Huele
a sardinas
La
apertura de las casetas de la Feria de Día congrega
a multitud de ciudadanos en la calles vallisoletanas
desde las primeras horas de la fiesta
VICENTE
ÁLVAREZ
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| Ambiente de las casetas en las
primeras horas de la Feria de Día. / G. VILLAMIL |
A
las nueve en punto de la noche, como viene siendo tradación
desde hace unos año, las casetas de la Feria
de Día abrieron sus puertas o, mejor dicho, sus
cocinas para las miles de personas que pasrán
a lo largo de estos diez días por ellas.
El
comienzo nopudo ser mejor para una de las actividades
estrella de las fiestas de la virgen de San Lorenzo.
En cuanto el chipinazo dio elpunto de salida a los días
festivos, la gente empezó a acudir en masa a
lospuestos. Los camarerosy camareras, todos con el mismo
uniforme negro, empezabana no dar abasto ante la cantidad
de gente que se les acumulaba. La
plaza de Coca, la zona de San Benito y la de San Lorenzo
eran un hervidero de vallisoletanos que, tras acudir
alpregón, no dudaron ni un instante en acercarse
a la Feria de Día.
«Una
de huevos» será la frase más repetida
por las camareras de la Taberna del Herrero en estos
días, ya que cada minuto que pasaba los ciudadanos
no paraban de pedir el plato estrella de la caseta,
los huevos rotos, y así sucederá a lo
largo de estos días. Cerca de este establecimiento
se encontraba el puesto del restaurante
La Mina, uno de los que seguramente sean de los más
visitados ya que le han dado un toque andaluz en su
decoración y a su cocina, ya que sirven rebujitos
y dan entre otras cosas tortilla de camarón o
salmorejo. Además a partir de hoy
y hasta el final de fiestas de 14.00 a 16.00 horas habrá
un grupo de sevillanas que amenizará la comida
a los visitantes.
Con pocos baños
Las cantidades de sardinas que servían los camareros
del Restaurante Don Claudio hacían que toda la
plaza del Coca oliera a este pescado. Las personas que
se encontraban en esta barraca podían saber perfectamente
el lugar de los baños, pero no tenían
tanta fortuna el resto de vallisoletanos que disfrutaban
de los pinchos en otros lugares y que querían
ir a uno.
Ya que hay muy pocos para la gran cantidad de público
que se concentra en estos bares improvisados. Además,
una hora después de que hubiera empezado la
frenética actividad estos ya tenían alguna
que otra botella de calimocho en su interior.
Niños con globos, gente sentadas en bancos y
escaleras, empanadas, pinchos morunos, ‘preñaos’,
patatas rellenas o crepes eran los ingredientes que
se mezclaban en los alrededores de San Benito, una de
las zonas que registró
mayor número de visitantes en el día de
ayer. Pero esto es solo el comienzo porque aún
quedan nueve días para disfrutar de la gastronomía
que ofrecen la mayoría de los bares vallisoletanos.
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