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Valladolid
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| Valladolid | cien años de la casa consistorial
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Un Ayuntamiento centenario con siglos de historia
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Celebración del centenario del 2 de mayo en el inconcluso Ayuntamiento. / Pinciano

>>Centenario
de laCasa Consistorial
(gráfico).

Cronología

1561:
El centro de Valladolid es asolado por las llamas y se procede a la reconstrucción de las zonas hoy conocidas como Platerías, Cebadería, Ochavo y Plaza Mayor.
1562:
El arquitecto designado por Felipe II para realizar un nuevo trazado de la ciudad y construir una Casa Consistorial, Francisco de Salamanca, comienza las obras de esta última en el mismo emplazamiento que hoy ocupa.
1577:
Finalizan las obras de la Casa Consistorial.
Siglos XVIII y XIX:
Se erigen los torreones laterales y la torre central para el reloj del viejo Ayuntamiento. Desamortizaciones en Valladolid. Llegada del ferrocarril. Creación de las zonas burguesas de la ciudad.
1879:
El alcalde Miguel Íscar promueve la demolición del antiguo Consistorio.
1880:
Concurso público para contratar la ejecución de la nueva Casa Consistorial, adjudicado inicialmente a Antonio Yturralde.
1897:
Parálisis de las obras del Ayuntamiento y muerte de Yturralde. Nombramiento de Enrique María Repullés como arquitecto encargado de continuar el proyecto.
1898:
Comienzo de las obras.
1908:
Inauguración de la nueva Casa Consistorial. Su estructura es, en esencia, la misma en la actualidad.

 

 

 

 

 

UNA pertinaz lluvia caía el día que fue inaugurada la nueva Casa Consistorial de Valladolid el 19 de septiembre de 1908. Numerosos acontecimientos tuvieron que acaecer años antes, incluso siglos, para que la señalada efeméride pueda celebrarse. Y otros tantos para que la Casa Consistorial cumpla hoy su primer centenario de vida.
El nuevo Ayuntamiento surgió como consecuencia de acontecimientos anteriores y de las circunstancias históricas concretas en las que se encontraba el Valladolid de la época. Según Teófanes Egido, cronista de la ciudad, esta construcción «obedece a un tiempo de crecimiento, de agitación urbanística que proviene de mediados del siglo XIX».
Valladolid se moderniza durante este siglo y llega a una situación en la que se hace exigible una nueva Casa Consistorial, tras la vorágine remodeladora a la que dieron lugar las desamortizaciones. «Todos los conventos y monasterios de Valladolid, que eran muchísimos, fueron expropiados por el Gobierno. Se expulsó a los monjes de San Benito, a los que había en El Carmen (hoy convertido en cementerio) y a los del convento más importante de la ciudad: los Franciscanos de la Plaza Mayor, que estaban situados enfrente de los que hoy es el Ayuntamiento», señala Egido.
Es entonces cuando Valladolid deja de ser rural, y el campo que penetraba en la ciudad a mediados del siglo XIX se aleja definitivamente del núcleo urbano. «Los monasterios expropiados estaban llenos de huertas. Las de San Benito, por ejemplo, abarcaban todo el Poniente y llegaban casi hasta las márgenes del río. La acera de Recoletos, enfrente del Campo Grande, recibió su nombre de un convento de religiosos homónimos situado allí», detalla el cronista.
Como efecto de las xpropiaciones de dichos espacios, va surgiendo el Valladolid moderno y aburguesado. «La Casa de Mantilla, los edificios de Duque de la Victoria, el Campo Grande... Todo ello proviene de ese tiempo de crecimiento urbano», apunta Teófanes.

Llegada del ferrocarril
El segundo factor decisivo del cambio hacia la modernidad en Valladolid fue la llegada del tren, que crea unas posibilidades entonces insospechadas pero muy efectivas. «Había un ambiente de expectación muy parecido al que hemos experimentado ahora con la llegada del AVE, pero en aquella época era casi partir de la nada y por eso la llegada del tren en 1856 es algo tan remarcable».
Las inquietudes en los campos del transporte, la comunicación, la industria y las finanzas dan como resultado un optimismo urbano que impulsa decididamente la modernización de Valladolid. La expresión política de este entusiasmo urbanístico llegaría de la mano del alcalde Miguel Íscar, que «rompió, rasgó, y se propuso hacer una Casa Consistorial para la ciudad más importante del centro de España», remarca Teófanes Egido.

Nuevo espacio
El Ayuntamiento se encontraba en el mismo lugar en el que se localiza hoy desde tiempos de Felipe II, ideado por el arquitecto Francisco de Salamanca en 1562 a imagen de El Escorial de Madrid, y se complementó con sucesivas mejoras hasta mediados del siglo XIX, momento en que la falta de espacio se hizo cada vez más acuciante. La antigüedad de la construcción y las reformas efectuadas sin un plan preconcebido a lo largo de los años hacían aconsejable proceder por la vía drástica de la sustitución.
«Miguel Íscar no se anduvo con cortapisas: había que hacer todo nuevo. Y así, sin tener ningún proyecto ni ningún plan pensado, derribaron el viejo Ayuntamiento», explica Egido. La institución se trasladó entonces al Palacio Ortiz de Vega (hoy Banco Bilbao-Vizcaya en la calle Duque de la Victoria) y poco después al Seminario Conciliar, junto a la antigua Escuela Normal de Maestros (calle López Gómez). La demolición comenzó el 12 de agosto de 1870. Un año después, en 1880, quedó resuelto el concurso público convocado para la contratación de una nueva Casa Consistorial en el lugar que hasta entonces había ocupado el edificio derruido, entre las calles de Jesús y de la Manzana. El proyecto fue adjudicado inicialmente al arquitecto Antonio Yturralde. Sin embargo, la Real Academia de Bellas Artes puso algunos reparos al planteamiento constructivo original y, a la muerte de Yturralde, en 1897, las obras se encontraban paralizadas.
Conflicto y éxito
El Ayuntamiento nombró, entonces, un técnico encargado de continuar el trabajo, responsabilidad que recayó en Enrique María Repullés y Vargas, quien derribó todo lo efectuado hasta el momento por Antonio Yturralde, salvando la cimentación.
El espacio en el que debía ir situado el nuevo consistorio era, inicialmente, bastante estrecho, por lo que hubo que ampliar la calle de Jesús hasta la plaza de la Rinconada, derribando la fachada original de la iglesia de Jesús, y trasladándola y reconstruyéndola unos metros más atrás en una peculiar composición de ladrillo. Todo ello en beneficio de la extensión de la nueva edificación hacia el norte.
En el ecuador del proceso de construcción del nuevo Ayuntamiento, en 1903, surgió una nueva dificultad para el proyecto, que acabó en un enfrentamiento xenófobo entre obreros. Un grupo de proletarios, al grito de ‘Pan y trabajo’, protestaban por las calles de la capital ante la escasez de empleos de invierno proporcionados habitualmente por los gobernantes de la época. Al llegar a la Plaza Mayor y comprobar que la mayoría de los canteros encargados de las obras de la Casa Consistorial eran portugueses y segovianos de Sepúlveda, los trabajadores les atacaron con piedras, aunque el asalto quedó en mera anécdota.
Por fin, en 1908, tuvo lugar la inauguración del edificio institucional entre grandes festejos y, con él, el comienzo de la vida política participativa en Valladolid.

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