CADA vez es más la gente que se acerca
hasta las bodegas de Valladolid ávida de
nuevas experiencias o deseosa de entrar en el
atrayente mundo del vino. Es un hecho constatado
el fomento de la amistad, la elocuencia, desinhibición
y apertura hacia los demás que el vino
proporciona siempre que se beba moderadamente.
Desde siempre, tratos comerciales, celebraciones
y eventos diversos han contado con la presencia
de un buen vino.
En la difusión actual de la cultura de
este producto también han colaborado estudios
científicos que avalan el vino –sobre
todo el tinto– como saludable cuando es
consumido con moderación. Ya no es extraño
que los médicos de cabecera aconsejen una
o dos copas de vino tinto en las comidas diarias,
sobre todo por sus demostradas propiedades cardiosaludables.
Las visitas enoturísticas a bodegas contribuyen
de manera clara a la transmisión de esta
cultura. Para valorarlas no es necesario tener
un conocimiento previo o profundo sobre vinos,
sino que bastan unos pequeños consejos
para poner en práctica antes, durante y
después de la visita.
Antes de
la visita
No todas las bodegas pueden ser visitadas,
por eso es necesario asegurarse previamente de
que la que queremos ver recibe turistas normalmente.
En este sentido, la Oficina de Enoturismo de Valladolid
puede proporcionar información de gran
utilidad y todas las rutas que promociona pueden
recorrerse sin problemas.
Preguntar horarios, el número de personas
que cada bodega acepta, el tipo de visita que
se realiza –si además de la bodega
se pueden ver los viñedos u otras instalaciones–,
la duración del recorrido, el precio por
persona o grupo y si se realizan degustaciones
o catas es fundamental. Toda información
puede ser de gran utilidad a la hora de programar
el viaje. También es importante reservar
la visita con antelación.
En la bodega
Antes de comenzar la visita a la bodega,
lo ideal es hablar con el guía y orientarle
sobre el grado de conocimiento que uno tiene acerca
de estas construcciones y del propio vino. De
esta forma, podrá adaptar sus explicaciones
a las necesidades e intereses del turista.
Seguir al pie de la letra las indicaciones del
guía es necesario por cuanto las bodegas
pueden ser algo peligrosas si están trabajando
en ellas durante la visita, sin mencionar la posibilidad
de entorpecer la labor que los trabajadores estén
realizando.
Todas las bodegas poseen temperaturas bajas controladas
para la crianza de los vinos. Por ello es también
recomendable tener ropa de abrigo a mano, máxime
si existe una parte antigua subterránea
en la bodega. Allí las temperaturas pueden
descender hasta los 6 u 8º C.
Normalmente, al final de las visitas se ofrecen
degustaciones o catas de alguno de los vinos que
elabora la bodega. Se trata de que el visitante
mantenga en su mente aromas, sabores y sensaciones.
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