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Ferias y fiestas
JOAQUÍN MARTÍN DE UÑA
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| Dos cabezudos se resguardan de la lluvia durante las Fiestas de San Mateo de 1999. / G. VILLAMIL |
CONTINUANDO el ciclo natural de celebraciones, después de las alegrías frías de Navidad, las celebraciones religiosas y artísticas de la Semana Santa, sin olvidar las celebraciones de San Pedro Regalado, así como las fiestas y 'puentes' intermedios, al calendario festivo vallisoletano llegan los días marcados en festivo de las Ferias y Fiestas de Valladolid.Como en toda España, dos notas esenciales caracterizaron las celebraciones feriales de nuestra ciudad en sus orígenes: Una de carácter material-económico, la concentración de mercaderes que podían vender sus productos bajo unas condiciones más ventajosas que en su actividad normal (gracias a los beneficios que los reyes concedían a las ciudades en determinadas fechas y en pago a favores recibidos de sus vecinos),y otra de carácter espiritual, honrar figuras del santoral católico a las que acogían como patronos los centros de población, o recordar acontecimientos íntimamente relacionados con la historia de las ciudades y villas. No son por ello extrañas en toda la geografía española, nación esencialmente mariana, las celebraciones en toda época de sucesos relacionados con la Santísima Virgen María, no constituyendo Valladolid una excepción a dicha norma. El convencimiento popular católico (universal) de la concepción sin pecado de la Santísima Virgen María, hizo que muchas ciudades y pueblos celebraran (siglos antes de su declaración oficial) esta prerrogativa divina. A la Inmaculada Concepción dedicaron los vallisoletanos en la Edad Media la celebración de sus ferias El racionalismo imperante en los siglos XVIII y XIX hizo que la celebración del suceso económico que eran las ferias, se celebrara en fechas distintas de las originales. En Valladolid, de su celebración del día de la Asunción, el 15 de agosto, conocido en muchas villas y pueblos castellanos como 'Díagosto', pasó a celebrarse a finales del mes de setiembre para honrar a San Mateo y recordar el incendio que la ciudad sufriera en 1.561, con el fin de conseguir la mayor asistencia de labradores de la provincia, una vez finalizadas sus labores de recogida de la cosecha de cereales. Un amigo, natural de otra región española, me dijo en una ocasión: «No me explico el sadismo de los vallisoletanos. Celebráis un incendio que prácticamente destruyó vuestra ciudad y la derrota y ejecución de los luchadores contra el absolutismo de Carlos V, como si no tuvierais otras cosas que celebrar». Creo que no le faltaba razón. Durante varios años, distintos equipos municipales con base, no tanto en el increíble avance experimentado por la técnica que redujo las labores de recolección de las cosechas, como por el iniciado cambio climático, que materialmente aguaba las Ferias de San Mateo, pretendió sin éxito (eran demasiados días de fiesta seguidos) unir la celebración de la patrona y Alcaldesa Honoraria de la ciudad, Nuestra Señora de San Lorenzo, con el recuerdo del incendio ocurrido el día de San Mateo en 1561. Desde no hace aún cinco años, y no constituyendo quizás el principal deseo de nuestras autoridades municipales, se ha recobrado la tradición de honrar a Nuestra Señora en las Ferias vallisoletanas y se ha conseguido reducir esencialmente el riesgo de tormentas y chubascos, que durante varios años 'pasaron por agua' nuestras Ferias. Estamos en los comienzos del mes de septiembre del 2004, y únicamente me resta desear a los lectores de este «recuerdo», lo mejor para su diversión durante estos días sin olvidar hacer una visita, por corta que sea, a nuestra patrona.
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