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Roberto Carlos y Morenito de Aranda, a hombros en el primer festejo de feria
Cortan dos orejas cada uno en una tarde en la que Tomás Escudero no tuvo suerte en el sorteo
JOSÉ LUIS LERA
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| Roberto Carlos y Morenito de Aranda salen de la plaza a hombros, tras actuaciones muy entonadas premiadas con generosas orejas. / HENAR SASTRE |
Una presidencia despilfarradora convirtió en apoteosis, con la salida a hombros de dos diestros, una novillada que solo tuvo de triunfal la desbordada imaginación del palco. Esta puntualización no va en detrimento de los toreros. Tanto Roberto Carlos como Morenito de Aranda tuvieron unas actuaciones muy entonadas, dispuestas, e, incluso, a ratos, muy lucidas, pero alejadas de electrizantes emociones. Buen novillo el primero, el único aplaudido con fuerza en el arrastre, llega a la muleta de Roberto Carlos con mucho son, recorrido y nobleza. Tras el brindis a Manolo Sánchez, el diestro comienza la faena con cuatro estatuarios en el centro del ruedo. Después series con ambas manos, algunas con gusto y de elegante corte, pero sin enfadarse lo suficiente para añadir pasión a sus señoriales maneras. Excelente novillo éste, también fue bueno el quinto, aunque su nobleza pecó se sosería. El resto del encierro llevó poco dentro. El segundo fue muy chico y claudicante. Tardo y justo de fuerza el tercero, se rajó pronto el cuarto y resultó deslucido el sexto. Con el segundo de su lote, Roberto Carlos volvió a mostrar su naturalidad y finura, ante un novillo que le dio pocas facilidades. Pese a sus denodados esfuerzos, Morenito de Aranda no pudo realizar faena a su primero. Sí, por su tesón, robar algún muletazo a un enclenque novillo que no los tenía. En su segundo realizó una faena muy compuesta, entregada, y valerosa, en tandas con las dos manos muy ligadas, en las que sobresalieron algunos muletazos muy enjundiosos. Culminó su labor con unos ajustados circulares y adornos de rodillas. Con la tizona, el arandino anduvo muy certero en sus dos enemigos. Tomás Escudero no tuvo su tarde. Ni novillos para desarrollar su particular torería. Brindó a su cuadrilla la muerte de su primer novillo. En una tarde en la que ni para bien ni para mal se hicieron notar los subalternos, citemos el nombre de los brindados para los anales de la plaza: El Lili, Luis Miguel Collado y Roberto Escudero. Después la faena careció de relieve. La banda hizo sonar el pasodoble 'Churumbelerías', pero ni por esas. Series cortas, poco limpias, en las que nunca bajó la mano a un novillo que echaba la cara arriba. No mejoró mucho el panorama en el último ejemplar de la tarde. Y comenzó a llover.
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