| |
Berganza contribuyó con sus ‘Antigüedades’
a exaltar la figura del Cid Campeador
El romanticismo propicia
las novelas ilustradas sobre Rodrigo Díaz
En un cuaderno de dibujos
de Romero de Torres se representa la falsa excomunión
del Cid
La muestra concluye con
un grabado de Dalí, encargado en 1960 por
el editor Jean Schneider
|
|
Grabado
perteneciente a la serie ‘Retratos de Españoles
Ilustres’, cuyo dibujante es José
López Enguídanos
y el grabador su hermano Vicente. / Junta de Castilla
y León
‘El Cid Campeador lanceando otro toro’,
de Francisco de Goya y Lucientes. / A. E. Caño
‘El Cid’, litografía de Salvador
Dalí, representa al personaje montado a
caballo; el dibujo corresponde a una serie, titulada
‘Five Spanish Inmortals’. / A. E.
Caño
|
|
La tercera sección, ‘La imagen del
Cid. De la Edad Media a la Ilustración’,
está dedicada a la iconográfica
de lo cidiano durante la Edad Moderna.
En ella se encuentra la ‘Crónica
del famoso caballero Cid Ruy Diez Campeador’,
donde se le representa como matamoros –algo
extraño porque esta figura siempre había
estado representada por Santiago–, y el
documento de apertura del Arca Santa de la Catedral
de Oviedo –el Cid asiste con Alfonso VI
a este acto y da fe de ello–.
Pero son los monjes benedictinos de San Pedro
de Cardeña quienes comienzan a magnificar
la figura del Cid, porque en su monasterio se
encuentra el sepulcro de Rodrigo Díaz de
Vivar, posesión que les concede un gran
prestigio. «El padre Berganza escribe ‘Antigüedades
de España’ con las noticias de los
reyes, y con un capítulo dedicado al Cid.
Nos habla de muchos personajes como San Sisebuto,
abad de Cardeña en el momento de la salida
del Cid».
En una época en la que, desde algunos ámbitos
eruditos nacionales y extranjeros, se trataba
de dimensionar la imagen del Campeador, Berganza
contribuyó con sus ‘Antigüedades’
a exaltarla aún más.
Estos escritos logran acuñar una imagen
de Rodrigo Díaz de Vivar que también
se traslada a la pintura. Ejemplo de ello es un
cuadro desaparecido de Fray Juan Rizi, que lo
representa como un personaje de elevada edad montado
a caballo. «Este cuadro se perdió,
pero hace pocos meses el vicecomisario de la exposición,
el profesor Payo, encontró sucio y maltratado,
en un altillo de la Catedral de Burgos, una copia
del mismo, donde puede verse la cabeza del Cid,
que es la que da origen a los demás retratos».
La pintura presenta rostro barbado y está
orientada hacia arriba, con la vista clavada en
el cielo. La faz tiene exactamente los mismos
caracteres que los grabados de las obras de Flórez
y Risco. También coincide con los rasgos
del retrato realizado para la serie de ‘Retratos
de Españoles Ilustres’, lo que parece
demostrar que, en estos años, se habían
identificado estas facciones con la verdadera
imagen del Campeador.
De Goya a Dalí
En los siglos XIX y XX también
se representa la imagen del Cid con profusión.
El propio Goya, en su Tauromaquia, dibuja a Rodrigo
Díaz de Vivar con una vestimenta impropia,
lanceando a un toro.
La muestra presenta dibujos y grabados de Carlos
Luis de Ribera, pinturas de Evaristo Barrio, sin
olvidar el cuaderno de dibujos de Romero de Torres
donde se representa la excomunión del Cid,
«un hecho que nunca se produjo, pero en
todas esas fantasías acumuladas se dice
que el Rey de España y El Cid fueron a
ver al Papa, éste había puesto una
silla más importante para el Rey de Francia;
Rodrígo Díaz de Vivar no lo consintió;
arrancó la silla y el Papa lo amenazó
de excomunión».
«Otro cuadro interesante, que sale por primera
vez de la Real Academia de Bellas Artes de San
Fernando –continúa el comisario–,
es ‘El rey Fernando I arma caballero al
Cid Campeador’, que representa una escena
desconocida y anacrónica porque el Cid
lleva una armadura similar a la deFelipe II; Doña
Urraca, por su parte, está vestida a la
usanza del XIX, pero lo importante es que contamos
con el boceto y el cuadro de Castelaro».
En este caso, tampoco la arquitectura de la escena
es representativa del año 1064. La instantánea
se inscribe en el marco del crucero de una iglesia
de estilo gótico avanzado, donde se aprecian
los arranques de los nervios de crucería
y los doseles de crestería calada, muy
lejos aún de la cronología de mediados
del XI.
En este capítulo también se muestran
los bocetos preparatorios para elaborar ‘Las
hijas del Cid’, junto con el cuadro definitivo,
de Ignacio Pinazo; una ensoñación
de Marceliano Santamaría sobre un momento
de relajación del Cid, junto a Jimena;
‘La Jura de Santa Gadea’, del cubano
Armando Menocal, «una pintura desconocida,
que estaba en Valencia, muy estropeada, pero que
hemos restaurado para la ocasión, aunque
no tiene grandes paralelismos compositivos con
las creaciones de Hiráldez y de Martínez
del Rincón, que fueron sus precedentes»,
y el primer boceto de Vela Zanetti para la cúpula
de la Diputación Provincial de Burgos.
Al finales del siglo XIX y principios del XX,
se escriben novelas ilustradas sobre Rodrigo Díaz
de Vivar: ‘La leyenda del Cid’ de
Zorrilla, y el ‘Mio Cid Campeador’,
de Vicente Huidobro.
En esta misma sala también se encuentra
la escultura del burgalés Félix
Alonso González, que refleja una imagen
nada tradicional del héroe. Esculpido en
piedra de Hontoria, don Rodrigo aparece plasmado
de pie, blandiendo en su mano derecha una espada
que dirige al piso, mientras que su izquierda
permanece en paralelo al suelo, a la altura del
pecho. Y mientras el visitante escucha de fondo
el preludio de la ópera ‘El Cid’,
de Massenet, puede contemplar el último
grabado de la exposición, una obra que
Dalí realizó para ilustrar un libro
sobre los personajes más importantes de
España.
|