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Triste fin de feria

Los aficionados de Medina de Rioseco no se perdieron el bautismo taurino de su vecino, en una tarde que empezó soleada y remató con lluvia

TEXTO: NIEVES CABALLERO FOTOGRAFÍAS GABRIEL VILLAMIL Y HENAR SASTRE

Raquel Manrique, madre del nuevo diestro vallisoletano.
LA afición despidió ayer la feria taurina de septiembre bajo los paraguas. Fue una triste tarde porque al desde ayer nuevo matador vallisoletano César Manrique, que se vestía por primera vez de traje de luces, un bonito traje sangre de toro y oro, no le acompañó ni siquiera el tiempo. Eso sí, la familia Manrique estaba en pleno para apoyar al nuevo matador. Ni su madre, Raquel Manrique, que se encontraba en el tendido seis,ni su hermano, Óscar, ni su abuelo, Amancio Manrique 'El Taca', que veía los toros desde contrabarrera del ocho junto a su sobrino, José Manrique, faltaron a la cita.

Por su puesto, tampoco podía fallar su tío, el ex matador y actual gerente del coso del Paseo de Zorrilla, Jorge Manrique, que pasó toda la corrida con una contenida emoción de una lado a otro del callejón, siempre al quite para intentar templar los nervios de su sobrino.

Los aficionados de Medina de Rioseco, repartidos por toda la plaza, no quisieron perder la ocasión de aplaudir al nuevo torero, a pesar de su triste debut. Incluso, en un burladero del callejón, se podía ver al alcalde riosecano, Artemio Domínguez.

También en el callejón, se encontraba el director de márquetin del Real Valladolid y ex jugador del Forum, Juan Ramón Hernández, quien charlaba con el bodeguero Luis Sanz Bustos, de Dehesa de los Canónigos. De nuevo en barrera del tendido ocho, se hallaban el dentista Rafael Pérez, de la familia Helios, y su mujer, Ángela de la Calle. Muy cerca se encontraba la aficionada Raquel Robledo, con su hija de dos años, Lucía Pascual Robledo. En barrera del dos, estaba el abogado de Fuensaldaña César Príncipe, de conversación con un amigo.

En su habitual burladero, los veterinarios del coso, entre ellos, los hermanos Francisco y José María Robles, Jesús Camazón, Carlos Valencia y Olegario Martín -por ahí andaba también Jesús Cortés- asistían a la última de la nueve corridas de abono. ¿Pobres los del abono! Ni que decir de los astados. Fue una triste tarde para añadir aún más sabor amargo a una decepcionante feria.




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