceptar
lo que se diga, entonces mejor no lo publiques. Yo nunca
releo mis libros. Soy tan extremadamente cuidadoso haciéndolos
que luego soy incapaz de releerlos, ya no me pertenecen.
De la misma forma, jamás he contestado a un crítico
aunque ignore muchas cosas, como a veces ocurre. Creo
que hay que mantener un distanciamiento.
-Se metió en el proyecto de 'Iberia'
para descansar de la novela. ¿Le volvieron las
ganas de escribir una?
-Sí, de hecho cuando todavía estaba con
el segundo tomo de 'Iberia' empecé una nueva
novela. Pero no es que me volvieran las ganas, porque
yo nunca me propongo escribir esto o lo otro. Simplemente
me sentí poseído por una visión
que venía cargada de energía. Ahora ya
está muy avanzada.
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