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Valladolid
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| Valladolid | El edificio
Vista general del despacho de la Alcaldía. /Alfonso E. Caño
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El eclecticismo por bandera: espíritu de un siglo
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El edificio del Ayuntamiento se inscribe en los parámetros arquitectónicos críticos con el clasicismo, mezclando elementos heterodoxos y creando nuevos lenguajes

El neogótico o los orientalismos son los estilos del cambio de siglo

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Momento de la construcción de la Casa Consistorial en la Plaza Mayor en 1903. / Grupo Pinciano

 

Accidentada torre del reloj

El 14 de marzo de 1911 un gran estruendo alarmaba a los empleados públicos del consistorio. El reloj de la torre se había desplomado, causando graves desperfectos en el Salón de Recepciones. Pero ésta no fue la primera polémica causada por la ‘torre de merengue y azúcar’, como se le llamó entonces. Su pequeño tamaño fue motivo de críticas, que hoy se mantienen. «No obedece a la lógica geométrica de las torres de las esquinas», opina Arnuncio.

 

POSIBLEMENTE, el de Valladolid no sea el mejor ayuntamiento construido en la España del período. «No es el más exhuberante ni el más ricamente ornamentado», escribió el catedrático de la Universidad de Valladolid (UVA) Julio Arrechea Miguel en su libro sobre el arquitecto del nuevo Consistorio, Enrique María Repullés, titulado ‘El edificio del Ayuntamiento de Valladolid’.
Su valor reside, sin embargo, en la capacidad de síntesis de temas de orden estético y constructivo, su referencia a sistemas de disposición modernos, así como su búsqueda apasionada de una identidad local para la arquitectura. Otro profesor de esta disciplina en la UVA, Juan Carlos Arnuncio, que se encuentra realizando una investigación en torno a la centenaria Casa Consistorial de Valladolid, califica el espíritu eclecticista que domina las construcciones de la época como «un intento de inventarse nuevos lenguajes o de incorporar elementos de repertorios diversos».

Repertorio estilístico
Como corazón de la ciudad, la Casa Consistorial de Valladolid asume un valor ideológico muy especial para el siglo XIX. Según el crítico arquitectónico Guadet, en estos edificios símbolo de la época se refleja «la protesta contra el derecho del más fuerte, la lucha de la vida civil contra la tiranía señorial, del progreso contra la inmovilidad».
«En esos años del cambio de siglo», dice Arnuncio, «la arquitectura estaba cruzada por muchos parámetros diferentes y casi todos críticos con el clasicismo: arquitecturas regionalistas, neogótico, ciertos episodios orientalistas... Son diferentes caras del pensamiento ecléctico de aquellos años y la arquitectura del Ayuntamiento se inscribe en él».
De hecho, el Salón de Sesiones que Repullés plantea en estilo gótico es, finalmente, ejecutado siguiendo esquemas barrocos.

Escuela francesa
A pesar de que la funcionalidad y la flexibilidad de los sistemas de distribución del edificio dificultan la identidad de su arquitectura con la tradición castellana, esto se conseguirá a partir de los elementos ornamentales de encargo.
En efecto, tanto en su planta como en su estructura, pero también en sus volumetrías o acabados, se esconde una idea de arquitectura completamente dominada por los ideales de la francesa École des Beaux Arts: unidad jerárquica de la planta, importancia de las circulaciones y uso de nuevos materiales. El sistema ‘beaux-arts’ privilegia la utilización de geometrías simples que, como el rectángulo, posibilitan una fácil subdivisión del conjunto. Tal forma posibilita la garantía de independencia de los recorridos y una correcta iluminación natural, en este caso a través del patio interior y de las calles que bordean el edificio.

Recorrido narrativo
En el Ayuntamiento, el momento de mayor interés se concentra en el Salón de Plenos. Así, Repullés propone una narración que se inicia en el estilo plateresco de la fachada, «un signo del esplendor renacentista de la ciudad», según Julio Arrechea, para finalizar en la Sala de Sesiones, que capta la esencia de la tierra castellana a través de su gótico tardío. Se trata de un estilo libre, pero muy francés en su composición, ya que «francesa es la estructura formal que da cabida a tal narración», dice Arrechea.
No obstante, a consecuencia de la petición expresa del Ayuntamiento de separar los elementos estrictamente constructivos de los ornamentales, las ideas de Repullés no se realizaron en su totalidad. Sometidas las obras de decoración a contratos especiales, la ornamentación del Salón de Sesiones corrió a cargo de Algueró, con «una curiosa mezcla de renacimiento castellano y ciertas sugerencias de la arquitectura inglesa».
La Sala de Fiestas fue, junto con la escalera, realizada por la empresa Hermanos Gargallo, que eligió decorar su plano techo con la historia de la vida de la ciudad.
La decoración de la escalinata, por su parte, «demuestra la receptividad de la recia arquitectura de Enrique María Repullés y Vargas para asumir todo tipo de alegorías, emblemas y escudos de la ciudad», según hace notar Julio Arrechea.

 


Los techos de la Sala de Fiestas, decorados por Hermanos Gargallo, narran la historia de la vida de la ciudad. / A. E. Caño