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Valladolid
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| Valladolid | El proyecto
El Ayuntamiento, visto desde los soportales de la Plaza Mayor. / Alfonso E. Caño
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El proyecto de Repullés cautivó la sociedad de la época
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Enrique María Repullés y Vargas fue el arquitecto encargado de diseñar el proyecto de la Casa Consistorial

La Comisión de Obras quedó entusiasmada con el proyecto

Los críticos decían que el edificio era ecléctico

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El reloj de la torre. / Alfonso E. Caño

 

Orgulloso en su discurso

El 19 de septiembre de 1908, Enrique Repullés y Vargas dio su discurso de inauguración de la Casa Consistorial (Archivo Municipal, C 14-5). Repullés mostró su orgullo al ser el arquitecto elegido, «pues tan prestigioso edificio, en todos los tiempos y espacios, ha sido objeto de las mayores atenciones y preferencias, hasta el punto de que en la ciudad descuella por su magnitud y riqueza, sin más rival que la Catedral».

 

LA historia del proyecto de construcción de la nueva Casa Consistorial de Valladolid cuenta con dos nombres propios: Antonio Yturralde y Enrique María Repullés y Vargas. El primero presentó dos proyectos –uno en 1883 y otro en 1892–, pero falleció el 20 de febrero de 1897.
Tras su fallecimiento, el Ayuntamiento tomó la decisión de ofertar el desarrollo del proyecto, conjuntamente, a los dos accésit del concurso celebrado en 1882 para el diseño de la Casa Consistorial: Teodosio Torres y Juan Bautista Lázaro. Sin embargo, tal y como recoge Julio Arrechea Miguel en su libro ‘El edificio del Ayuntamiento de Valladolid’ (Archivo Municipal), la Comisión de Obras de 18 de noviembre de 1897 cambió radicalmente de estrategia, y en esa sesión propone realizar un sorteo entre aquellos arquitectos españoles que, por aquel entonces, hubiesen construido algún edificio público. El arquitecto ganador fue Enrique María Repullés y Vargas, proyector del edificio madrileño de la Bolsa.
El 12 de diciembre de 1898, Repullés hace entrega del nuevo proyecto, con memoria y planos incluidos. El primero de los capítulos (se encuentra en el Archivo Municipal, caja 32833) comienza así: «Todo edificio tiene que responder a las necesidades del objeto a que se destina; y para conseguirlo cumplidamente necesario es construirlo de nueva planta, previo un estudio detenido de las dichas necesidades, varias y diversas, pero relacionadas para constituir lo que pudiéramos llamar sus vidas».
En ese mismo proyecto, el arquitecto recuerda que, para la construcción de la Casa Consistorial, «se han adoptado, en general, los materiales que la localidad ofrece, combinados de manera que se concilien la mayor estabilidad con una prudente economía... Aprovechando gran
parte de la antigua cimentación, la que se haga de nuevo se construirá con mampostería de piedra de Villanubla y mortero de cal hidráulica, enrasando con hormigón de ladrillo vitrificado (llamado ‘Benito’ en la localidad), machacado y bien bañado con lechadas...».
El proyecto también incluye un apartado para el presupuesto, donde Repullés detalla los precios de los materiales y el coste de la mano de obra de aquella época. En este apartado, Repullés realiza sus cálculos de esta forma: «Dos peones, que ganan 1,75 pesetas de jornal cada uno, manipulan en un día de trabajo tres metros y medio de mortero, por lo cual el metro cúbico de mortero de cal y arena sale a una peseta como coste de la mano de obra».
Para calcular el precio del metro cúbico de mampostería, Repollés hace la siguiente apreciación: «Una cuadrilla, compuesta de un oficial cuyo jornal es de 3,50 pesetas, un ayudante a 2,75 y cuatro peones para acercar la piedra y el mortero, a 1,75 pesetas cada uno, o sea un total de 13,25 pesetas, pueden hacer al día, sentando los mampuestos a mano y acuñando bien, unos cuatro metros, y por tanto sale el valor del trabajo para cada metro cúbico a 3,30 pesetas».

Modificación en la torre
La Comisión de Obras del Ayuntamiento de Valladolid quedó entusiasmada con el proyecto de Repullés, que recibió alabanzas por la exactitud del emplazamiento, la coherencia y comodidad de la planta, y, tal y como recoge Julio Arrechea Miguel, «su inmenso ‘gusto artístico’, ya que al contemplar esta fachada –señalan– se siente la emoción estética que todo lo bello produce».
Sin torre
Desde este momento, la construcción continuaría un proceso con pocos altibajos. Solamente se producirán modificaciones en la torre, cambios puntuales en la distribución y se sustituirá la parte de la estructura metálica por el reciente hormigón armado.
El edificio quedaría inaugurado el 19 de septiembre de 1908, pero sin tener su torre finalizada. Y aunque los comentarios de la época fueron positivos sobre el resultado final, algunos estudiosos vertieron infinidad de críticas y comentarios dudosos sobre su valor. Los más ‘osados’ se atrevieron a decir que el nuevo edificio era un «pastiche, una utilización falsa de formas históricas, una propuesta ecléctica cuyos valores aparecían como verdaderos enemigos de la modernidad».