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LAS modas llegan por oleadas, probablemente como
resultado del acceso a la información y
como consecuencia de un mimetismo generalizado;
pero lo cierto es que sólo se asientan
en los lugares que tienen condiciones para establecerse,
medios para desarrollarse y potencial para adaptarse
a las condiciones del entorno. Naturalmente, me
estoy refiriendo, sobre todo, a modas de actividades
de la vida del ocio y del disfrute.
Entre estas modas ha surgido pujante el enoturismo,
es decir, todo lo relacionado con el vino y los
viajes. Castilla y León es un sitio privilegiado
para el desarrollo de esta actividad, sobre todo
en el eje del Duero, y muchas bodegas, oficinas
de turismo locales y provinciales, entidades de
desarrollo, ayuntamientos y agencias de viaje
de la región están comenzando a
ver en este nicho de mercado una importante oportunidad
de negocio.
Se trata de seguir la moda que, a nivel mundial,
se está convirtiendo en la estrella del
turismo. Lo malo de las modas es que no se sigan
en toda su esencia y acaben siendo un fracaso.
Se trata de seguir las buenas prácticas
que los líderes en esta actividad han seguido
para desarrollar un negocio floreciente y con
visos de mantenerse activo en el futuro. Hay que
copiar de aquellos que lo hacen bien, pero sin
quedarse en lo externo, en lo superfluo. Para
copiar hay que conocer lo que se hace por el mundo
y no limitarse a seguir la senda de lo fácil,
hay que ir a lo mejor si queremos ser una referencia
importante que triunfe, que no dormite en una
cuesta abajo insulsa y a la larga de fracaso.
Entre los mejores en la práctica del enoturismo
están, sin duda, los componentes de la
Red Mundial de Grandes Capitales del Vino –la
asociación agrupa a representantes de Bordeaux
(Francia), La Rioja (España), Ciudad del
Cabo (Sudáfrica), Chianti (Italia), Melbourne
(Australia), Mendoza (Argentina), Oporto (Portugal)
y Valle de Napa (Estados Unidos), famosas a nivel
mundial–.
Esta organización otorga un premio anual
para distinguir a bodegas y regiones en distintos
apartados que resumen lo esencial de este negocio
y que debemos tener en cuenta para desarrollar
el enoturismo en nuestra región.
Arte y cultura
Fomentar arte y cultura procurando dar
un aporte histórico, con visitas guiadas
a bodegas antiguas y a los monumentos cercanos,
destacar la arquitectura sobresaliente con parques,
jardines y viñas, y el alojamiento en hoteles
con encanto, sumados a los spa, y mejor aún
los balnearios.
Fomentar las experiencias relativas al vino y
el ambiente que lo rodea ofreciendo música
en vivo, teatro o cine bajo las estrellas entre
los viñedos, ya que este anfiteatro natural
es un espléndido espacio para relajarse
con una copa de vino.
Ofrecer, igualmente, visitas guiadas por los viñedos,
degustaciones, restaurantes para gourmets y tiendas
donde los visitantes pueden adquirir ciertos vinos
experimentales que no salen al mercado.
Aportar experiencias innovadoras con espacios
interactivos para presentar al vino como una experiencia
multisensorial y práctica, desde la viña
y la elaboración hasta la degustación
final del vino. Y, desde luego, mantener prácticas
sustentables, desarrollando esfuerzos por la combinación
de métodos ecológicos, prácticas
biodinámicas y orgánicas para la
elaboración del vino, etcétera.
Por último, y no menos importante, apoyarse
en la práctica del golf para potenciar
el enoturismo es una de las acciones más
inteligentes pues los aficionados al golf, en
general, gozan de un buen nivel económico,
pernoctan con mayor frecuencia y más días
y gastan más en vino que la media de los
clientes.
Potenciar los campos de golf del entorno de las
bodegas debería ser prioritario, combinando
las visitas con los torneos y completando paquetes
gastronómicos acorde con este tipo de aficionados.
Potenciemos, globalmente, todos estos aspectos
del ecoturismo sin olvidar ninguno, porque en
la medida de que olvidemos alguno no estaremos
en la moda y la moda hay que seguirla con rigor
si queremos tener éxito.
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