|
Un saldo de toros
César Manrique tomó la alternativa en una tarde en la que los toros no dieron ninguna posibilidad ni al nuevo doctor ni a Juan Diego y Mario Campillo
TEXTO:
JOSE LUIS LERA FOTOGRAFÍAS: H. SASTRE Y G. VILLAMIL
 |
| César Manrique recibe la alternativa de manos de Juan Diego, como padrino, y Mario Campillo de testigo. |
FALTABA un minuto para las seis y media de la tarde, cuando el toro 'Jirafito', de la ganadería de Fidel San Román, negro de pelo, de 558 kilos y nacido en enero del 2000, caía abatido por la espada de su matador. Fue en ese momento cuando César Manrique pasó a engrosar la lista de los matadores de toros. Minutos antes, César, vestido de sangre y oro, había recibido los trastos del doctorado de manos de Juan Diego, su padrino, en presencia, como testigo, de Mario Campillo. Fue ayer, domingo 11 de septiembre, Una efeméride para la historia. La historia de una investidura taurina, que sucedió en una corrida sin historia. César Manrique, con los nervios a flor de piel, tenso y abrumado por la responsabilidad, no tuvo la tarde deseada por todos. No tuvo tampoco toros para hacer filigranas. Su primer enemigo era tan noble como soso y parado. César ensayó algún muletazo enjundioso, pero la carencia de emoción del toro hizo que la faena no levantara el vuelo. En el sexto y último, la tarde ya cuesta abajo, ante otro toro desrazado, César se vio invadido por el desánimo. Quedo inédito un torero de tanta clase como es Juan Diego y estuvo muy valiente, voluntarioso y decidido Mario Campillo. Los toros, que no valieron un duro, no dieron posibilidades a la terna.
|