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CON motivo de la conmemoración del VIII
Centenario del ‘Cantar de mio Cid’,
la Catedral de Burgos acoge la muestra ‘El
Cid. Del hombre a la leyenda’, una exposición
que recrea la figura de Rodrigo Díaz de
Vivar y su época a través de 282
piezas, cedidas por 70 instituciones, patrocinada
por la Junta de Castilla y León y la Sociedad
Estatal para las Conmemoraciones.
Pinturas, pergaminos, manuscritos, esculturas
y objetos de gran valor simbólico y documental
permanecerán expuestas en dos salas y en
el claustro bajo de la Catedral burgalesa hasta
el próximo 15 de noviembre. «El objetivo
es dar una visión completa de Rodrigo Díaz
de Vivar en el contexto de su época y cómo
se le vio posteriormente», explica Juan
Carlos Elorza, comisario de la exposición.
Un primer espacio expositivo con los elementos
más personales del Cid –‘Ego
Ruderico’– da paso al primer capítulo,
‘Las españas del Cid y del cantar’,
donde se describe la vida cotidiana en la España
de los siglos XI al XIII.
Brillante
y singular
En el segundo capítulo, ‘El
héroe épico: desde la voz a la letra’,
se muestran manuscritos originales que narran
las hazañas de figuras como el Cid Campeador,
cuyas leyendas tuvieron una larga perduración,
tanto en la Edad Moderna –asunto que se
trata en el capítulo ‘La imagen del
Cid. De la Edad Media a la Ilustración’–,
como en la Edad Contemporánea –puede
verse en ‘Lo cidiano en las artes. De Goya
a Dalí’–.
Durante su inauguración, el presidente
de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente
Herrera, calificó la muestra de «brillante»
y «singular», no solamente por el
número de piezas, sino «por su calidad
y el cuidado con el que se ha organizado la misma».

El
Monasterio
de Cardeña, visita obligada |
Monasterio
de Cardeña. / A. E. Caño |
Después de recorrer sin prisas la exposición
‘El Cid. Del hombre a la leyenda’,
los visitantes interesados en conocer algo
más sobre la figura de Rodrigo Díaz
de Vivar tienen la opción de visitar
el Monasterio de Cardeña, situado a
unos diez kilómetros de la capital
burgalesa.
El Cid Campeador dejó a su esposa y
a sus dos hijas al amparo del monasterio,
bajo la protección y hospitalidad del
santo abad Sisebuto y de sus monjes, cuando
partía, en el año 1081, a sus
empresas guerreras en el destierro. Y aquí
reposarán los restos del Campeador
tres años después de su muerte,
acaecida en Valencia el año 1099.
Antiguos historiadores han considerado este
monasterio como el primer cenobio de monjes
negros (benedictinos) fundado en España.
Algunos han apuntado el hecho de que, probablemente,
pudiera haber existido ya en el siglo VIII,
pero la historiografía moderna no ha
podido precisar bien los orígenes de
esta abadía. |
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