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DEL 28 DE ABRIL AL 7 DE MAYO DE 2006

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05/05/06

Ángeles Caso, en la Feria. / GABRIEL VILLAMIL

|ÁNGELES CASO| ESCRITORA

«Solo nos han contado la mitad de la historia, la de los hombres»

Presentó 'Las olvidadas', su último libro, en el que saca a la luz a pintoras, ensayistas, escultoras o poetas que vivieron entre el siglo XII y el XVII

Angélica Tanarro

Licenciada en Historia del Arte Ángeles Caso (Gijón, 1959) cambió el periodismo por la literatura después de trabajar en Televisión Española, Cadena Ser, Radio Nacional de España y diversos periódicos. Ha escrito biogra- fías -las de Elisabeth, emperatriz de Austria-Hungría y el compositor Giuseppe Verdi- y novelas, como 'El peso de las sombras', que fue finalista del Premio Planeta en 1994; 'El mundo visto desde el cielo' y 'Un largo silencio', con la que ganó el Fernando Lara y en la que narra la historia de las mujeres republicanas que quedaron solas tras la Guerra Civil. Su último libro, que presentó ayer en la Feria en un encuentro con los lectores, es 'Las olvidadas, una historia de mujeres creadoras', en el que saca a la luz a pintoras, escultoras, ensayistas o poetas que vivieron entre los siglos XII y XVII en Europa y que lucharon por hacer su trabajo en épocas en las que solo pasaron a la historia algunas reinas o las amantes de los reyes.

-¿Entre todas estas mujeres, a quién destacaría?

-Quizá a Cristina de Pisan, la primera escritora que defendió la capacidad intelectual y hasta física de las mujeres. Autora de 'La ciudad de las damas', fue una feminista del siglo XIV y habló y escribió de la situación femenina.

-Muchas tenían detrás un hombre que las apoyaba y que a veces convertía su obra en propia.

-Un ejemplo es Oliva de Sauco, filósofa y médico española del siglo XVI, una mujer muy preparada por su padre que escribió un tratado de medicina. Sin embargo, al final de su vida el padre se negó a reconocer su trabajo y dijo que el autor era él. El apoyo de los padres aparece especialmente en las pintoras, ya que hay muchas mujeres trabajando en talleres como ayudantes en los negocios familiares. Un ejemplo es Juana Pacheco, la mujer de Velázquez, quien empezó con su padre, Francisco Pacheco. Pero también existieron mujeres que llegaron muy lejos, se hicieron ricas gracias a su obra artística y tuvieron a hombres trabajando en sus talleres como ayudantes. En estos últimos quince o veinte años grandes museos han tenido que revisar algunas autorías y devolver las obras robadas a las pintoras y atribuidas a pintores de primera fila. Esto se daba en la literatura pero todavía más en el arte.

-¿Qué método ha empleado para reunir a estos personajes?

-En los últimos veinte años han aparecido, aunque con evidente retraso, numerosos estudios de género de historiadores de Estados Unidos, así como italianos, alemanes, franceses o alemanes, que han sacado a la luz a estas mujeres. Yo les he seleccionado y y a través de un largo trabajo de investigación he llegado a mis propias conclusiones. Es decir, que de alguna manera me han servido para mi obra personal, por lo que el libro incluye una larga lista de la bibliografía utilizada.

-¿Todavía hay mucho trabajo por hacer?

-Si sabemos poco de los grandes personajes, de las mujeres mucho menos. Sus vidas se reconstruyen gracias a documentos públicos, partidas de nacimiento o defunción, compraventas, textos recogidos por otros autores, pero las mujeres no tenían apenas presencia jurídica y a veces ni siquiera las registraban al nacer. Por eso es necesario contar la mitad de la historia, la que nunca nos han contado. Sabemos cómo vivían los hombres, pero no las mujeres, a no ser que fueran grandes reinas o amantes de reyes. Además, todos somos hijos de nuestro tiempo y la mayoría asumió su papel de sombra o florero con naturalidad. Incluso, las que se rebelaron tuvieron que enfrentarse con las mujeres de su propio entorno que no creían que la cultura o la educación fuesen convenientes.

 

 

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