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La lluvia añade un extra de melancolía al tango
Por primera vez la Plaza de Colón fue testigo de los calculadísimos pasos de los tangueros que cada año por estas fechas se dejan caer donde toque, para deleitar a todo el que se acerca atraído inocentemente por los compases de un acordeón y las letras desgarradas de Gardel. Un año más, la Asociación Vallisoletango se encargó de dar color a la improvisada pista con más de treinta bailarines y el grupo Recuerdo puso la música a una tarde lluviosa que perdió público pero, sin duda, ganó en melancolía. / R. SUÁREZ
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