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05/05/06
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| Ángeles Caso, en la Feria.
/ GABRIEL VILLAMIL |
|ÁNGELES CASO| ESCRITORA
«Solo nos han contado la mitad de la historia,
la de los hombres»
Presentó 'Las olvidadas', su
último libro, en el que saca a la luz a pintoras,
ensayistas, escultoras o poetas que vivieron entre el
siglo XII y el XVII
Angélica Tanarro
Licenciada en Historia del Arte Ángeles Caso
(Gijón, 1959) cambió el periodismo por
la literatura después de trabajar en Televisión
Española, Cadena Ser, Radio Nacional de España
y diversos periódicos. Ha escrito biogra- fías
-las de Elisabeth, emperatriz de Austria-Hungría
y el compositor Giuseppe Verdi- y novelas, como 'El
peso de las sombras', que fue finalista del Premio Planeta
en 1994; 'El mundo visto desde el cielo' y 'Un largo
silencio', con la que ganó el Fernando Lara y
en la que narra la historia de las mujeres republicanas
que quedaron solas tras la Guerra Civil. Su último
libro, que presentó ayer en la Feria en un encuentro
con los lectores, es 'Las olvidadas, una historia de
mujeres creadoras', en el que saca a la luz a pintoras,
escultoras, ensayistas o poetas que vivieron entre los
siglos XII y XVII en Europa y que lucharon por hacer
su trabajo en épocas en las que solo pasaron
a la historia algunas reinas o las amantes de los reyes.
-¿Entre todas estas mujeres, a quién
destacaría?
-Quizá a Cristina de Pisan, la primera escritora
que defendió la capacidad intelectual y hasta
física de las mujeres. Autora de 'La ciudad de
las damas', fue una feminista del siglo XIV y habló
y escribió de la situación femenina.
-Muchas tenían detrás un hombre
que las apoyaba y que a veces convertía su obra
en propia.
-Un ejemplo es Oliva de Sauco, filósofa y médico
española del siglo XVI, una mujer muy preparada
por su padre que escribió un tratado de medicina.
Sin embargo, al final de su vida el padre se negó
a reconocer su trabajo y dijo que el autor era él.
El apoyo de los padres aparece especialmente en las
pintoras, ya que hay muchas mujeres trabajando en talleres
como ayudantes en los negocios familiares. Un ejemplo
es Juana Pacheco, la mujer de Velázquez, quien
empezó con su padre, Francisco Pacheco. Pero
también existieron mujeres que llegaron muy lejos,
se hicieron ricas gracias a su obra artística
y tuvieron a hombres trabajando en sus talleres como
ayudantes. En estos últimos quince o veinte años
grandes museos han tenido que revisar algunas autorías
y devolver las obras robadas a las pintoras y atribuidas
a pintores de primera fila. Esto se daba en la literatura
pero todavía más en el arte.
-¿Qué método ha empleado
para reunir a estos personajes?
-En los últimos veinte años han aparecido,
aunque con evidente retraso, numerosos estudios de género
de historiadores de Estados Unidos, así como
italianos, alemanes, franceses o alemanes, que han sacado
a la luz a estas mujeres. Yo les he seleccionado y y
a través de un largo trabajo de investigación
he llegado a mis propias conclusiones. Es decir, que
de alguna manera me han servido para mi obra personal,
por lo que el libro incluye una larga lista de la bibliografía
utilizada.
-¿Todavía hay mucho trabajo por
hacer?
-Si sabemos poco de los grandes personajes, de las
mujeres mucho menos. Sus vidas se reconstruyen gracias
a documentos públicos, partidas de nacimiento
o defunción, compraventas, textos recogidos por
otros autores, pero las mujeres no tenían apenas
presencia jurídica y a veces ni siquiera las
registraban al nacer. Por eso es necesario contar la
mitad de la historia, la que nunca nos han contado.
Sabemos cómo vivían los hombres, pero
no las mujeres, a no ser que fueran grandes reinas o
amantes de reyes. Además, todos somos hijos de
nuestro tiempo y la mayoría asumió su
papel de sombra o florero con naturalidad. Incluso,
las que se rebelaron tuvieron que enfrentarse con las
mujeres de su propio entorno que no creían que
la cultura o la educación fuesen convenientes.
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