EL CID
  Burgos recuerda al Cid
en una exposición con 282 piezas
  «La exposición consigue situarnos en el ambiente en el que vivió el Cid» María José Salgueiro
  El hombre
  La época
  La leyenda
  La imagen del héroe
 

 
 
‘la imagen del cid de la edad media a la ilustración’ y ‘lo cidiano en las artes. de goya a dalí’
 
LA imagen
del héroe
  La figura, el mito y la leyenda de Rodrigo Díaz
de Vivar perduradon durante la Edad Moderna
y, han tenido un especial significado
en la Edad Contemporánea
 

 


Berganza contribuyó con sus ‘Antigüedades’ a exaltar la figura del Cid Campeador

El romanticismo propicia las novelas ilustradas sobre Rodrigo Díaz

En un cuaderno de dibujos de Romero de Torres se representa la falsa excomunión del Cid

La muestra concluye con un grabado de Dalí, encargado en 1960 por el editor Jean Schneider

 

Grabado perteneciente a la serie ‘Retratos de Españoles Ilustres’, cuyo dibujante es José López Enguídanos
y el grabador su hermano Vicente. / Junta de Castilla y León

 

‘El Cid Campeador lanceando otro toro’, de Francisco de Goya y Lucientes. / A. E. Caño

‘El Cid’, litografía de Salvador Dalí, representa al personaje montado a caballo; el dibujo corresponde a una serie, titulada ‘Five Spanish Inmortals’. / A. E. Caño


La tercera sección, ‘La imagen del Cid. De la Edad Media a la Ilustración’, está dedicada a la iconográfica de lo cidiano durante la Edad Moderna.
En ella se encuentra la ‘Crónica del famoso caballero Cid Ruy Diez Campeador’, donde se le representa como matamoros –algo extraño porque esta figura siempre había estado representada por Santiago–, y el documento de apertura del Arca Santa de la Catedral de Oviedo –el Cid asiste con Alfonso VI a este acto y da fe de ello–.
Pero son los monjes benedictinos de San Pedro de Cardeña quienes comienzan a magnificar la figura del Cid, porque en su monasterio se encuentra el sepulcro de Rodrigo Díaz de Vivar, posesión que les concede un gran prestigio. «El padre Berganza escribe ‘Antigüedades de España’ con las noticias de los reyes, y con un capítulo dedicado al Cid. Nos habla de muchos personajes como San Sisebuto, abad de Cardeña en el momento de la salida del Cid».
En una época en la que, desde algunos ámbitos eruditos nacionales y extranjeros, se trataba de dimensionar la imagen del Campeador, Berganza contribuyó con sus ‘Antigüedades’ a exaltarla aún más.
Estos escritos logran acuñar una imagen de Rodrigo Díaz de Vivar que también se traslada a la pintura. Ejemplo de ello es un cuadro desaparecido de Fray Juan Rizi, que lo representa como un personaje de elevada edad montado a caballo. «Este cuadro se perdió, pero hace pocos meses el vicecomisario de la exposición, el profesor Payo, encontró sucio y maltratado, en un altillo de la Catedral de Burgos, una copia del mismo, donde puede verse la cabeza del Cid, que es la que da origen a los demás retratos».
La pintura presenta rostro barbado y está orientada hacia arriba, con la vista clavada en el cielo. La faz tiene exactamente los mismos caracteres que los grabados de las obras de Flórez y Risco. También coincide con los rasgos del retrato realizado para la serie de ‘Retratos de Españoles Ilustres’, lo que parece demostrar que, en estos años, se habían identificado estas facciones con la verdadera imagen del Campeador.

De Goya a Dalí
En los siglos XIX y XX también se representa la imagen del Cid con profusión. El propio Goya, en su Tauromaquia, dibuja a Rodrigo Díaz de Vivar con una vestimenta impropia, lanceando a un toro.
La muestra presenta dibujos y grabados de Carlos Luis de Ribera, pinturas de Evaristo Barrio, sin olvidar el cuaderno de dibujos de Romero de Torres donde se representa la excomunión del Cid, «un hecho que nunca se produjo, pero en todas esas fantasías acumuladas se dice que el Rey de España y El Cid fueron a ver al Papa, éste había puesto una silla más importante para el Rey de Francia; Rodrígo Díaz de Vivar no lo consintió; arrancó la silla y el Papa lo amenazó de excomunión».
«Otro cuadro interesante, que sale por primera vez de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando –continúa el comisario–, es ‘El rey Fernando I arma caballero al Cid Campeador’, que representa una escena desconocida y anacrónica porque el Cid lleva una armadura similar a la deFelipe II; Doña Urraca, por su parte, está vestida a la usanza del XIX, pero lo importante es que contamos con el boceto y el cuadro de Castelaro».
En este caso, tampoco la arquitectura de la escena es representativa del año 1064. La instantánea se inscribe en el marco del crucero de una iglesia de estilo gótico avanzado, donde se aprecian los arranques de los nervios de crucería y los doseles de crestería calada, muy lejos aún de la cronología de mediados del XI.
En este capítulo también se muestran los bocetos preparatorios para elaborar ‘Las hijas del Cid’, junto con el cuadro definitivo, de Ignacio Pinazo; una ensoñación de Marceliano Santamaría sobre un momento de relajación del Cid, junto a Jimena; ‘La Jura de Santa Gadea’, del cubano Armando Menocal, «una pintura desconocida, que estaba en Valencia, muy estropeada, pero que hemos restaurado para la ocasión, aunque no tiene grandes paralelismos compositivos con las creaciones de Hiráldez y de Martínez del Rincón, que fueron sus precedentes», y el primer boceto de Vela Zanetti para la cúpula de la Diputación Provincial de Burgos.
Al finales del siglo XIX y principios del XX, se escriben novelas ilustradas sobre Rodrigo Díaz de Vivar: ‘La leyenda del Cid’ de Zorrilla, y el ‘Mio Cid Campeador’, de Vicente Huidobro.
En esta misma sala también se encuentra la escultura del burgalés Félix Alonso González, que refleja una imagen nada tradicional del héroe. Esculpido en piedra de Hontoria, don Rodrigo aparece plasmado de pie, blandiendo en su mano derecha una espada que dirige al piso, mientras que su izquierda permanece en paralelo al suelo, a la altura del pecho. Y mientras el visitante escucha de fondo el preludio de la ópera ‘El Cid’, de Massenet, puede contemplar el último grabado de la exposición, una obra que Dalí realizó para ilustrar un libro sobre los personajes más importantes de España.

 

 
Vista parcial de la última sala, con una talla de San Sisebuto, abad de Cardeña, en primer término. / A. E. Caño
 
 
Cuadro (i) y boceto (d) del óleo titulado ‘El rey Fernando I arma caballero al Cid Campeador’. / A. E. Caño y Junta de Castilla y León