08 de Febrero de 2003

Un 'lunch' entre colegas

 
 Norteamericanos y españoles comparten tapas y vinos castellanos y leoneses en el Graduate Center  
 
Texto de Isabel F. Barbadillo
 
   
     
 
Juan Carlos Aparicio, Luis Mateo Díez, Tomás Villanueva y José María Medino.
Miguel Delibes escribió 'El camino' en un momento todavía inocente, cuando se seguían vigilando las lecturas estudiantiles, y debido a su esencial integridad moral, en Estados Unidos su obra comenzó en seguida a figurar entre los textos elegidos para los que aquí hacían el aprendizaje del español como lengua extranjera. Con el tiempo, se han incorporado más títulos suyos a las obras exigidas, especialmente 'Cinco horas con Mario' y 'Las ratas', requisitos de muchos cursos universitarios. Escasean los estudiantes norteamericanos que, habiendo estudiado tres años de castellano, no conozcan algún texto de Delibes.

Diferencias aparte, la cosmovisión presentada por Delibes tiene mucho de conocido. Su mundo literario característico, el campo y los pueblos castellanos, resulta familiar para muchos del país, y el trato realista, equilibrado, sobrio, hace más asequible su ficción, al igual que sus temas reiterados. Una preocupación principal de Delibes, la despoblación de los pueblos y del campo, encuentra paralelo en Estados Unidos, donde se ha ido progresivamente abandonando los campos, las granjas, la vida agrícola; la forma de vivir que en tiempos de los abuelos y bisabuelos predominaba en este país se ha reducido hasta que sólo un diez por ciento de la población se dedica a producir cosechas. De forma parecida, el tema ecológico, en el cual Delibes es pionero, ha adquirido bastante vigencia entre nuestros estudiantes universitarios. La preocupación por los pobres, los marginados, los desheredados, los minusválidos -constante en la obra delibeana- la comparte un buen sector de la población estadounidense, sobre todo entre las generaciones jóvenes. Y la preocupación 'geriátrica' de Delibes -expresada en obras como 'La hoja roja', 'El disputado voto del señor Cayo', 'Cartas de amor de un sexagenario voluptuouso', o 'Diario de un jubilado'- exterioriza su ternura hacia los viejos y los que envejecen (detalle que comparte con Galdós), acercando sus novelas al sector más grande de nuestra población actual, los que ya dejaron atrás la juventud y madurez, sector del cual ahora forman parte los que primero conocieron como estudiantes la obra delibeana en su juventud durante los años cincuenta.

Delibes no es escritor postmoderno (aunque 'Parábola del náufrago' demuestra que sabía dominar lo esencial); no pudo ser postmoderno, porque seguía creyendo en demasiadas cosas, escribiendo -como todo verdadero clásico- para todas las épocas. Atravesando una época en que la moda intelectual dictaminaba no creer siquiera en el intelecto, la comunicación, la palabra, Delibes seguía fiel a las creencias milenarias, los valores trascendentes de siempre, los principios personales y de su tierra.

En 'Madera de héroe' y 'El hereje' ha sabido superar lo partidario y trascender el mal que Antonio Machado llamara de «las dos Españas» siendo el contemporáneo que mejor representa la Generación del 98 en su obsesión castellana (véanse 'Las guerras de nuestros antepasados', 'El tesoro', sus memorias y libros cinegéticos). No ha sido un escritor de moda, ni de las modas: le importa más la verdad que el éxito, más la vida que el arte, más la humanidad que la literatura.
 
     
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