LAS caras de asombro de los más pequeños constrastaban con las de lujuria de los jóvenes y no tan jóvenes. Ellos y ellas disfrutaron de los bailes que las go-gós y los bailarines les brindaron ayer por la noche en la edición del 2004 de la multitudinaria Partydance.El centro comercial que sirvió de punto de partida era un hervidero de nervios antes de la salida. La lluvia que cayó durante parte del recorrido no deslució en absoluto la parada musical. Varias 'drag queens' tomaban un café tranquilamente mientras las bailarinas más jóvenes eran un manojo de nervios.
Poca ropa, disfraces originales (y escasos), pintura, maquillaje y excelente peluquería convirtieron a todos los participantes en bailarines de lujo en un acto que subió el listón del año anterior.
El cine, los musculados marineros, las reinas de la noche, los oscuros góticos entre las columnas de los claustros y las principiantes se subieron en sus camiones, decorados de forma austera pero significativa.
El recorrido del desfile contó con una auténtica riada de gente. Decenas de miles de vallisoletanos bailaban al ritmo de diferentes estilos. El volumen de la música iba en aumento según se acercaba la comitiva al centro. Los peñistas saltaban junto a los camiones, y los flashes de las cámaras iluminaban aún más a los camiones. La mayoría de los fotógrafos eran hombres. Mientras las espectadoras bailaban los ritmos más actuales, y disfrutaban de los marineros, el público masculino se limitaba a observar el movimiento de las chicas ligeras vestimentas.
Los disc-jockeys vallisoletanos hicieron las delicias de todos los presentes, mezclando con maestría canciones que incitaban a los pasajeros de las carrozas a moverse de forma incansable. Las botellas de agua se hacían necesarias para los bailarines, ya que resultaba duro aguantar tanto tiempo el ritmo de los éxitos de las discotecas.
La Partydance volvió a convertirse en el acto más espectacular de las Fiestas de la Virgen de San Lorenzo, emplazando a todos los vallisoletanos para el próximo año. Esperando que el tiempo acompañe, lo que significaría más baile, más sudor, y quién sabe, quizá algo menos de ropa, si es que es posible.